Matasuegra

Poder e ideología

El escritor cuestiona el incremento salarial decretado por el Gobierno. Señala que estas medidas deberían ser mejor pensadas de tal forma que beneficien a quienes ganan menos, de tal forma que la brecha de desigualdad se reduzca.
domingo, 21 de mayo de 2017 · 00:00
Willy Camacho   escritor
 

Los indicadores y datos socioeconómicos de instituciones gubernamentales e independientes demuestran que en Bolivia ha disminuido la desigualdad, es decir la brecha entre ricos y pobres.
 
Claro que todo es relativo, pues igual se podría afirmar que si un auto iba a 80 kilómetros por hora y ahora lo hace a 81 kilómetros por hora , ese auto va más rápido. 

La afirmación es correcta, pero para quienes van dentro del auto, ese ligero incremento de velocidad resulta imperceptible. 

Algo así ocurre con lo de la desigualdad, pues si bien la bonanza económica de la última década ha mojado a todos, algunos se han empapado más que otros, más que la mayoría. Los bancos, por ejemplo, han ganado bastante, igual el sector de la construcción, ni qué decir la minería, pero para quienes se baten en las calles manejando un minibús, vendiendo dulces, refrescos o cualquier otra mercadería, la coyuntura económica no ha sido tan provechosa.

Obviamente, si la gente tiene más dinero, puede gastar más y ese rebalse les cae a los comerciantes informales, que componen la mayor parte de la población económicamente activa.
 
Sin embargo, no deja de ser un rebalse, un goteo que salva la vida de un sediento, pero no le quita la sed.

El movimiento económico ha generado oportunidades de negocios, trabajo informal, pero no fuentes seguras de empleo. El Estado boliviano ha sido incapaz de alentar la creación y crecimiento de empresa e industrias; todo lo contrario, muchas se han cerrado debido a la competencia desleal del propio Estado y de un régimen impositivo y salarial que no permite márgenes de ganancia razonables.

Entonces, sin empleo formal, los que más disfrutan del auge económico, a través de medidas como el doble aguinaldo, son los que desde antes ya tenían la suerte de contar con salario fijo, seguro y demás beneficios sociales. La mayoría de los bolivianos queda excluida de esta repartición extraordinaria.

Por otra parte, el doble aguinaldo, como ya escribí en alguna ocasión anterior, triplica la desigualdad. Supongamos que el mayor salario es 100 (de jefes) y el menor 20 (de mensajeros, porteros, etc.); en Navidad, los jefes reciben 300 y los porteros 60, de modo que la brecha original (80) se incrementa a 240. Y como los comerciantes quieren acceder a este beneficio navideño, suben los precios de los productos que venden, pero no los vuelven a bajar una vez pasada la orgía comercial findeañera, generando inflación y sus consiguientes efectos.

También los incrementos salariales indiscriminados provocan que la brecha se amplíe y la inflación crezca. Es lógico que los trabajadores celebren estos incrementos retroactivos que cada año les "regala” el Gobierno, pero ¿por qué estas medidas no son más meditadas? Es decir, más planificadas, con objetivos claros que apunten hacia la reducción de la desigualdad, lo cual sólo es posible si los aumentos salariales benefician en mayor proporción a quienes ganan menos.

Lo mismo ocurre con el doble aguinaldo, ¿por qué quienes ganan más deben obtener este beneficio? Alguien que gana  15.000 bolivianos, con el aguinaldo sencillo recibe   30.000 bolivianos en Navidad, mientras que el que gana   3.000 bolivianos, incluso con el doble aguinaldo, sólo llega a  9.000 bolivianos. ¿No sería más justo, socialmente hablando, que quienes ganan menos reciban dos o tres aguinaldos, mientras que los que ganan más reciban uno o medio? De esa forma sí se estaría haciendo algo efectivo para reducir la brecha, sin contar una modificación al sistema impositivo, que debería establecer impuestos progresivos de acuerdo con  los ingresos y ganancia particulares.

Y para colmo de males, ahora los diputados del MAS salen con la novedad de que se tienen que aumentar los sueldos de  20.050 bolivianos a  21.453 bolivianos, ¡increíble! ¿No les bastaba con lo que ganaban? ¿Acaso no gozan de bonos, viáticos y otros beneficios adicionales? Claro, ellos dicen que no es ilegal. El diputado masista Víctor Borda afirma que sólo se aplicó el aumento  del 7% de incremento decretado por el Gobierno, y que todo está dentro de la norma. Y como el incremento decretado por don Evo es retroactivo, nuestros legisladores han aprobado un documento según el cual debe aplicarse la retroactividad y, por ende recibirán un total de  5.612 bolivianos por los cuatro meses anteriores.

Esto puede ser legal, pero ¿es legítimo o ideológicamente coherente? Se supone que el partido de gobierno enarbola las banderas del socialismo, que se preocupa por la igualdad, la eliminación de brechas, etc. ¿En qué queda todo eso cuando la angurria de los legisladores oficialistas se activa cada primero de mayo?

El nunca bien ponderado Pepe Mujica, expresidente del Uruguay, durante los años que gobernó nunca cobró el sueldo completo, o sea, lo cobró, pero la mayor parte la donó a obras sociales y a su partido. "Sabemos que con estas cosas no cambiamos el mundo en el que vivimos, pero sentimos y multiplicamos nuestro compromiso con la sociedad”, decía Mujica, explicando el porqué de su actitud. 

"Se puede gargantear todo lo que se quiera, pero a la garganta hay que prestarle el bolsillo.
 
Sobre todo cuando el tono central en nuestra garganta es el mensaje de solidaridad con los más pobres, con los desvalidos y los que quedan al costado del camino”. Eso es consecuencia y coherencia, algo que los diputados y senadores masistas desconocen.

Llama la atención el hecho de que el presidente Morales no jale las orejas de sus parlamentarios, pero si consideramos que él mismo no le ha hecho ascos a los incrementos de su propio sueldo, no resulta tan extraño. Además, es lógico que les permita ese desliz, ya que necesita mantener contentos a los levantamanos para conservar el control del Legislativo y, por ende, de los demás órganos del Estado.

Poder e ideología no se llevan bien, menos en la Bolivia del cambio.

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