Ideas

Lutero, Contrarreforma y Estado de Derecho

Las ideas del monje alemán contribuyeron a la construcción de la democracia moderna, en la medida en que asentaron la culpa y el perdón en una norma religiosa universal, en lugar de hacerlo en la decisión de la curia.
domingo, 5 de noviembre de 2017 · 01:00

 

Matthias Sonn / Embajador de Alemania 

 

Hoy en día quizá ni juristas ni políticos piensan en valores religiosos o en categorías teológicas cuando actúan en el marco de las normas del Estado de Derecho o cuando debaten la creación de nuevas leyes. Pero las nociones de libertad, justicia, orden, legitimidad y de ejercicio y control del poder, que subyacen en nuestros procesos de legislación y aplicación de la ley, tienen una larga historia. 

Porque durante varios siglos la religión y la iglesia estuvieron estrechamente ligadas a los intereses políticos, la historia política europea es historia de Estado e historia de religión. En el año del quinto centenario del inicio de la Reforma, cabe preguntarse si ésta y la Contrarreforma han dominado la noción de poder y derecho y la interacción entre ambos, y si todavía encontramos restos de ello en el Estado de Derecho moderno y secular.
 
1. ¿Por qué empezar con Lutero?

Las primeras publicaciones de Lutero casi coinciden con la invención de la imprenta. Sin exagerar, Martín Lutero y Johannes Gutenberg reunieron a la Europa política y la espiritual de inicio del siglo XVI. Esto provocó un cambio comparable con el internet en nuestro mundo globalizado: irreversible y con reacciones contradictorias.

Lutero es responsabilizado por fenómenos como el absolutismo, los excesos de la Revolución Francesa, el marxismo, el derecho al divorcio y hasta los poderes totalitarios del siglo XX, pero también por la democracia, la libertad y el Estado de Derecho. Sin embargo, él no es responsable ni del psicoanálisis ni del neoliberalismo. Por el contrario, probablemente vería con desconfianza y rechazo nuestros modernos "ismos”. Por cierto Lutero no fue ni demócrata ni luterano, sino monje agustino y profesor de Teología.

2. El mundo de Lutero alrededor de 1520: el quiebre y la eternidad 

El mundo ya estaba agitado antes de que el joven profesor de Teología se hiciera famoso en 1517. Las certezas de la fe, la estética y la cosmología de la Edad Media fueron estremecidas por los descubrimientos y los redescubrimientos del Renacimiento que el sacerdote Lutero conoció en 1510, en Roma. En su percepción, se trataba de un regreso a la superstición precristiana, politeísta oracionalista, auspiciada y financiada por la curia papal: un profundo trauma para el joven teólogo.
 
Para entender los impulsos de Martín Lutero debemos tomar en cuenta lo que contaba en esa época. La muerte era una vivencia cotidiana: quien fuera lo suficientemente afortunado de llegar a la edad adulta ya había experimentado la muerte de conocidos. El juicio final era visto como algo inminente. El pecado y la salvación, la justificación del hombre ante Dios, la obediencia y el perdón eran la pregunta central de esa precaria existencia: si yo mañana cierro los ojos, ¿seré salvado o condenado?

3. El camino de Lutero hacia la salvación

La doctrina de Lutero se fija en una triple respuesta: "sola fide - sola scriptura - sola gratia”. La salvación solo a través de la fe en la revelación de la Biblia y de la gracia de Dios era un inaudito reto de tres dimensiones para la curia. En la dimensión política, el modelo de financiamiento basado en la venta de indulgencias estaba en peligro; en la teológica, al cristiano le correspondía, como individuo, identificar la verdadera fe ("fides”) en la revelada Escritura ("Scriptura”); y en la dimensión cultural, los creyentes alemanes recibieron la traducción de la Biblia a su idioma. Hasta hoy, el alemán de Lutero marca la lengua escrita en todos los países de habla alemana.
¡El monopolio espiritual del clero fue también atacado, como lo fue el poder secular de la curia! Más que todas las preguntas y disputas teóricas de las siguientes décadas, éste es el motivo por el que Lutero se vio tan rápidamente en el centro de la política de poder europea.

4. Los dos reinos: "La libertad de un hombre cristiano”
 
Con el texto "De libertate christiana”, publicado en 1520, Lutero entra en lo político: la libertad se encuentra en la sumisión a la voluntad divina. La idea de que derecho y obligación son uno da pie a la idea de que cada ser humano es sujeto de Derecho. Amo de su conciencia pero servidor de su creencia bajo la ley divina, el cristiano es servidor de todas las cosas y está supeditado a todos. Con la palabra "libertad” se produjo su concepción jurídica.
 
