Ideas

Aquel viaje de 1492

El “descubrimiento de América” es un concepto correcto en la medida en que lo interpretemos como la “invención” de una nueva realidad o, mejor dicho, de un “Nuevo Mundo”.
domingo, 29 de octubre de 2017 · 03:00
Jorge Richter / Politólogo

"Está a punto de emprender su segunda travesía y, sin embargo, aún no se ha descubierto ninguna América. ¿Por qué? Simple y sencillamente, porque América todavía no existe” (O’Gormann). 
 
No existe porque se la considera parte de Asia, islas sueltas que forman un todo. Aquel viaje de 1492 dio inicio a una seguidilla de exploraciones, descubrimientos y conclusiones geográficas que hacían cada vez más evidente las dudas de las hipótesis que esgrimía Cristóbal Colón. 
 
"Para despejar esta incógnita debemos hacernos cargo del contenido de dos famosísimos documentos, a saber: el célebre folleto intitulado Cosmographia e Introductio, publicado en 1507 por la Academia de Saint-Dié, que incluyó la  Lettera  de Vespucio en traducción latina, y la no menos célebre y espectacular carta geográfica destinada a ilustrarlo, el mapamundi de Waldseemûller, también de 1507. En la  Cosmographia e Introductio  se dice: a) que, tradicionalmente, el orbe, es decir, la Isla de la Tierra en que se alojaba el mundo, se ha venido dividiendo en tres partes: Europa, Asia y África; b) que en vista de recientes exploraciones, ha aparecido una ‘cuarta parte’; c) que, como fue concebida por Vespucio, no parece que exista ningún motivo justo que impida que se la denomine Tierra de Américo, o mejor aún, América, puesto que Europa y Asia tiene nombres femeninos, y d) se aclara que esa ‘cuarta parte’ es una isla, a diferencia de las otras tres partes que son ‘continentes’, es decir, tierras no separadas por el mar, sino vecinas y continuas”. (O’Gormann)
 
Los cuatro viajes terminaron por definir que el "orbis terrarum” sumaba una cuarta parte. América inicia su propia vida en la historia universal a mano junta con los exploradores. Lo que después producen los colonizadores en su enfrentamiento con otros pueblos es una historia, importante y esencial, pero distinta al Descubrimiento.
 
El factor religioso
 
Si bien es cierto que las motivaciones comerciales y las necesidades siempre presentes del poder político determinaban el rumbo de las decisiones de los Reyes Católicos, el factor religioso logra un margen de importancia inusitado en aquel momento, que se expresa en tres elementos determinantes: a) la vieja lucha por reconquistar la Península de manos de los musulmanes se consolida el mismo año del primer viaje de Colón, de ahí en más, la tolerancia y convivencia religiosa se redujo sensiblemente a grado tal, que se inició un período de persecución religiosa que a momentos trascendía los territorios de la propia monarquía; b) los Reyes Católicos llevaron a España a campañas militares que buscaron engrandecer sus territorios y que fueron realizadas en defensa de su religión y la fe católica; c) la expulsión de los moros puso en los Reyes Católicos la idea de conformar una alianza contra el Islam en las lejanas tierras de Asia, como objetivo final para la recuperación de Jerusalén.
 
Vemos así  que el factor religioso estaba implícito en el accionar de la política española. Al momento de las nuevas tierras que descubrió Colón, era sustancial aplicar también -más aún en la creencia de que se había llegado finalmente a Asia- la expansión del cristianismo y la incorporación de todos los pueblos al catolicismo.
 
Algunas puntualizaciones
 
Octubre de 1492 otorga significados a determinado acontecer histórico, específicamente a todo el proceso de descubrimiento e invención del Nuevo Mundo. Son significados que desde la modernidad quieren desentrañar, en perspectiva histórica, los hechos que agregaron nuevos universos a la complejidad de la historia universal. El historiador británico G. M. Young decía: "el tema verdaderamente central de la historia no es lo que ocurrió, sino lo que la gente sintió acerca de ello cuando estaba ocurriendo”. ¿Qué sentía el Viejo Mundo cuando empezaron a saber y conocer de tierras lejanas que conformaban un Nuevo Mundo? 
 
El Descubrimiento de América se observa en la historiografía tradicional como un error, un hecho generado por la fortuna o infortunio de un navegante y que determinó el sentido de vida de un continente. Sin embargo, el Descubrimiento y la invención de América refiere a otra idea: América empezó a existir como un Nuevo Mundo en el momento que fue, primero, asimilando ideas, instituciones y formas de organización política, social, religiosa y cultural propias de un mundo intruso y distante; segundo, cuando la resistencia a esas formas extrañas muestra firmeza, se desborda del control exógeno y va adquiriendo identidad y personalidad propia. 
 
La invención de América no fue una cuestión fortuita, fue un proceso que encuentra a España en un momento de algarabía y efervescencia mística. Llevar el cristianismo a todos los confines era, en el siglo XV a XVII una labor indelegable para la Corona. Los avances y la explosión tecnológica en Europa junto al periodo final de la reconquista y expulsión de los musulmanes dotan a la realeza reinante de una visión/obsesión de expansión e intencionalidad de conformar la monarquía mundial. Los nuevos territorios de la América española señalaban la continuidad de estos propósitos, y si bien estos hechos no estuvieron intencionadamente planificados, sí se anotaron en la agenda que la España imperial empezaba a transitar.
 
Podemos encontrar, en este sentido, dos Américas sucedáneas. Una primera que se incorpora como nuevo mundo, signada por la transferencia de una cultura europea y la exigencia obligada de tomar como propios los valores cristianos; y una segunda América, aquella que pergeñaba, más tarde, un derrotero con identidad propia.

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