Serie de televisión

Fargo, recorriendo las tierras de Trump

El cineasta reseña la serie de televisión basada en la película de 1996, que entonces fue dirigida por los hermanos Coen.
domingo, 9 de abril de 2017 · 01:15
Rodrigo Ayala Bluske cineasta

 

Fargo, la serie de televisión, es uno de los productos más gratificantes, de aquellos que se han generado en la edad de oro televisiva que estamos atravesando. ¿Cómo una película de culto de 1996  se convirtió en una serie de televisión exitosa en el 2014? 

Lo que ocurre es que el crecimiento de las plataformas de distribución cinematográfica y televisiva (televisión por cable, televisión satelital, streaming) ha generado una inmensa  demanda (una plataforma como Netflix estrena más de 100 productos al mes). Y por suerte la televisión, dado que sus ingresos son relativamente más estables que los del cine (especialmente los de las emisoras que cobran una tarifa plana mensual), puede darse el lujo de arriesgarse con historias y producciones relativamente novedosas.

Por un motivo u otro vivimos un tiempo en que los títulos y los temas se repiten de forma reiterada. El Hombre Araña, Tarzán, La Bella y la Bestia  estrenan nuevas versiones mediando lapsos cada vez más cortos. En el caso del cine globalizado los productores tienen la necesidad de llegar a un público mundial en la forma más segura posible y por eso es que recurren a cualquier tipo de material que la gente conozca. En el caso de la televisión, si bien no existe esa presión (por lo menos no al mismo nivel), si hay la necesidad de material cada vez más abundante, por lo que no es raro que los productores "usen” conceptos ya probados en otros momentos.

Algunos analistas han comparado nuestra época con la del medioevo, en la que los juglares recorrían los pueblos contando las mismas historias, con leves variantes, motivados posiblemente por la necesidad de adaptarlas a los nuevos públicos en algún caso, o por el crecimiento creativo del artista en otros. 

Es verdad, en este tiempo ocurre lo mismo, las historias en el cine se repiten, y  varían solo el tono y en el acento, aunque si hablamos del cine global, la motivación  generalmente no es cultural ni creativa sino que más bien está orientada por el olfato comercial. Pero en la televisión, y Fargo es un buen ejemplo de ello, el desarrollo del concepto puede ser virtuoso y enriquecer de manera genuina la versión original.

Fargo, la película de 1996 de los hermanos Cohen, nos trasladaba a la ciudad del mismo nombre, en el estado de Dakota del Norte, casi en el límite de la frontera estatal con Minessota.
 
Ambos estados  son montañosos, y el primero es claramente "rojo”, mientras el segundo es "gris”. La clasificación en colores corresponde a las tendencias políticas del país del norte, aunque más allá de la mera descripción electoral podemos encontrar en ella la entrada a profundas diferencias sociológicas y culturales; el rojo se refiere a aquellas zonas que son claramente republicanas (la base electoral primigenia de Trump), el azul a las zonas demócratas – progresistas y el gris a las de transición. 

Los estudiosos dicen que al hablar de las zonas rojas y azules, prácticamente estamos mencionando a dos países distintos. En las últimas se encuentran las grandes ciudades como Los Angeles y Nueva York, ampliamente conectadas con el mundo, con gruesas capas de una clase media culta y una gran influencia de las nuevas tecnologías, en cambio en las rojas predominan las formaciones rurales, el aislamiento, los grupos religiosos fundamentalistas.

En la "América roja” es donde en las dos últimas décadas fueron tomando forma las tendencias más reaccionarias del país del norte. Allí, (de manera increíble en la nación más avanzada tecnológicamente en el mundo) fueron creciendo las tendencias "creacionistas” que colocaron a Adan y Eva en pie de igualdad con las teorías de Darwin y Einstein, los grupos paramilitares y supremacistas blancos de extrema derecha, los movimientos antiaborto y antiderechos de las mujeres, etc., etc.

Fargo la  película, hace 20  años nos describía puntillosamente ese mundo poblado de seres limitados, portadores de una mediocridad sin fin y víctimas no del destino, sino más bien de sus propias torpezas, las que encadenadas unas con otras conducían inevitablemente a  la tragedia.
 
Las gigantescas llanuras cubiertas de nieve eran el marco ideal para hablarnos del aislamiento de esos seres desconectados del mundo, con pequeñas ambiciones y defectos gigantescos.

Tanto en la Fargo película, como en la Fargo serie de televisión, la historia está basada en el triángulo integrado por la baja autoestima, la  psicopatía y lo que podríamos denominar como una "integridad ingenua”, encarnada por una mujer. En ambos casos el dotante del conflicto es un marido golpeado en su ego por el entorno, que conecta con un asesino de conducta impredecible.  Sin embargo, la principal diferencia entre ambas se encuentra precisamente en la evolución de este último. 

En la película  Fargo  el matón Gaear (Peter Stormare), era, igual que los otros personajes,  completamente elemental; los brutales asesinatos cometidos cada corto periodo de tiempo  eran espontáneos y sin gran premeditación. En la serie, el asesino Lorne Malvo (Billy Bob Thornton) es un personaje mucho más complejo; tiene lo que podríamos llamar un código moral propio (perverso y distorsionado, pero  moral al fin) sus actos son puntillosamente planificados y  definen el carácter de las diferentes situaciones. 

La detallada construcción de este personaje es uno de los grandes atractivos del trabajo de Noah Hawley. La antítesis del asesino, el "factor de redención” en la descripción del ambiente social en ambos casos, está encarnado en la mujer policía Marge (Frances Magdormand) en la película y Molly (Allison Tolman en la segunda). Se trata de seres poco estridentes, casi apagados podríamos decir, pero dotados de persistencia e integridad. En ambos casos también, están acompañados de contrapartes masculinas (marido, novio) que poseen una fuerte carga de pasividad. 

Los seres que pueblan Fargo en ambas versiones son caricaturas, pero esa descripción ridiculizada de la realidad nos es útil para conocer su esencia, ¿acaso por ejemplo, en su momento Woody Allen no utilizo de manera ejemplar la caricatura en Annie Hall(1977), para describirnos la otra "América”, ¿ la de los ambientes hiperintelectualizados de Nueva York?.  

Las dos primeras temporadas de la serie se emitieron por el canal FX de cable, aunque también se pueden comprar los puestos de venta locales. Según entendemos hay una tercera temporada lista para estrenarse este año. 

Ver Fargo hoy es un placer, en la medida en que podemos apreciar el trabajo altamente estilizado en la descripción de los  personajes, la construcción de las situaciones y la relación entre los primeros y el entorno físico, especialmente natural. 

Pero en el mundo del futuro (en el presupuesto de que siga existiendo tal como lo conocemos ahora), sin duda servirá para ayudar a sociólogos e historiadores a entender cómo fue posible que la porción supuestamente más avanzada de la humanidad  hubiese elegido como gobernantes, a un grupo de personas que niega abiertamente los avances más importantes realizados por la humanidad, tanto en la política y los derechos humanos, como en las ciencias físicas, ambientales, etc. 


 

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