Opinión

Lily Gabriela y Héctor Enrique en Washington

El autor critica ácidamente a los emisarios del Gobierno ante la OEA y su alegado a favor del recurso de inconstitucionalidad que busca habilitar al Presidente para las elecciones de 2019.
domingo, 15 de octubre de 2017 · 02:00
Franz X. Barrios Suvelza Abogado
 
Lily Gabriela y Héctor Enrique (como los llamaron permanentemente en la reciente sesión en la OEA) fueron a Washington para poner en su lugar al secretario general Almagro luego de que este tuiteara que "Evo deberá respetar decisión popular que dijo No a reelección. Ningún juez puede levantar el dictamen del único soberano: el pueblo”. 

Este tuit  fue como un supositorio gigante por la cantidad de verdad que contiene y que, al introducirse al cuerpo del semisultanato boliviano, lo desgarró generando ira y lágrimas de dolor en la nomenclatura masista. 

Argumentos fallidos

La réplica en Washington fue penosa. Primero porque los emisarios volvieron con eso de que Morales es indígena, que Almagro tiene actitud "colonial” y que hay una estrategia de "fundamentalismo racista”. Morales podría haber sido el primer anfibio que gobierna un país, eso no cambiaría un ápice que está digitando acciones contra la ley y la constitución con tal de eternizarse. 

También usaron el recurso de un patrioterismo histriónico y confuso pues Almagro primero era tildado de "lazarillo político" de la oposición boliviana, la cual segundos después era calificada como marioneta de "intereses foráneos”, que son, me imagino, los que decidieron llamar al referendo del 21F. 

La segunda razón fue mas técnica. Para reprender a Almagro, Héctor Enrique citó, de las normas generales de la OEA, el artículo 30. Pero éste se refiere a las obligaciones del "personal” subalterno de la OEA y no a las del secretario general. Esta cita no por mañuda perdió un tufo legalista para impresionar a los incautos que no tenían el reglamento a la mano. 

En tercer lugar estuvieron los argumentos contradictorios. Unos contenían humor negro como cuando los emisarios insistieron en que no había tema de derechos humanos pendiente en Bolivia, mientras que en casa alegan que el "derecho humano” de Evo a la reelección indefinida estaría siendo pisoteado. 

Otros argumentos fueron simplemente tontos como aquel de que Almagro no entiende que una cosa sería lo del 21F y una "absolutamente diferente” el recurso al tribunal. Esto es tan zonzo como decir: queremos matar un conejo, pero son dos cosas "absolutamente diferentes” si se lo mata a patadas o con veneno. O como si el 21F hubiera sido para el tema de la reelección y el recurso reciente lo fuera para permitir que los geranios puedan ser vendidos sin pagar impuestos. 

Lo más insidioso fue que Héctor Enrique dijera que es falso que el voto del 21F tuviera "calidad de cosa juzgada”. Si el voto no fuera "cosa juzgada”, entonces Morales habría podido no ser posesionado cuando ganó las elecciones. ¿Por qué el voto es cosa juzgada cuando viabiliza que Evo sea presidente, pero no lo es cuando exige que se cumpla el impedimento constitucional de que Evo se eternice? 

Mentiras

Lo peor de este teatro fue la mentira pura y simple. Aunque Héctor Enrique intentó argumentar que Almagro carecía del derecho a opinar, también dijo que éste no era quien para denigrar a esa yema sagrada llamada Evo Morales, si no había motivo. ¿Cómo se atrevía a decir lo que dijo si en Bolivia vivimos –y aquí lanzó las mentiras– en una "absoluta democracia”, "sin que exista alteración al orden constitucional, ni alteración de la separación de poderes”, sin que haya "situación de conflicto” alguna? 

Héctor Enrique mintió en plena sesión de la OEA, pues ya con la chueca decisión del tribunal al habilitar a Morales en 2013, Bolivia entró en una profunda crisis institucional. Tan es así que el derrumbe del régimen democrático boliviano se inició entonces con lo que, la admisión oscura que este mismo tribunal hizo del nuevo recurso, "consolida”, no "inaugura”, tal derrumbe. 

Tribunal que Héctor Enrique, para rematar con otra mentira más, calificó de "independiente”. Lily también mintió al decir que sería "absolutamente falso” que se estuviera queriendo desconocer el 21F, cuando el recurso que han alentado justamente desconoce la decisión del 21F. 

La verdad es que en el tuit de Almagro nunca hubo tanta verdad junta, y en la réplica de Héctor Enrique, tanta mentira amontonada. Este tuit lo pudo haber lanzado Almagro, Pizarro, Hernán Cortés o la Caperucita Roja, da igual. Su contenido es cierto lo diga quien lo diga. 

Cuando Héctor Enrique enfurecido preguntó con qué derecho Almagro daba órdenes a un jefe de Estado, la respuesta es que no es Almagro, es el pueblo boliviano el que le dio la orden de no re-reeelección. El votante del 21F no necesita de un instructor para que se cumpla esa decisión. Para eso está el Tribunal Electoral. 

Palmadas en la espalda

Luego del berrinche de Lily Gabriela y Héctor Enrique, los delegados bolivianos probablemente se palmearon mutuamente al salir del hemiciclo diciéndose: "Brillante intervención”, "Bolivia ha quedado en alto”, "lo has puesto en su lugar”. A mí me parece que la presentación sólo quedará como anécdota penosa para adornar estudios sobre defunciones de democracias de las que muchos no se dan cuenta, pues quedan mareados por artilugios legales y vías "judiciales” que la élite en el poder manipula. 

Por eso es que a la Lily le hicieron leer la frase de que el recurso de los masistas ante el tribunal (aquí ella acotó: con apoyo "del partido de la oposición”, otra mentirita más) es un  "mecanismo legal”, "se ajusta a derecho”, etc. 

El derrumbe silencioso que vive Bolivia desde 2013 calza con la fábula de la rana hervida: cuando la temperatura sube incrementalmente (violación gradual de las reglas de juego democrático disimulada por legalismos) la rana acaba achicharrada sin percatarse de ello a diferencia de lo que pasaría si se la largara de sorpresa en el agua hirviente (un golpe de Estado clásico), en cuyo caso saltaría a tiempo. 



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