Análisis

¿Cómo es la salud en América Latina?

Los sistemas latinoamericanos de salud han mejorado y han disminuido la necesidad de los pobres de endeudarse, pero la brecha entre la región y Europa sigue siendo enorme.
domingo, 10 de diciembre de 2017 · 00:00

Jerónimo Giorgi Periodista@Latinoamerica21

Según el Índice de Acceso y Calidad Sanitaria, publicado por la revista The Lancet, que evalúa los resultados en la salud de 195 países desde el año 1990 hasta el 2015, Chile lidera el ranking regional, seguido por Cuba, Costa Rica y Uruguay. En el período de 25 años definido por el estudio, la puntuación media de América Latina creció casi 15 puntos, pasando de 50 a 64,7 puntos y todos los países han mejorado su calificación.


Según el informe, desarrollado por el Instituto de Evaluación y Métrica Sanitaria de la Universidad de Washington (EEUU), que se basa en los índices de mortalidad de 32 enfermedades, países como Colombia, Brasil, El Salvador, Panamá, Nicaragua, México y República Dominicana, se encuentran en la zona media de la tabla regional. Mientras que las peores posiciones las ocupan Ecuador, Paraguay, Bolivia, Guatemala y Honduras.


A pesar de la mejora en la región, la brecha con Europa se ha mantenido prácticamente igual. Esto se debe en parte a la gran desigualdad entre países de América Latina, aspecto que se refleja en diferentes campos, incluido el de la salud. Mientras que a lo largo del período Perú, el más destacado, tuvo una notable mejoría del 52%, Paraguay lo hizo solo un 14%, frente al 29% de la media regional.

Mejorías


Para garantizar el acceso de toda la población a un servicio de salud sin caer en el endeudamiento familiar, es fundamental, según la Organización Mundial de la Salud, implementar sistemas de cobertura universal de salud. 


En ese sentido, varios países iniciaron en la década de los 90 reformas siguiendo diversas estrategias. Algunos se basaron en el fortalecimiento del rol del Estado, otros a través de la participación privada, y en medio una variada gama de sistemas mixtos, “con mayores o menores resultados”, según un análisis de la revista The Lancet publicado en el año 2014.


La expansión económica de la década anterior permitió a los países de la región, “combinar incentivos del lado de la demanda, implementados principalmente a través de transferencias monetarias condicionadas, con políticas del lado de la oferta”. Esto permitió una mayor accesibilidad y la  implementación de la cobertura universal de salud.


En Chile, por ejemplo, la inclusión del cáncer de mama en el plan de Acceso Universal con Garantías Explícitas (AUGE) en 2005 se tradujo en el aumento de casi el 50% en la cantidad de biopsias y una reducción en el diagnóstico tardío. El Seguro Popular de México, por su parte, redujo la brechas en la cobertura de servicios de salud y fortaleció la protección financiera de los usuarios. Mientras que el Plan Integral de Atención en Salud (PIAS) de Uruguay, proporciona atención universal a toda la población.

Falta mucho


La expansión de la cobertura financiera universal ha llevado a la reducción de los enormes gastos de salud de los pobres en países como Brasil, Costa Rica y especialmente México, donde las personas sin seguro social o seguro de salud pública corrían el riesgo de endeudarse. Pero más allá de las mejoras, los sistemas de salud en la región aún presentan una gran disparidad de resultados; los sistemas son fragmentados, de financiamiento desigual, no son sostenibles o no se adaptan a las necesidades de la población.


Por lo tanto, la accesibilidad y la desigualdades en la salud siguen afectando a gran parte de los países de América Latina. Y como advertencia, el informe “La cobertura universal de salud en los países de América Latina: cómo mejorar los esquemas basados en la solidaridad”, publicado por The Lancet, afirma que “cuando se depende excesivamente del gasto privado en los servicios de salud y en los medicamentos, el logro de la cobertura universal de salud se ve limitada”.

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