Internacional

Donald Trump, Siria y el precio de la libertad

Tras los ataques de Estados Unidos en Siria, analistas internacionales consideran que la guerra en ese país podría dar un vuelco. Puede que ahora EEUU haya dado el primer paso para que los conflictos hasta ahora solapados con Rusia se vuelvan ahora conflictos abiertos.
domingo, 16 de abril de 2017 · 03:00
Carla Hannover periodista

 

  "El triunfo militar estaba al alcance, quizá ya en sus manos. Ciudad tras ciudad, región tras región, el Gobierno sirio había reconquistado el poder con el respaldo de Rusia, Irán y Hezbolá”, se lee en el sitio de la Deutsche Welle. 

Es por esta razón que resulta difícil explicar por qué el régimen habría lanzado, a principios de abril   un ataque con gas contra un barrio de la ciudad de Jan Shijún poblado por civiles, según hacen suponer numerosos indicios.

Como fuese, esos hechos reportados a principios de abril  impulsaron  al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a enviar aluvión de misiles a Siria, medida que deja una serie de cuestionantes sobre el curso que tomará la guerra en ese país. "Cuando matas a niños inocentes, bebés inocentes con un gas químico tan letal, eso cruza muchas, muchas líneas, más allá de una línea roja”, dijo Trump la mañana  del 6 de abril. 

 Por la  tarde, el Presidente estadounidense ordenó lanzar una descarga de 59 misiles Tomahawk sobre la base aérea de Shayrat desde buques de la Armada de Estados Unidos en el Mediterráneo. "Era un despliegue abrumador de poder, pero menos arriesgado que volar sobre un área cubierta por el sistema de defensa antimisiles S-400 de Rusia”, se lee en AFP.


Ataque de EEUU dará un vuelco a la guerra

Rusos e iraníes rechazan decididamente la tesis de un ataque químico lanzado por el régimen de Assad. Pero, como sea, ahora ha quedado en claro que el gobierno de Trump está decidido a intervenir en este conflicto. Esta evolución ya se había perfilado en el campo diplomático. La embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, calificó al Presidente sirio de "criminal de guerra”.

Representantes de la oposición ven lo ocurrido como una señal alentadora. "De pronto vemos que Trump actúa con más vigor ante Assad de lo que lo hizo Obama”, dijo el opositor sirio Firas Qassas, fundador del "Partido de la Modernidad y la Democracia”, que actualmente vive exiliado en Alemania. 

Según se lee en Deutsche Welle, Qassas no descarta que el ataque estadounidense pueda dar un vuelco a la guerra, de modo que después de todo sí se puedan imponer los intereses de la oposición secular. "Quizás encontremos en Trump un verdadero aliado para convertir a Siria en un país realmente libre y democrático”, afirmó.

Temor a una escalada militar

Otras voces son menos optimistas. Abdel Bari Atwan, influyente columnista del portal de Internet  "Rai al-youm”, teme que pueda producirse una escalada militar, publica Deutsche Welle. Y no descarta una peligrosa confrontación entre Estados Unidos y Rusia, que podría durar años y tomar un rumbo imprevisible.

La apuesta es alta. Siria es el centro de un conflicto en el que están implicados actores nacionales, regionales e internacionales. Puede que ahora Estados Unidos haya dado el primer paso para que los conflictos hasta ahora solapados con Rusia se vuelvan ahora conflictos abiertos. 

La analista política Raghida Dergham supone en el periódico  Al Hayat  que Trump puede haber comprendido que no se puede negociar con Rusia sobre la base de la situación actual. 

A su juicio, junto a diversos motivos internos -Trump necesita con urgencia éxitos tras sus varios fracasos en política interior- hay también, sobre todo, motivos de política exterior: el desenlace de la guerra podría cambiar sustancialmente el orden de la región, de modo desfavorable para Estados Unidos.

Si Assad triunfara, Irán estaría más cerca de su objetivo de lograr una franja dominada por los chiitas que se extienda hasta el Líbano. Pero eso es algo que no puede aceptar Estados Unidos, tradicionalmente cercano a países sunitas.

Trump ha reaccionado mediante una acción de desenlace incierto. Muchas cosas son posibles, escribe Abdelrahman al-Rasid en Sharq al-Awsat. Podrían producirse enfrentamientos directos entre Estados Unidos y Siria o sus aliados. O podría aumentar el terrorismo chiita contra objetivos estadounidenses.

Puntos de vista

Michael Knigge Columnista Deutsche Welle
"Trump y su peligroso cambio de rumbo en Siria”

Una razón principal determinó que el predecesor de Donald Trump se enfrentara a la oposición de muchos, incluidos miembros de su gabinete, como la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton. 

