Periodismo

El embrollo de las fuentes

Carlos Decker-Molina plantea que, si bien en periodismo se requieren fuentes fidedignas, el debate debe centrarse en la interpretación y búsqueda de soluciones a los problemas que emergen de éstas.
domingo, 30 de abril de 2017 · 00:00
Carlos Decker-Molina periodista boliviano  residente en Suecia

 

Para el periodista las fuentes son esenciales para escribir una crónica sobre algo de interés general. Alguna vez un jefe de redacción me dijo que preguntara el nombre de mi madre por lo menos a cinco no familiares, antes de escribir sobre ella.

Con la actitud compleja de Donald Trump, con una red que está llena de inexactitudes, con la aparición de un discurso cada vez más agresivo de la derecha tergiversadora de la realidad, estamos obligados tanto periodistas como intelectuales a aportar ideas para ordenar el debate o simplemente para transparentarlo.

Las fuentes son importantes, pero no son la esencia. Donald Trump critica a la llamada prensa establecida, como el New York Times o CNN, precisamente porque las fuentes de esos diarios no son fiables para el inquilino de la Casa Blanca. Me recuerda mi época de periodista militante.
 
Pues, todo lo que escribía la prensa establecida eran medias verdades o simplemente mentiras nutridas por el imperialismo. 

Hoy pasa lo mismo en algunos países latinoamericanos y también europeos. El mismo discurso de Trump sobre la prensa hay en Polonia y en Hungría. 

Si la desconfianza a las fuentes tiene su origen en el supuesto ideológico, estaremos pisando arenas movedizas. Un ejemplo extremo: si en mis años de militancia, EEUU habría dicho que el mar era azul, habría entrado en sospecha porque, para aquel militante, el mar tenía otro color, no el que le asignaba el imperialismo o sus medios.

Las fuentes son muy importantes cuando de ciencia o historia se trata. Entonces se exige una exactitud científica. No hay matemática ni química para mujeres, para hombres o para homosexuales. Y la Revolución Rusa no cumple 90 años este 2017. Pero, las fuentes de una crónica son más endebles, sobre todo cuando se relata política, actitudes sociales o diferencias económicas.

Que la Cámara del Libro diga que la lectura es importante para la tolerancia es una verdad a medias. Si la Cámara se habría detenido en "la lectura es importante” sería una perogrullada, pero, si agrega la palabra tolerancia, mediatiza la verdad porque no todos los que leen son tolerantes. Stalin leía y Hitler también.

Si llegamos a la conclusión de que la lectura no cura la intolerancia es porque hemos analizado, contrastado opiniones, investigado y leído otras fuentes, todo ese ejercicio intelectual supone un cierto esfuerzo que es más difícil que desacreditar a quien lo sostiene o simplemente descalificar a la fuente.

No se trata de descalificar las fuentes porque la verdad que produce nos disgusta o no está de acuerdo a una predeterminada idea política, nacional o internacional. La actualidad nos exige una mayor atención en la descripción de las cosas que suceden en el mundo. Es una exigencia intelectual que tiene un componente importante y es el cuestionamiento crítico. Evidentemente las fuentes tienen un rol significativo, pero la conclusión debe ser sometida a un cuestionamiento profundo.

Un ejemplo, la Policía sueca señaló en un informe del año pasado que en todo el país hay 15 lugares problemáticos. Alta tasa de delincuencia, desocupación, segregación, violencia hogareña y sexual.  La fuente es fiable, se trata de la Policía. Como se sabe que la verdad es incómoda para los políticos y, de alguna manera, para la tradición sueca.  

Medios interesados en demostrar que Suecia, el otrora paraíso de los refugiados e inmigrantes, hay "zonas de exclusión” y agregan "donde rigen otras leyes como la sharia musulmana” (así se informa en medios online de los EEUU e incluso algunos europeos) como la "prueba de que hay que erradicar la inmigración”.

En ese párrafo tenemos los dos componentes. Fuente fiable, verdad incómoda, pero verdad. La conclusión que saca la derecha global es falsa; es decir, el problema no está en la fuente, está en la interpretación o en la manipulación de la verdad y en el planteamiento de las soluciones. Es ahí donde debemos dar batalla con todos los instrumentos intelectuales que se tengan a mano.

Mi advertencia es simple. La derecha global nos quiere embrollar con la sobrevaloración de la importancia de las fuentes. Donald Trump dice que si el New York Times es la fuente, entonces se trata de fakenews. El NT es fuente y portavoz de fuentes que aparecen en sus páginas, lo que hay que discutir es el contenido de esas noticias o de esas opiniones, con algunas estaremos de acuerdo con otras no, dependerá de nuestras posiciones políticas, del grado de conocimiento intelectual, del interés en cada tema, etc.

Lo mismo pasa cuando escuchamos a Trump decir que hay que devolver el trabajo a los estadounidenses. La fuente son las estadísticas de alguna oficina estatal, es decir no es una mentira, tal vez es una verdad exagerada, no podemos descalificarla sólo porque quien lo dice es Trump, lo discutible y lo esencial es ¿cómo resolver la desocupación o para el caso la inmigración? 

Exijamos fuentes fidedignas, pero el debate está en la interpretación, en la búsqueda de soluciones a los problemas que emergen de esas fuentes. Las otras, las mentiras, tienen patas cortas.


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