El proyecto de Colón

¿Por qué el navegante hizo un contrato tan detallado de sus beneficios a cambio del Descubrimiento? ¿Sabía ya lo que iba a encontrar? Pero al mismo tiempo sin duda no lo sabía, ya que finalmente llegó a otro lugar.
domingo, 22 de octubre de 2017 · 00:00
Jorge Richter Ramírez
 
El 17 de abril de 1492, casi una década después de buscar en las cortes imperiales apoyo y financiamiento a su empresa de las Indias, Colón logra de los Reyes Católicos consolidar el elemento contractual que viabilizaría sus expediciones, acuerda con los reyes la firma de las Capitulaciones. 
 
Allí se establecían los alcances de la empresa, las retribuciones por los objetivos conseguidos y la propiedad de los territorios a descubrir; sin embargo, el elemento importante  se encuentra en la confirmación que de las mismas hacen los Reyes Católicos cinco años después, en 1497. Éstas decían: "lo que ha descubierto en las mares océanas… en todas aquellas islas y tierras firmes que por su mano o industria se descubrirán o ganarán en los dichos mares”. Antes, le habían contestado -en agosto de 1494- "Todo lo que al principio nos dijistes que se podía alcanzar, por la mayor parte todo ha salido cierto, como si lo hobiéredes visto antes de que nos lo dijésedes”. 
 
Estos elementos señalados "Ha descubierto” y "como si lo hobiéredes visto antes”, y  algunos de ellos, observados en el encabezado del documento primero "Las cosas suplicadas e que vuestras altezas dan e otorgan a don Christoual de Colon en alguna satisfacion de lo que ha descubierto en las mares oçeanas y del viage que agora con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en seruicio de vuestras altezas son las que se siguen…” (Archivo de la Corona de Aragón) insinúan que tanto Colón como los reyes negociaron (Juan Pérez, fraile de la Rábida, por Colón y el secretario Juan de Coloma por los reyes de España) en las mismas capitulaciones sobre hechos que evidencian que ya se había indagado esas tierras.
 
Elementos de análisis
 
- ¿Cómo explicar los alcances puntuales y específicos de las capitulaciones si Colón ignoraba su ruta y los posibles resultados a obtener?
 
-¿Qué lo llevaba a insistir tenaz e incansablemente en la solicitud de privilegios para sí y la exigencia de que los mismos tuvieran, posteriormente, un carácter hereditario?
 
- ¿Lo que hizo el futuro Almirante fue negociar y vender un descubrimiento, algo de lo que ya sabía y estaba informado por sí o por el piloto Alonso Sánchez de Huelva? Hecho sobre el que también hablan Bartolomé de las Casas, Garcilazo de la Vega y el cronista e historiador Francisco López de Gómara. Por otra parte, el "secreto” de Colón ha sido desvelado por el investigador colombinista Juan Manzano y Manzano. Un piloto desconocido precedió a Colón y a su regreso, con toda la tripulación diezmada, pudo trasmitir "in articulo mortis” a Colón la que debía navegar para llegar a "las Indias, que el genovés entendió que era Asia: Cathay y Cipango” según escribe insistentemente en el diario de a bordo del viaje de 1492 (Hernández Sánchez-Barba).
 
Es importante advertir, que no siendo un dato menor los posibles alcances que pudieran tener las respuestas la real importancia del Descubrimiento no reside únicamente en el hecho de un nuevo conocimiento geográfico, sino en la ordenación, en la conciencia hispana de una misión espiritual, la estructuración e implementación de una comunicación intelectual y la creación de una mentalidad americanista.
 
El proyecto de Colón fue simple y osado: cruzar el Océano para llegar a los extremos orientales de la Isla de la Tierra y unir, así, Europa con Asia. La premisa fundamental estaba en lo esférico del Globo terrestre, por lo que, navegando por occidente se podía arribar a oriente. Supuso Colón en base a cálculos personales que esa distancia era menor de lo que en realidad hoy conocemos -Colón estimó una distancia entre España y Asia de cerca de 2.400 millas, lejos de las 10.600 millas que ofrece el cálculo moderno.

Aunque las oposiciones que encontró Colón a su proyecto fueron vastas, el apoyo final que recibió de los Reyes Católicos, pareciera estar, en la rivalidad que la corona española mantenía con la portuguesa. El acuerdo de patrocinar la empresa encontró aliciente en la posibilidad de obtener para España alguna o algunas de las islas que la cartografía medieval ubicaba en el Atlántico y que nada tenían que ver con el supuesto archipiélago adyacente a las costas de Asia. Las Capitulaciones firmadas con Colón presentan la empresa como una mera exploración oceánica. En esa particularidad del célebre documento estriba un motivo más que refuerza la decisión de los reyes de España y sobre el cual no se ha puesto la atención que merece, a saber: el deseo y oportunidad de ejercer un acto de soberanía, en esa época enteramente inusitado, sobre las aguas del Océano. Lo verdaderamente extraordinario de las capitulaciones no consiste en que no aparezca en ellas de un modo expreso la finalidad asiática del viaje, sino en que aparezca de modo expreso una declaración del señorío sobre el Océano (O’Gormann). 

Aunque esta cuestión ha demandado inmensos esfuerzos intelectuales, el hecho que nos ocupa va más allá, se centra en el inesperado desenlace de la empresa del navegante. No era Asia, no fueron las tierras de Cipango (Japón) ni tampoco las costas extremas de la Isla de la Tierra. Pero Colón nunca quiso dudar y se persuadió a sí mismo que llegó a Asia. Un elemento es fundamental para comprender aquello que parecía una tozudez, las tierras que encontró estaban habitadas, como habitadas sabía él que estaban las tierras de Asia.
 
 A partir de entonces, lo transitado por Colón es un recuento histórico, no de menor importancia si reparamos en los descubrimientos posteriores -tercer y cuarto viaje- de tierra firme que dan por desechada la creencia de estar en Asia, pero el hecho mayor está en la transcendencia de aquel viaje de 1492. No fue un error, sino que estas tierras tomarán un ser -la América española- que después será un ser distinto -la América independiente-. Es esta la cuestión fundamentalísima.

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