Con Lutero, el orden estatal y el eclesiástico están subordinados a la ley divina, pues juntos son parte de un solo ordenamiento puesto por Dios. Ambos conforman los "dos reinos”, el de la espada y el de la cruz. Aquí se encuentra el impulso revolucionario jurídico interno proporcionado por la Reforma. En la doctrina de Lutero, la autoridad y legitimidad del poder se derivan directamente de Dios. El individuo debe obedecer en gran medida a los gobernantes seculares.

5. Las consecuencias políticas 

Los monarcas europeos reconocieron rápidamente el beneficio que les ofrecía la "Doctrina de los Dos Reinos”. Con su ayuda pudieron emanciparse de la autoridad del emperador y de la del Papa. Surgió entonces el concepto de la soberanía: hacia adentro en el derecho del Estado, y hacia afuera en el Derecho internacional.

6. Contrarreforma y la excepción de Habsburgo

En algunos Estados con monarcas católicos, la Contrarreforma, desde el Concilio de Trento (1545 -1563) y la fundación de la Orden de la Compañía de Jesús (1539), tomó fuertes medidas represivas, tanto en la práctica de la fe del individuo cristiano como también en lo ideológico y en la estructura institucional del ejercicio del poder estatal. Desde el siglo XVII, tanto España como la parte austriaca del Imperio de los Habsburgo desentonaban cada vez más con el resto de Europa.
Pero nada es tan incontenible como una idea cuyo tiempo ha llegado. Una vez en el mundo, Lutero fue abriendo camino a un concepto básico: el ejercicio estatal del poder está sujeto en principio, externa e internamente, a límites legalmente definidos.

7. Ilustración y Estado de Derecho

"La Ilustración es la salida del ser humano de su propia inmadurez”, sostiene Immanuel Kant (1724 -1804) y así se acerca a "De libertate christiana” de Lutero. Debemos este pensamiento principalmente a John Locke (1632 -1704) y Charles de Montesquieu (1689-1755). Ambos presuponen que el ser humano posee derechos inalienables, tanto si éstos se postulan como derechos naturales o si se derivan de postulados religiosos. De este modo, el ordenamiento jurídico estatal sirve para concretar y garantizar dichos derechos, y para prohibir jurídicamente la arbitrariedad estatal y limitarla en la práctica. Así se da un paso fundamental: el renacimiento del ciudadano, el principio del final de los subordinados. El ciudadano legitima al Estado; el Estado, como respuesta, protege sus derechos. Los ciudadanos le deben la obediencia, no a la autoridad como autoridad sino al Derecho.
 
El principio de la separación de poderes es aquí determinante. Solo con el apego del Ejecutivo a la ley -pero sobre todo con un efectivo control de la acción ejecutiva a través de un poder judicial independiente- pueden los postulados de los valientes enciclopedistas ser llevados a la práctica en la realidad jurídica y en la vida de la sociedad civil.
 
Históricamente el Estado de Derecho llegó a Europa antes que la democracia. El principio de una justicia independiente y el apego general a las leyes prevaleció mucho antes que la legitimación del Poder Ejecutivo y del Legislativo en las elecciones democráticas.
 
Preguntas
 
¿Son estos principios actualmente aplicables de manera universal? ¿O existen excepciones en las que los Estados pueden todavía ampararse, cuando no respetan los derechos de sus ciudadanos? 
 
¿Puede una mayoría restringir de manera democrática el Estado de Derecho y la democracia, o suprimirlos completamente, como ocurre en la actualidad en más de un Estado de la región latinoamericana?
 
¿Son todos los derechos que tienen los seres humanos, derechos humanos? ¿Son éstos válidos únicamente para la defensa contra la arbitrariedad del Estado? ¿O son también aplicables en la relación entre ciudadanos? 
 
¿Reconocemos nosotros aún "De libertate christiana” de Lutero, si leemos la Carta de Naciones Unidas o la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948?
 
Lutero podría seguramente reconocer su idea de que el hombre es amo de su conciencia pero servidor de un postulado del ordenamiento y el Derecho. Y nadie puede estar seguro de que sin él tendríamos el Estado de Derecho. A diferencia de Lutero en su tiempo, nosotros no necesitamos ningún derivado del derecho divino para mantener una conciencia de Estado de Derecho. Esto solo puede ir en beneficio de la universalidad.

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