Letra 7

La preparación de 1492

El viaje que Colón realizó hace 525 años no hubiera sido posible sin una acumulación tecnológica previa.
domingo, 15 de octubre de 2017 · 00:00
Jorge Richter Ramírez Politólogo

En perspectiva, lo sucedido el viernes 12 de octubre de 1492 fue para unos una conquista, una invasión, un encontronazo cultural y religioso, una usurpación; para otros, con lógica distinta, fue una invención, una incorporación, un proceso que no debe entenderse ni como casualidad histórica ni como desdicha. 

Si estudiamos a historiadores como David Brading -autor del libro Orbe Indiano- encontramos la segunda visión. Se mantiene el enigma, sin dilucidarse aún, de las motivaciones personales de Colón, que, no siendo la cuestión de fondo, terminan por ser de importancia, pues la tenacidad con que defendió su hipótesis produjo un desenlace inesperado. Este trascendental hecho nos obliga a reparar un momento en lo actuado por Colón para, posteriormente, considerar la aparición de América en la historia universal occidental. 

La influencia europea

Si bien el siglo XV no se conoce como un período de expansión de la Europa occidental, marca el inicio donde se fundarían las bases de un dominio que mantuvo incólume su influencia por más de dos siglos. La historia posterior estaría signada por una característica: europeos que dominaban el mundo fuera de Europa.

Elementos emparentados con la mística y la providencia, conocimientos en geografía, navegación, cartas e instrumentos y desarrollo en la fabricación de embarcaciones y armas, todos ellos articulados entre sí, configuraron un escenario óptimo para el inicio de la aventura de ultramar. La incursión en el "Mar Tenebroso” no fue un desafío de intrepidez sino una consecuencia.

La literatura, los relatos históricos y la vastedad de testimonios inducen inevitablemente a hacerse ciertas preguntas comunes: ¿Fue acaso la llegada a América un hecho fortuito producido por los fuertes y huracanados vientos que en el mes de septiembre caracterizan la ruta que navegó el almirante? Se sabe que Colón "era un hombre reservado y guardó los detalles de la empresa de las Indias para sí mismo”, pero ¿qué lo llevó a resistir inexpugnablemente, hasta límites que tocaban lo obsesivo, tan temerario propósito? ¿Tenía acaso alguna información reservada y fidedigna que le asegurará éxito en la empresa por él ofrecida, o ya sabía de antemano lo que encontraría siguiendo la ruta propuesta?

No hubo nada accidental o fortuito en la "invención” del Nuevo Mundo, concluye David Brading en la obra mencionada. Ante quienes hablan de descubrimiento, O‘Gormann propone la tesis de una América que fue inventada, una construcción en el seno de las ideas europeas que sucedieron al hecho del descubrimiento, evento que ignoraba el mismo Colón.  J.H. Parry, anterior a los autores señalados, asevera que la expansión de Europa no fue "deliberadamente planificada” pero que una sucesión de eventos técnicos, religiosos y mercantiles permitieron que la misma logre un éxito extraordinario.

Los hechos preparatorios

Los europeos le confirieron a su civilización una marca particular, la aplicación del conocimiento a fines prácticos y mecánicos; fueron expertos de la técnica, de la creación de maquinarias y de soluciones que configuraron un evidente progreso y avance. 

El siglo XV bien puede comprenderse como el momento preparatorio de lo que posteriormente sería una vertiginosa expansión ultramarina. Tres áreas técnicas se constituyeron en los instrumentos de los exploradores que en los siglos siguientes navegarían indagando gran parte, sino la totalidad del mundo: Estudios sobre geografía y astronomía que se aplicaron a mejoras sustanciales en la navegación; construcción de barcos y mejora de las capacidades para operarlos; finalmente, conocimientos referentes al poder de fuego de la artillería naval.

Las cartas

Los europeos tomaron de las escuelas del mundo helénico conocimientos en matemáticas, cosmografía y cartografía. Si bien fueron los árabes quienes heredaron directamente muchas de estas ciencias, incluida la geografía, no las enriquecieron ni ampliaron, pues sus rutas de navegación estaban sobre el Mediterráneo, ya que consideraron al Atlántico como un mar no navegable. Ya iniciado el siglo XV los navegantes empezaron a utilizar las cartas de navegación y la información que éstas les prestaban, señalando a través de una red de líneas, los trayectos y rutas de una ubicación a otra.

Los barcos

Si empezando el siglo XV los barcos europeos eran evidentemente inferiores que aquellos utilizados en el mundo oriental, hacia fines del siglo XVI Europa tenía ya los mejores barcos.
 
Resistencia, capacidad de combate y calidad en su construcción le confirieron esta posición de privilegio, hecho que modificó en esencia los viajes exploratorios sobre las costas africanas, en su lado occidental. Ya los viajes ulteriores a la India y por el Atlántico se realizaron en flotas de alto poder que comprendían barcos y carabelas; estas últimas cumplían el rol de ser escoltas de embarcaciones de mayor magnitud que estaban destinadas a transportar carga. 

Las armas

Los combates en alta mar hacia el siglo XV se caracterizaron por emparejar de costado dos barcos y abordar la nave adversaria. Un hecho que no provocaba daño suficiente para lo esperado en una confrontación y, además, exponía a toda la tripulación. Los barcos que lograban desequilibrar en este tipo de operaciones de combate eran aquellos que fueron construidos con mayor altura. A mediados de este siglo -sin conocer a ciencia cierta el origen de esta lógica modernizadora de la guerra naval- los barcos de mayor tonelaje habían incluido piezas de artillería y cañones, con el objetivo de causar daño a distancia hasta lograr el hundimiento del barco enemigo.

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