Historia

Las negociaciones de 1950 entre Bolivia y Chile, y sus recurrencias

Ideas presenta el resumen de un trabajo expuesto recientemente por el autor en Lima, en el Congreso de la Latin American Studies Association (LASA), en el que se revisan las negociaciones entre Bolivia y Chile que resultaron en el intercambio de notas de 1950, antecedente de otras negociaciones como las de Charaña o las de 1987. En esta primera entrega conocemos a los negociadores, Alberto Ostria, el embajador boliviano, y Gabriel González Videla, el presidente chileno, sus coincidencias ideológicas y su mirada común de las relaciones continentales.
domingo, 28 de mayo de 2017 · 00:11
Gonzalo Mendieta Romero  abogado

 

 En este texto -resumen de un trabajo expuesto recientemente  por el autor en Lima- en el Congreso de la Latin American Studies Association (LASA), se revisan las negociaciones entre Bolivia y Chile que resultaron en el intercambio de notas de 1950, antecedente de otras negociaciones como las de Charaña o las de 1987, y que supusieron un giro al consenso chileno-peruano concertado en el Protocolo Complementario del Tratado de 1929. 

En esta primera entrega conocemos a los negociadores, Alberto Ostria, el embajador boliviano, y Gabriel González Videla, el presidente chileno, sus coincidencias ideológicas y su mirada común de las relaciones continentales. El texto original está basado en fuentes exploradas con este propósito, como los archivos del Departamento de Estado de los Estados Unidos de los años 1939 a 1951, además de otras fuentes nacionales y extranjeras.

En 1950, Bolivia y Chile intercambiaron notas en las que acordaron "entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al Océano Pacífico, y a Chile obtener las compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”. 

Aunque no prosperó, la negociación de 1950 alteró la determinación que Perú y Chile adoptaron en 1929. El espíritu del Protocolo Complementario del Tratado de 1929 fue, en teoría, zanjar definitivamente las disputas territoriales entre esos países, y definir la "cuestión boliviana”. 

No por nada, ese tratado fue visto negativamente en Bolivia. La negociación de 1950 fue la primera grieta de ese consenso peruano-chileno. 

Aquí se muestran los patrones de la negociación de 1950, repetidos en intentos semejantes.
 
Varios son inherentes a cualquier negociación, pero su recurrencia dice algo. A la vez, muestran la fragilidad del statu quo de 1929. Una renovada apuesta chilena y peruana de asirse al consenso de 1929 tendría cimientos febles.

En 1929, en el protocolo complementario inicialmente reservado, Perú  y Chile también acordaron las condiciones de eventual cesión a una "tercera potencial a totalidad o parte de los territorios que (…) quedan bajo sus respectivas soberanías. El futuro negociador de Bolivia en 1950, Alberto Ostria Gutiérrez, era en 1929 ministro (embajador) en Perú. Ostria fue quien mantuvo a la cancillería boliviana al tanto de "los documentos que permitieron seguir paso a paso las negociaciones que, obviamente, se realizaban dentro del más riguroso secreto”.

El mismo Ostria, en su obra póstuma sobre las negociaciones de 1950 señala que en 1929 Bolivia, mediante "circular a las Cancillerías de América (…) planteó ‘sus más formales reservas’” y que "si Chile y el Perú pretendían liquidar las consecuencias de la Guerra de 1879, como Bolivia participó en ella, perdiendo extensos territorios y su soberanía marítima, nada habría sido más elemental que haber atendido a esa reparación”.

Precisamente como respuesta de Bolivia al encierro decretado por el Tratado de 1929, una de las más decisivas negociaciones de las conferencias para la paz con Paraguay tuvo como objetivo que Bolivia mantuviera una salida al Atlántico, finalmente conseguida en 1938.

Bolivia, entonces, vino de sufrir dos traumas previos a la negociación de 1950: el acuerdo chileno-peruano de 1929 y la difícil posición boliviana en las negociaciones de la paz del Chaco.

