Letra Siete

Desencuentros en la orilla

domingo, 5 de noviembre de 2017 · 00:00
Elvis Vargas / Escritor

La historia del mundo no es una narración lineal sino múltiple; diversas líneas se entrecruzan, corren paralelas, se contraponen o una anula a las otras para poder ser contada. 
 
La del Che Guevara es uno de los mejores ejemplos de cómo una historia se construye, retroalimenta, sincretiza. Son sus seguidores o detractores los que se encargan de descubrir y llenar los espacios vacíos, de atrapar relatos perdidos, de descubrir la arista olvidada. Es como si estuvieran ocupados en una misión divina. Algo parecido a la labor de los creyentes cristianos que buscaron los pedazos de la Cruz de Cristo con los cuales Erasmo de Rotterdam alguna vez dijo que juntando todos se podría construir un barco. 
 
Sobre Ñancahuazú siempre habrá algo nuevo para contar. Todo mito se reinventa. Cada nuevo libro que aparece sobre Ernesto Guevara obliga a preguntarse: ¿hay algo más que no se sabía? Siempre aparecen sorpresas y Vania Solares Maymura nos la proporciona con su novela Desencuentros en la orilla, una distancia con el mito, una aproximación valiente mediante el conflicto humano retratado en las vidas de sus dos personajes: Freddy Maymura y Paco, cuyos destinos se desencuentran en las orillas de la vida y la muerte. Origen y destino, palabras clave para entender el trabajo.
 
Periodismo y literatura
 
Yo pienso que al libro de Vania se lo podría catalogar como una novela reportaje. Hago eco de las palabras de García Márquez, quien decía que el reportaje es la novela de la vida real. Quizás el oficio de la autora marca mucho en lo que es su creación. Escoge una manera de narrar casi testimonial. La autora no desaparece, es como si dijera ésta también es mi historia. Pone un radical esmero en retratar sus personajes tal como fueron, que a momentos dan la impresión de ser muy planos y un poco prosaicos. Su búsqueda de verosimilitud está en el dato documental, como que todo se puede refrendar. El mundo que crea es coherente, a pesar de que hay personas reales que están deambulando entre uno u otro personaje ficticio.
 
La novela de Vania es una novela comprometida. Quizás el árbol de las monedas de oro sea el árbol familiar. Es posible que la reconstrucción de ese origen sea una forma que tiene la autora de explicarse a sí misma dentro de toda esa maraña de sucesos: desde el sueño imperial del viejo Japón hasta los románticos luchadores de Ñancahuazú. ¡Qué tarea más complicada la de entender una cultura que ya no es la suya! 
 
Normalmente ir al pasado tiene sus peligros porque mientras más lejos están los hechos éstos ceden en verosimilitud: la memoria humana se reinventa y se mezcla con las nuevas experiencias. Por eso Vania relata con cautela ese origen. El sincretismo cultural de esa generación de migrantes japoneses en el Beni. La asimilación cultural que no devastó todo, pues en el fondo Freddy Maymura seguía siendo un samurái. ¿Fue la profundidad cultural la que marcó su destino?
 
La tragedia de Paco
 
¿Por qué sobrevivió Paco? Probablemente habría que escudriñar el mito. Toda religión exige un pacto. Cada acción de los creyentes debe ser un acto de fe. El premio que tiene el devoto es el martirio, morir por su fe para alcanzar el paraíso. Y quien no tenga la fuerza necesaria falla en su fe y está condenado al limbo del vituperio. Esto hace de Paco un verdadero antihéroe, es el personaje más literario de la historia y no es difícil ponerse de su lado. 
 
La resaca, ese calificativo es el estigma que le dejó el Che en su Diario de campaña, le persiguió toda la vida. Normalmente personajes que han pasado por lo que él pasó dan vuelta a la página de sus vidas y siguen adelante con su propia historia; pero Paco no. Él está atrapado en ese desencuentro en la orilla del río grande y tampoco quiere salir de ahí, ése es su destino y su martirio. Por eso se hace cuestionamientos profundos, como ocurre durante la búsqueda de los restos de los guerrilleros: "yo debería haber estado allí”. Esto demuestra cuán dolorosa fue su tragedia. 
 
Esa es la imperfección de los humanos. Los héroes de carne y hueso no pertenecen al mito porque el mito sólo roba un momento de ellos y el resto lo condena al olvido.
 
Vania ofrece una prosa exquisita; ya lo había demostrado en sus reportajes periodísticos. Su novela es ágil. Los momentos de tensión son dosificados. Todo se puede leer de un jalón.
 
Quizá con este libro ella se ha encontrado a sí misma en la literatura. Después de la entrega del premio Nobel de Literatura a Svetlana Alexevich, me pregunté: ¿por qué nuestras periodistas que trabajan hermosos reportajes no se animan a ingresar a la literatura? Uno se llena de entusiasmo cuando encuentra sorpresas como ésta.

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