Revisar la historia económica para ver qué realmente falló

domingo, 01 de octubre de 2017 · 00:00
José  Peres Cajías cree que los datos económicos que ha obtenido alientan una historia revisionista sobre la primera mitad del siglo XX, que ha sido presentada por los historiadores nacionalistas como un periodo de "saqueo” de nuestros recursos naturales por parte de los "barones del estaño”, es decir, de la oligarquía de productores mineros.

Los datos muestran que este periodo fue de un crecimiento más sostenido, en el que la divergencia frente a las economías más desarrolladas se detuvo. Y las limitaciones de la economía de entonces, antes que a la presencia de los "barones”, se debieron a que vendíamos pocos productos a pocos mercados. Del 65 al 75% de las exportaciones eran de estaño y estaban destinadas a Gran Bretaña, con lo que dependíamos completamente de lo que pasaba en este país. 

Peres calculó las exportaciones de este periodo de acuerdo con  su poder de compra de importaciones, llegando a la conclusión de que los términos de intercambio fueron positivos para Bolivia en los momentos de crecimiento: a principios de los 20, durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué importamos en esta época? La literatura nacionalista, afirma Peres, decía que las importaciones estaban liberadas por la política del laisser faire, pero en realidad era porque las manufacturas y alimentos importados resultaban más baratos pese a los aranceles, cuya alta tasa (estaba entre las más altas del mundo) también desmiente la opinión nacionalista sobre un supuesto liberalismo extremo de la oligarquía. 

Peres atribuye la conveniencia de importar antes que de producir a la disminución de los precios de los transportes en este tiempo, como resultado de la extensión de la red ferrocarrilera y, sobre todo, a la diferencia de productividad entre la industria nacional y la extranjera.

En todo caso, las políticas tributarias, incluso las que se aplicaban a la actividad minera, muestran pugna, diputa y negociación, llegando en la década de los años 30 a tasas del 40% de la producción de estaño.

Lo que significa que los "barones del estaño” tenían más poder que otros agentes políticos, pero no determinaban la política económica del país.

Otros mitos

La literatura nacionalista señala que las élites mineras eran  antipatrióticas, porque trasladaban todas sus ganancias al exterior, a lo que Peres replica: "Si usted tuviera un  millón, ¿lo invertiría por patriotismo?”.

La verdad era que los barones movían sus capitales por todo el mundo y el costo de oportunidad de invertir en Bolivia tendía a ser más elevado que el de hacerlo en el exterior. Pese a ello, según Peres,  los barones sí reinvirtieron sus ganancias en diferentes proyectos nacionales, aunque muchos de ellos fracasaron. Debiera analizarse por qué fracasaron estos proyectos, algo que no se ha hecho hasta ahora. Tal es el fracaso de Bolivia: su incapacidad de crear industria (la participación industrial en el PIB que se logró en los 40 no ha cambiado significativamente desde entonces). 

Otro caso es el de la industrialización de los recursos naturales. Intelectuales como Peñaloza y Almaraz criticaron a los mineros por no invertir en fundidoras en el país. Pero, ¿debían los barones hacer fundidoras, cuando quizá no les convenía la integración vertical de sus negocios?

Todo esto muestra que nuestra mirada del pasado, y por tanto nuestra capacidad de definir el futuro, se halla determinada por las historias que nos contamos. Contar la historia de nuevo puede ayudar a redefinir el futuro. 

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