El negociador boliviano y los chilenos

Alberto Ostria fue un abogado, literato y diplomático boliviano. Canciller durante German Busch, Carlos Quintanilla y Enrique Peñaranda, a fines de los 30 e inicios de los 40. Su tarea incluyó las misiones en el Perú, Argentina, Paraguay, Brasil y Chile. En Ostria se condensa el tratamiento de los principales problemas  internacionales de Bolivia. En el caso del Pacífico, a partir de dos de sus hitos, el Tratado de 1929 y las negociaciones de 1950. 

Respecto al papel de Ostria en 1929, un diplomático chileno sostiene: "En conversaciones mantenidas con don Conrado (Ríos Gallardo, uno de los mayores diplomáticos de Chile), supe algo más de las circunstancias que le movieron a incluir la cláusula Art. 1ro. Siendo Ministro de Relaciones Exteriores en mayo de 1929 -me contó-, tuve conocimiento de gestiones que realizaba en Lima el ministro de Bolivia, don Alberto Ostria, para tratar de conseguir se tomara en cuenta a su país para el arreglo de Tacna y Arica, ante el propio presidente Augusto B. Leguía”. 

Conrado Ríos Gallardo ponderó la tarea de sus adversarios bolivianos "…los diplomáticos bolivianos Enrique Finot en Santiago y Alberto Ostria Gutiérrez en Lima: ‘Los dos rivalizaban en habilidad, recursos y procedimientos’”.

Ostria también estuvo en las negociaciones de paz del Chaco, a cuya conferencia asistió como ministro de Bolivia en Lima, en diciembre de 1936, transferido a Río. Ostria negoció con Brasil, además, los Tratados de 1938, por los cuales Brasil reconoció el estatuto territorial boliviano y se comprometió a que "sólo reconocerá y aceptará lo que fuese libremente pactado” por Bolivia en relación a ese estatuto.

Fue Ostria actor resuelto de la apertura del oriente boliviano y la consolidación de las riquezas hidrocarburíferas bolivianas. El gobierno de Peñaranda, del que Ostria fue canciller, temía que fueran apetecidas por la vinculación ferroviaria de Argentina y Brasil, según testimonian los archivos diplomáticos de la Secretaría de Estado de los Estados Unidos.

Ostria Gutiérrez fue un liberal de ideología, y un representante conspicuo del orden elitario boliviano anterior a 1952. Como canciller de Busch, intentó acercar a Bolivia con Estados Unidos y a rechazar todo nexo con los alemanes. 

En los Estados Unidos, por ejemplo, después de la muerte del presidente Busch, el Sr. Andrew Donovan de la división de repúblicas americanas del Departamento de Estado, en un memorándum afirma que el nuevo presidente Quintanilla es fuertemente pro alemán, "pero el retorno de Ostria Gutiérrez al Gabinete es esperanzador”.

Por otro lado, el 29 de julio de 1946, el embajador de Estados Unidos en Chile informaba que la noticia de la designación de Alberto Ostria como embajador en Chile era una señal positiva, pues Ostria "fue el primero en expulsar a un diplomático alemán, y fue el más parcial a favor de Estados Unidos”. 

Bowers agregaba que Ostria era un Liberal y un Demócrata, con mayúsculas. Estas características son relevantes pues coincidirán con la visión "democrática” y anticomunista del presidente chileno, Gabriel González Videla.

Entre los alemanes, recientes investigaciones como la del historiador boliviano León E. Bieber, corroboran la posición de Ostria. Los emisarios comerciales enviados para discutir acuerdos con Busch consideraban que el ministro (Ostria) "estaba dominado por ideas e influencias anglo-norteamericanas” 

Ostria fue un diplomático realista, crítico casi clasista del que llamaba el "tinterillaje criollo” en las relaciones internacionales, al que denominaba "la diplomacia de los juristas”. No obstante, no se le escapaba que el futuro imprimiría otro escenario para el reclamo boliviano, cuando la justicia internacional y el arbitraje obligatorio se impusieran en el mundo.