También se vio ante la oposición de líderes del Congreso, como los senadores republicanos John McCain y Lindsey Graham, y la de políticos internacionales como el presidente francés, Francois Hollande. Eso hizo que, finalmente, se abstuviera de ordenar una intervención militar directa en Siria.

En esa época, Estados Unidos y el resto del mundo aún lidiaban con dos intervenciones militares lideradas por Washington en Afganistán e Irán, y con otra que no era encabezada por los estadounidenses, pero que hubiera sido imposible sin ayuda de éstos, en Libia. Tras años de lucha encarnizada, ninguna de las tres ha dado el resultado deseado, de pacificar o por lo menos estabilizar esos países.

La principal razón por la que el presidente Barack Obama decidió no intervenir en Siria fue que -por muy duro que suene y pese a lo horroroso que sin duda es este conflicto-, ese país no representaba una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos. Obama a veces titubeó en esta postura, especialmente con su mal aconsejada declaración acerca de una "línea roja”.

Pero, en general, se mantuvo en su posición: el conflicto sirio simplemente no rebasó el umbral necesario para una intervención estadounidense. No era un riesgo a los intereses nacionales estadounidenses.

Listos para la construcción nacional

La postura de Obama sólo se endureció luego de que, contra sus propias convicciones, se dejó involucrar en la poco afortunada intervención en Libia. Entonces se percató de que el conflicto en Siria era aún más complejo, y que se requería de un compromiso político, militar y financiero total para resolver el acertijo de ese desmembrado país.

Intervenir en Siria no sólo haría necesaria  una enorme fuerza militar, sino también años de reconstrucción nacional, una tarea repudiada por muchos en la sociedad estadounidense.
 
Obama sabía que estadounidenses cansados de guerras y afectados por la crisis financiera no estaban de humor para tal compromiso.

Donald Trump vio el conflicto de manera muy similar hasta hace poco tiempo, pero fiel a su estilo, manifestó su oposición a una acción militar en términos mucho más fuertes que Obama. En 2013, vía Twitter, Trump advirtió repetida y enfáticamente acerca de las consecuencias de una intervención militar estadounidense en Siria. Sin temor a equivocarse, puede decirse que Donald Trump era un acérrimo opositor a que su país actuara militarmente contra Siria.

Ferviente oposición

Más aún, Trump una y otra vez dio a entender que se podía trabajar junto con el gobierno de Assad contra el que el mandatario estadounidense considera, con alguna justificación, una amenaza real a la seguridad nacional de su país: el llamado Estado Islámico.

 Esta posición coincidía ampliamente con la campaña de Trump que proponía el "America first” (primero Estados Unidos), es decir, que su país debía concentrarse en asuntos nacionales, y sólo actuar internacionalmente cuando ello favoreciera claramente a los intereses estadounidenses.

Aparentemente, todo este cálculo cambió de repente luego del ataque supuestamente con el uso de armas químicas contra una ciudad siria controlada por rebeldes, movilización que causó una multitud de víctimas, incluyendo muchos niños. Es cierto que si aparecen nuevos datos, el Presidente no sólo puede, sino que debe cambiar de opinión. 

El problema es que -como sucedió con la declaración de Obama sobre la "línea roja”- no existe un programa convincente acerca de cómo resolver la compleja situación de Siria. Los repetidos fracasos del presidente Trump al sacar adelante políticas nacionales comparativamente sencillas, como la reforma migratoria o la del sistema de salud, no indican que esté preparado para resolver asuntos globales mucho más complejos como lo es el de la crisis en Siria.

Alto precio

La reacción emocional de Donald Trump cuando habló de los "hermosos bebés” que fueron víctimas del ataque con gas en Siria fue comprensible y fue compartida por muchos. 

Pero su impulsiva respuesta política y militar para involucrar a Estados Unidos en el conflicto es peligrosa. Donald Trump se jacta de tomar decisiones rápidas, de ser impredecible y de cambiar de juego. Desde su perspectiva, este cambio de rumbo sobre Siria encaja perfectamente en su modus operandi personal. 

Pone un aviso a los antagonistas de Estados Unidos, como Corea del Norte e Irán, y demuestra a su público nacional que él avanza en asuntos que Obama dejó a medias. 

También deja en un segundo plano temas como las investigaciones sobre el papel de Rusia en la pasada campaña ,o sobre la reforma al sistema de salud. Pero el precio que Estados Unidos y el mundo pagarán por esta maniobra puede ser alto.

