Cine

Un golpe con estilo

Rodrigo Ayala escribe sobre la película dirigida por Zach Braff, quien, desde su punto de vista, es un realizador que busca contar sentimientos simples, sin adentrarse en complicaciones narrativas.
domingo, 30 de abril de 2017 · 00:00
Rodrigo Ayala   cineasta

 

Nos referimos al "viejo” cine familiar, no al que se llenó de efectos especiales a ritmo trepidante en la década de los ochenta con las películas de Spielberg (E.T. 1982), y coetáneos como Joe Dante (Gremlins, 1984) o Richard Donner (Los Goonies, 1985). 

Tampoco estamos pensando en ese "nuevo” cine familiar, más reciente, que se ha expresado sobre todo en las películas de dibujos animados (especialmente las de Pixar, pero también las de otras productoras), con temáticas maduras y complejas, constituyendo uno de los segmentos más virtuosos del actual cine globalizado (Shrek, Andrew Adamson, Vicky Jenson - 2001, Wall – E, Andrew Stanton 2008, Zootopia, Byron Howard y Rich Moore, 2016). 

Un Golpe con Estilo, de Zach Braff (Going in style en el original), más bien se inspira en esas películas de temáticas simples, basadas precisamente en la familia o en relaciones interpersonales fuertes (no en extraterrestres, o monstruos de diverso cuño). 

Películas en las que se acentuaban los rasgos positivos de los núcleos familiares y sociales en forma algo ingenua. De manera lejana podríamos pensar en cintas como La Novia Rebelde (Robert Wise, 1965) como una de las cumbres de este tipo de cine. En tiempos más recientes, en los que ha sido más bien escaso, se nos vienen a la mente títulos como Liberen a Willy (Simón Wincer, 1993) o Juego de Gemelas (Nancy Mayers, 1998) como sus referentes. 

En Un Golpe con Estilo, los protagonistas son tres ancianos en plena jubilación (y al  borde de la muerte en algún caso). El grupo en sí mismo prácticamente forma una familia (dos de ellos viven juntos), y a su vez desarrolla otras ramificaciones en diversos sentidos: uno de ellos cuida a su nieta, otro sufre por estar separado de la suya y un tercero, el solitario, va a enamorarse en el curso de la historia. 

La vida de los ancianos se disloca cuando merced a un ardid administrativo les es arrebatada su jubilación; su esquema existencial se derrumba y el resultado es que merced a una serie de casualidades  terminan convirtiéndose en ladrones de bancos.

El problema de Un Golpe con Estilo , no es su excesiva suavidad y la calidez de sus personajes, más bien esas son sus virtudes. La falla se encuentra en que el realizador utiliza este tono, omnipresente en la historia, para "tapar” sus fallas narrativas. Es más, a momentos da la impresión de que  decidió omitir ciertos mecanismos fundamentales en el guión, tomando como pretexto la ingenuidad de la historia. 

Es el caso, por  ejemplo, del inverosímil acercamiento de uno de los asaltantes a la niña en medio robo, o de la aún más inverosímil respuesta de la misma niña cuando la llevan a identificar al asaltante. También podríamos mencionar los "regalos” que los protagonistas realizan en el desenlace y varios otros ejemplos menores. Ese conjunto de decisiones le quita verisimilitud a la historia, y en vez de fortalecerla en sus intenciones, la debilita.

Un Golpe con Estilo es una película en que prácticamente todos los personajes son buenos, asaltantes, policías, ladrones profesionales, padres que abandonan a sus hijas (pero que luego se redimen). Inclusive el antipático empleado del banco termina siendo gracioso. 

¿Puede funcionar una película con un antagonista tan débil?, en este caso,  de acuerdo a las intenciones de guionistas y realizador, pareciera ser que sí. Con el peso de las debilidades señaladas (y con la virtud de actuar sin ningún tipo de complejo), la cinta se lanza a describirnos un mundo lleno de gracia y picardía inocente, de enredos, confusiones y buenas maneras; eso que se entendía por "encanto” en el cine hasta los años setenta y ochenta. En ese sentido resulta por demás acertada la elección de Michael Caine como protagonista principal; a lo largo de su carrera el actor inglés ha encarnado varios ejemplos de ese tipo de comedia gentil; Alfie (1966), Educando a Rita (1983) y Dirty Rotten Scoundrels (1988), son algunos de los títulos que me vienen a la memoria. También las actuaciones de Alan Arkin y Morgan Freeman son sobresalientes.

Zach Braff, el conocido actor la serie de televisión Scrubs, reconvertido en director, es un realizador que busca contarnos sentimientos simples, sin adentrarse en complicaciones narrativas. Esa tendencia que corroboramos en esta película también se percibió en sus anteriores; Algo en común (2004) y Wish I WasHere (2014). 

Como apunte final, también vale la pena mencionar que la cinta se hace eco de la "realidad” social que actualmente se vive en el Estados Unidos "profundo” (igual que otras cintas tan importantes como Hell or High Water del año pasado); una sociedad moldeada en los ochenta en el neoliberalismo de Reagan, que ni los Clinton, ni los Obama quisieron o pudieron modificar y de la cual ha salido ese fenómeno llamado Trump. Una sociedad en la que merced al "libre mercado”, los bancos pueden robar casi impunemente y los impuestos se les rebajan continuamente a los más ricos. Lamentablemente Un golpe con Estilo  no desarrolla la garra suficiente para llegar a la denuncia punzante. 

Podría decirse que Un Golpe con Estilo es un película anticuada (habría que ver qué tal le va finalmente en la taquilla), pero las risas, las celebraciones de los niños que se oyen en la sala, nos dicen que todavía hay mucho espacio para este cine de humor inocente.

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