A la diplomacia tradicional, Ostria le reprochaba su carácter formalista: "investiga los archivos coloniales, acumula documentos, prepara voluminosos alegatos para convencer a un hipotético árbitro de los derechos bolivianos. Es una diplomacia de abogados, de gabinete, académica. Por tal razón, le falta visión panorámica, realista…”. De ella "quedaba sólo la tradición; apego al derecho, culto de los valores espirituales, idealismo”.

Ostria buscó sacar a Bolivia de su aislamiento, conectar el oriente boliviano y preservarlo de las influencias de Brasil y Argentina, además de darle al país una salida al Pacífico, todo auspiciado por una alianza con Estados Unidos. Éste fue su elemento más débil porque ese país prefirió sus intereses de corto plazo, el precio del estaño.

Mientras, el presidente chileno González Videla estaba inicialmente en coalición con los comunistas, pero los echó en 1947. Fue receloso del peronismo y de lo que se le pareciere, como el MNR. En los años 40 González Videla fue ministro de Chile en Francia y coincidió con el diplomático boliviano Adolfo Costa Du Rels, íntimo amigo de Ostria Gutiérrez, con el que trataron la cuestión boliviana. González Videla predijo que algún día "quizás pudieran dar pasos para resolverla.”

El expresidente Víctor Paz Estenssoro, en una serie de entrevistas que concedió a un historiador estadounidense, afirma que (en) "Chile había un Gobierno abiertamente hostil a nosotros”. Y fue así. Por ejemplo, luego de la "Guerra Civil” de 1949 que Urriolagoitia enfrentó y venció contra el MNR, González Videla le envió este cable: "Frente al nuevo intento para derrocar por la violencia las instituciones democráticas de esa República, instigado por elementos que ponen en peligro la convivencia pacífica (…) envío a Vuestra Excelencia los votos que formulo, en nombre de la democracia chilena, por el éxito de los esfuerzos en que patrióticamente está empeñado el gobierno de Vuestra Excelencia...”. 

En ese tiempo, incluso Salvador Allende y Pablo Neruda reaccionaban a favor de la democracia elitaria boliviana y en contra de lo que percibían era un intento de revuelta fascista en Bolivia. Neruda pronunció un homenaje a la "revolución boliviana” cuando cayó el nacionalista Villarroel.
 
Por su parte, Allende, a propósito de la "Guerra Civil” de 1949, sostuvo: "Se ha producido en Bolivia una sublevación militar apoyada en un sector civil de raigambre totalitaria…”. Perón y Allende todavía no podían ponerse bajo la misma bandera. Eso vendría más tarde.

Como en 1975 entre Banzer y Pinochet, aunque es menos conocido, los gobiernos de Bolivia y Chile tenían coincidencias en 1950. Para comparar la identidad política de los actores, vale apuntar que en febrero de 1947, el embajador de Estados Unidos en Bolivia (Flack) cuenta que Ostria le señaló la gravedad de la situación boliviana, que en ese grave trance económico y político, caería bajo el dominio de Perón si no fuera por la ayuda americana. 

Para los chilenos, aunque el gobierno de González Videla enfrentaba problemas con los comunistas, el problema era Perón. Lo avalaban los norteamericanos, al sostener que Perón "por mucho tiempo ha deseado adquirir ventajas especiales para la Argentina en Chile e impulsaría a cualquier grupo (político, se entiende) que esté dispuesto a seguir una política pro-Argentina”. 

De acuerdo a un informe del Departamento de Estado, también buena parte de la población boliviana favorecía acercar vínculos con Argentina, frustrada por las relaciones con Estados Unidos.

Nota:  El texto original está basado en fuentes exploradas con este propósito, como los archivos del Departamento de Estado de los Estados Unidos de los años 1939 a 1951, además de otras fuentes nacionales y extranjeras.

 

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