La Reforma y la música

Lutero era músico, así que supo aprovechar el poder del arte para potenciar su movimiento y alcanzar sus objetivos religiosos. No solo transformó el mundo religioso, sino también el estético.
domingo, 22 de octubre de 2017 · 00:00
Sachiko Sakuma C., Música
 
Los grandes cambios que se dieron en el pasado, muchas veces pasan desapercibidos por la cotidianeidad del presente y es necesario recordar estos cambios y a sus actores, porque sin lo que sucedió antes no tendríamos el presente que nos toca vivir.
 
Hace 500 años, Martin Lutero exponía en la puerta del castillo de Wittenberg sus 95 proposiciones sobre el abuso de las indulgencias, con ello comenzaría una verdadera revolución a nivel político, económico y social, tanto como religioso.
 
De todo lo que significó la Reforma de Lutero hago hincapié en la traducción alemana del Antiguo y Nuevo Testamento por parte del propio Lutero dado que con este hecho, y teniendo a la mano la reciente invención de la imprenta, Lutero se atrevió a compartir con su pueblo las Sagradas Escrituras, a acercarlo a la Palabra de Dios para que cada quien, desde su propia lectura y reflexión, viva la fe, y sea la fe la que obre en cada ser y no el miedo que se infundía a la gente en nombre de Dios.
 
Hace 500 años, Martin Lutero acercó a su pueblo al entendimiento de la Palabra, no solo por una simple lectura, no solo por la repetición de oraciones, no solo por el simple hecho de pronunciarlas para ahuyentar la mala suerte… luchó por un fin sublime: que la gente entienda lo que en la Biblia estaba escrito, compartiendo así con su pueblo su fe y su convicción de vida. No se dejó tentar por el lujo y las comodidades; sabiéndose privilegiado en su condición de fraile acercó la Palabra a su gente y quizá sin mayor ambición: cambió el mundo.
 
Interviene la música
 
Se preocupó además de que esta lectura emocione y se sienta viva en los corazones de los fieles. Es allí donde interviene la música, como una herramienta  a favor de la Palabra; esto no quiere decir de ningún modo que antes de la Reforma no se haya utilizado música en los servicios religiosos; por el contrario, la Iglesia fue y considero que aún es un gran centro de desarrollo musical. La diferencia radica en que antes de la Reforma los textos de los cantos estaban escritos en latín (con algunas excepciones como el Kyrie eleison, cuyo texto es griego), predominando el llamado Canto Gregoriano y algunas formas polifónicas propias del Renacimiento. 
 
Martin Lutero, quien además de teólogo era músico, reformó también la música litúrgica. En algunos casos optó por traducir los cantos más conocidos al alemán, en otros casos mantuvo melodías profanas a las que adaptó textos religiosos en lengua vernácula  y finalmente también compuso himnos para ser interpretados por los fieles. Estas composiciones, que posteriormente fueron cantadas al unísono, se llamaron "corales”. 
 
Entre las composiciones propias de Lutero están los corales Ein Feste Burg ist unsere Gott (Castillo fuerte es nuestro Dios), Von Himmel hoch, da komm ich her (Desde el cielo vengo aquí), Jesus Christus, unser Heiland (Jesucristo, nuestro salvador), entre muchos otros, tan hermosos por sus melodías como por sus textos y que hoy podemos encontrarlos como motivos de las obras de grandes compositores, como Johann Sebastian Bach, y como parte de la liturgia de un culto luterano donde se elige cuidadosamente la música que acompañará el servicio.
Además, es de esperar de un pueblo tan musical como es el pueblo alemán que pronto esos corales  fueran interpretados en forma de canon, a cuatro voces o utilizando una contra-melodía que los embellece.
 
Hoy en día estos corales están más vivos que nunca: tanto los antiguos que datan del 1500, hasta los más modernos que inclusive toman ritmos y melodías tradicionales de todo el mundo.
 
El acceso al mensaje
 
Hago énfasis en las traducciones o usos de los textos en lengua vernácula porque sucede muchas veces que, aunque nos guste la música no sabemos de qué trata porque está en otro idioma. Cito en este momento las publicidades de los cursos de inglés que tanta gracia nos causan porque los "pedidos musicales” para la radio no tienen nada que ver con el contenido real de la canción. Me imagino que algo muy parecido sucedía con los fieles que asistían a la iglesia y escuchaban los cantos en latín.
 
Seguramente un porcentaje lo entendía pero otro tanto simplemente escuchaba una música "bonita”, ajena a su sentir. Y quizá, también sucedía lo que ahora sucede con algunos estudiantes de canto que de igual manera estudian canciones en otros idiomas pero no consiguen una buena "interpretación”, porque solo tienen una noción superficial o ninguna noción del significado del texto.
 
Remarco el término de "interpretación” porque cuando una estudia música, no solo lee una partitura ni trata de reproducir lo que está escrito; uno debe comprender lo que toca, es decir "interpretar” la obra que se estudia.
 
Bien sabemos que con música somos capaces de emocionarnos, hasta el punto de derramar lágrimas o de sentirnos plenos de alegría. Con música somos capaces de recordar… recordar hechos, personas, vivencias, y mucho más. Con música vivimos lo que escuchamos.
 
Entonces, imaginémonos el poder que tiene el texto acompañado de música. Martin Lutero no lo desconocía, sabía que si el pueblo cantaba alguna canción conocida se entusiasmaría y cantaría y, al estar en su idioma materno, lo entendería. 
 
Claro, es como cuando vamos a un concierto: si no sabemos la letra de la canción no pasa nada, pero cuando todo el público conoce la canción hit del grupo, todos la entonan "a voz en cuello”, es como cuando los extranjeros pronuncian palabras de afecto y ternura en su propia lengua a bebés que no son suyos o cuando algún extranjero insulta por ahí a un mal conductor: lo hace en su lengua materna.
 
Y así, esas sencillas composiciones musicales llamadas corales, que en un principio tenían la función de unificar al pueblo en su canto y de servir al entendimiento de la Palabra, se convirtieron con el tiempo en preludios, cantatas, misas, ofertorios, para nuevamente desarrollar la música desde lo sencillo a lo complejo. 
 
Siendo el desarrollo de lo sencillo a lo complejo propio del intelecto humano, y después de mucho pensar sobre el legado de Lutero en la música, concluyo que el gran aporte de Lutero a la música es que la puso al servicio del texto, al servicio de la comprensión y vivencia de la Palabra, como una velita que ayuda en la oscuridad a leer un texto, a comprender y sentirlo.
 
Y para aquel que no es creyente: Martin Lutero nos devolvió la capacidad de ser críticos ante la vida, de denunciar las injusticias, de compartir con el prójimo lo poco o mucho que tenemos y de racionalizar lo pequeños que somos en este gran universo.

 

 


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