 

 

  Alonso Gurmendi  Columnista El Comercio
"Rusia-Estados Unidos: un nuevo equilibrio”

Donald Trump ha lanzado 59 misiles Tomahawk en contra de una base aérea siria. La movida parece indicar un cambio en la política de Trump hacia el Levante, señalando que el uso de la fuerza (o incluso una posible invasión militar) ya no está fuera de las posibilidades. 

El ataque ha enfurecido a Moscú, que suspendió el memorando sobre cooperación en seguridad firmado con Washington para coordinar operaciones militares y evitar atacarse por error. 

Para Rusia, Bashar al Asad le garantiza mantener el control de la Base Naval de Tartús y la Base Aérea de Hmeimim, dos puntos clave  para la proyección estratégica del poder ruso en el mundo.
 
 La señal de Putin es clara: "La guerra contra Al Asad bien puede llevar a la guerra con Rusia, así que no conviene escalar tensiones”.

Ver una hipotética intervención estadounidense en Siria como una mera lucha de voluntades entre Trump y Putin, sin embargo, sería un error. El conflicto en Siria es uno de los más complejos que han existido y la decisión de intervenir simplemente no depende del capricho de una u otra potencia. Solamente la cantidad de actores en el terreno es ya una barrera descomunal para cualquier planeamiento estratégico.

 Los grupos rebeldes
Entre las fuerzas rebeldes sirias existen más de 100 grupos armados diferentes, cada uno con distintos intereses. En términos simplistas, suele hablarse del Ejército Libre Sirio (ELS) o "los rebeldes” como un bloque cohesionado, pero la verdad es que no todos los grupos rebeldes son miembros del ELS y no todos los grupos del ELS quieren instaurar una democracia. 

Algunos, como el Frente Islámico, quieren establecer un Estado islámico en Siria (sólo que uno diferente al de ISIS). Escoger quiénes son los amigos y enemigos en Siria sería complicadísimo para Estados Unidos; una desventaja que Putin no tiene, pues él sólo debe disparar a todos los que no sean Bashar al Asad.

Grupos con apoyo de EEUU

Problemas similares plagan a las fuerzas de la milicia kurda en Siria YPG. Si bien el grupo es apoyado por Estados Unidos, sus vínculos con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) garantizan el distanciamiento entre Washington y Turquía, país que considera al PKK un grupo terrorista. 

El problema no queda allí: el YPG y el PKK ven en el conflicto sirio una oportunidad para crear un futuro Estado kurdo. Para lograrlo, han incurrido en la limpieza étnica contra las poblaciones árabes sunitas, precisamente la población más en riesgo de unirse al Estado Islámico, también sunita.

Si a todas estas complicaciones les añadimos, además, a ISIS, el Frente al Nusra, Irán, Arabia Saudí y Hezbolá, podremos empezar a comprender el nivel de complejidad que implica decidir intervenir en la guerra civil siria. 

El problema es que la elección moral de intervenir es mucho más terrible de lo que pensamos. Limitarse a lanzar misiles es, por ponerlo elegantemente, estratégicamente inconsecuente. Las acciones del presidente Trump -además de ilegales- difícilmente tendrán un efecto real en las hostilidades si no son seguidas de una intensificación del accionar estadounidense.

¿Cuáles los efectos?

Para tener efectos reales en el conflicto, esta intensificación tendría que ser necesariamente una invasión: 300 mil soldados tomando el control de las zonas dominadas por Al Asad, ISIS y otros grupos, reemplazando sus centros de poder por los de un nuevo gobierno sirio democrático. 
Pero tal como demostró la experiencia en Iraq, las campañas prolongadas de contrainsurgencia requieren de una fuerza capaz de ganarse los "corazones y mentes” de la población civil, algo que el Ejército estadounidense nunca será capaz de lograr en el   Oriente Medio. 

La democracia no puede imponerse a punta de tanques. Como en Iraq, una invasión probablemente incentivaría más insurrecciones, agravando y prolongando el conflicto o creando nuevos. No existe ningún ejército en el planeta capaz de realizar el tipo de operación que requeriría una verdadera "intervención humanitaria” en Siria. La alternativa que queda es, sin embargo, igual de inmoral: no invadir. El conflicto también empeoraría, pero por otras causas.

Habrá salidas

No existe una salida fácil a la guerra civil siria. Las dos opciones disponibles son moralmente cuestionables y las opciones intermedias son estratégicamente inútiles. En este contexto, lanzar 59 misiles sin ofrecer un plan de acción detallado para el futuro de Siria no arreglará nada.

 

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