Crónica

Mi última visita al soldado del Che

Decker-Molina describe a Ciro Bustos, pintor y exguerrillero argentino que fue señalado como el hombre que delató al Che. Decker lo retrata en su soledad, en su modestia pero también en su terca lealtad al mítico guerrillero. “El Pelado siguió siendo leal, a pesar de todo”, sostiene.
domingo, 8 de enero de 2017 · 00:00
Carlos Decker- Molina Periodista Especial para Ideas.
 
Toqué el timbre, no respondió ni el silencio. No se escucharon pasos y tampoco ruidos internos.
 
Volví a pulsar el timbre y, de pronto, como si estuviera al acecho me abrió la puerta y su figura se oscureció por estar a contraluz. 

Los visitantes éramos dos: mi mujer y yo. Llegamos en taxi no sólo porque el día estaba lluvioso, sino por el desconocimiento de la ciudad. 

Vivía en un apartamento de un edificio bajo, cuatro pisos tal vez, en la periferia norte de la ciudad sureña de Malmö en Suecia. Un barrio aledaño a las vías del ferrocarril y muy cerca de la autopista a la ciudad universitaria de Lund.

Vives en un barrio con ruido de trenes, le dije para romper el hielo. Me miró como escudriñando y me explicó que en su vieja calle Belgrano de la ciudad de Mendoza estaban, muy cerca, las vías del ferrocarril San Martín. Esta primera respuesta fue decisiva, aprendí que la comparación quedaba a mi cargo, él sugería, nada más.

Cuando entramos en su sala sentí la tragedia a mi alrededor, pues los cuadros que cubrían todas las paredes eran obras suyas, la mayoría pinturas lúgubres, ocres, pardos, negros y rojos oscuros. Era un buen pintor, aunque mejor dibujante, por lo menos sus dibujos fueron el trauma con el que sobrevivió varios exilios.

¿Exiliado de Chile o de Bolivia?, me preguntó. Negué, porque mi exilio sueco era producto de la persecución y cárcel de Argentina del 1976. ¿Estuviste en cana? Sí. Ah… entonces será fácil que entiendas algunas cosas. ¿Qué cosas? La soledad que te sigue acompañando aún en compañía.

¿Y tu compañera?, pregunté. Ana María está como una gatita, empequeñecida, vive en otro lado, la cuido y la tomo en mis brazos como a una nena, dijo a tiempo de sentarnos en unos sillones. Mi esposa tomó unas fotos y al fin entramos en el diálogo perseguido por mis propósitos, juntar material para escribir algo, no sé qué. ¿Novela? ¿Testimonio? ¿Ensayo? Tal vez todo junto.

Rompimos el primer diálogo porque nos picó el hambre. Salimos en busca de un boliche para volver a seguir hablando del ayer que sigue golpeando nuestras cabezas como si fueran bombos legueros.

Ese día aprendí lo que significa el "efecto Rashonon”. Cuando vio mi cara de poco avisado me explicó que se trata de una obra maestra de Kurosawa, el relato de un crimen a través de sus cuatro protagonistas. "Cada uno tiene su verdad, interpretaciones unilaterales, compartimentadas y nunca coincidentes”.

¿No es más fácil decir que los dibujaste? -Silencio- Nunca lo he negado, pero nadie se pregunta por qué. Y no preguntan porque la respuesta ya está construida mentalmente en sus respectivas cabezas.

El recuerdo nos lleva a Bolivia. 

Lo quería y respetaba tanto que cuando va a contar la despedida, se le enturbian los ojos, pero de alegría: "Cuando nos despedimos, el Che me dijo en relación a su presencia: …Bueno, si tú ves que saben, dispáralo de una vez y trata de hacer mucho ruido. Así podré volver a ser yo mismo y usar de nuevo mi boina”.

Lo dejo hablar, era mejor no interrumpir. "El Che no dijo una frase trivial, había señalado un asunto de fondo: el valor de su presencia”.

"No tenía ninguna importancia lo que Debray y yo dijéramos ni en qué momento; ellos ya lo sabían”. 

Le recuerdo que el Che escribió en el resumen de mes: "El clamoreo del caso Debray ha dado más beligerancia a nuestro movimiento que 10 combates victoriosos”. Quiero suponer que la expresión "el caso Debray” incluye a Bustos.

Una pausa, Ciro se lamenta no podernos invitar algo y, al fin, se acuerda que tiene una botella de whisky escondida en algún sitio y aparece con tres vasos, bebemos y le digo: Tengo la impresión de que el Che estaba consciente del peso político e histórico de su imagen … Sí claro, me dice casi interrumpiendo y continua: "Mantener en secreto su jefatura significaba, objetivamente, restarle apoyatura”.

Tose varias veces; está saliendo de un fuerte resfrío, su voz suena ronca cuando recuerda: 
"El ocultamiento de la presencia del Che en Bolivia servía a la CIA y coincidió con la tesitura de quienes no querían ayudarlo, es decir, su retaguardia”. Cuba, le digo y él asiente con una mirada lejana que atraviesa la ventana de su piso y mira horizontes lejanos.

No fue militante del PC argentino. No me lo dice, pero salta al tapete su antipatía, no sólo por los "bolches” sino por los otros PC, incluido el cubano. Y se suma una aversión especial, lo llama el "gran tejedor”, se refiere a Barbarroja (Piñeiro - Jefe del Dpto. América) uno de los autores del "agujero negro decretado por La Habana”. Y, termina parafraseando a los "serios” militantes que renuncian a su capacidad reflexiva: "Las críticas deben hacerse desde adentro, cosa que jamás pudo ocurrir sin dar con los huesos del crítico en las mazmorras y no hay que entregar armas al enemigo aireando errores internos”.

Pero tú has sido un militante en el concepto de Sartre, fuiste un soldado fiel al Che y a tu organización, fue tu mediación necesaria, pero te quitaron el saludo y el aparato cubano te abandonó y hasta te dejó en silencio. "Eso lo decís vos”, responde.

Nos callamos, no quiero recordarle lo escrito en el epílogo de su libro El Che quiere verte, donde habla de las "razones de política internacional, más que de seguridad, la revolución cubana mantuvo una posición prescindente y un silencio prolongado sobre todo aquello que no fuera elogiar la figura del comandante heroico y sus hombres…” Luego escribe sobre el estalinismo incrustado en la revolución como justificación del olvido de uno de los más leales soldados del Che.

Las sombras aumentaron la oscuridad de su piso, brindamos por la amistad y bebimos la segunda ronda del wiskey escocés. Finalmente, le pregunté: ¿Qué es lo que más recuerdas? "La calidez del primer abrazo que nos dimos con el Che, fue un abrazo lleno de esperanzas, un abrazo entrañable”.

Volvió a partir su mirada a un horizonte inexistente, porque estábamos cerrados en sus cuatro paredes. Era hora de irse.

Gracias. 

!Qué va! Gracias a ti. Linda visita. 
Hasta siempre. 
Sí, hasta siempre.

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