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El escritor reclama por la poca inversión en salud que el presidente Evo Morales ha realizado en más de 10 años de gobierno.
domingo, 7 de mayo de 2017 · 00:00
Willy Camacho  escritor

 

Tiempo atrás, el periodista deportivo Juan Pastén tuvo la oportunidad de entrevistar al presidente Evo Morales (lo cual, desde ya, es un hecho inusual, dada la renuencia del mandatario a conceder entrevistas a medios nacionales). 

Obviamente, las preguntas de Pastén se circunscribieron al ámbito deportivo, con el obvio afán de que Morales expusiese cuánto ha hecho por el deporte boliviano y cuánto pretende hacer si continúa en el poder hasta el infinito y más allá.

En cierto pasaje de la entrevista, don Evo se salió del libreto e improvisó una justificación tirada de los pelos sobre la falta de inversión en salud, sin que viniese al caso: contó que varias personas le habían agradecido por las canchas de fútbol, diciéndole que una cancha era como un hospital. 

"No lo digo yo, sino la gente”, aclaró rápidamente, pero sin expresar si estaba o no de acuerdo con semejante analogía. Pastén apuró una interpretación, reflexionando sobre los beneficios del deporte para la salud y cosas por el estilo, e inmediatamente cambió de tema para que el lapsus presidencial quedara sepultado debajo de otros asuntos menos engorrosos.

Es indudable que la actividad deportiva incide positivamente en la salud, además que, de manera indirecta, puede ayudar a prevenir problemas sociales, pues si los jóvenes tienen espacios para la práctica de algún deporte, es probable que ocupen su tiempo de ocio en ello y no en pandillas, alcohol, drogas, etc. 

Claro que entregar canchas de fútbol no basta; también se debe invertir en infraestructura y programas de formación en todas las disciplinas. Pero bueno, por algo hay que empezar, ¿no?
Sin embargo, no hay argumento capaz de sostener la idea (osada, absurda) de que un campo deportivo equivale a un hospital. ¿A dónde acude un jugador cuando se fractura el pie? ¿La tuberculosis se puede curar pateando pelota? ¿Cuba tiene más estadios que hospitales? ¿Los médicos le habrán recetado a don Evo más horas de fútbol para eliminar los nódulos de su garganta?

Quizá nuestro presidente no tuvo problemas de salud cuando era un joven dirigente y entusiasta futbolista en el Chapare. Problemas serios, digo, ésos que no se curan con unos mates o caldo de pollo. Tal vez cree que el fútbol le ayudó a tener una salud de hierro y, por eso, generalizando su experiencia particular, entrega canchas por doquier. Quizá piensa que las dolencias que lo aquejaron desde que asumió la presidencia se deben, precisamente, a la falta de actividad deportiva, pues aunque ha jugado más partidos que cualquier otro mandatario en la historia de Bolivia (¿y del mundo?), no puede hacerlo con la frecuencia e intensidad de antaño.

Son meras suposiciones, lo sé, pero quiero creer que el presidente Morales no ha destinado recursos públicos a la construcción de canchas sólo para ganar aplausos/votos con medidas de corte populista, sino porque está convencido de que practicar deportes fortalece la salud de la población. De modo intuitivo, estaría apuntando a la medicina preventiva, pero sin la guía del conocimiento científico, sus buenas intenciones se quedan en eso.

Propios y extraños reconocen, admiran y envidian la intuición política de Evo Morales. No obstante, asumir que su intuición es igual de confiable en el ámbito de la salud (la educación, la justicia, etc.) colinda con la burda zalamería o, peor aún, con la idolatría irracional. En cualquier caso, los colaboradores cercanos del Presidente tienen gran parte de responsabilidad en las malas decisiones que toma, ya sea porque se las sugieren o porque no las cuestionan.

¿Ningún ministro ha sido capaz de decirle que se debería invertir más en hospitales que en canchas? ¿Nadie se animó a decirle que antes de construir edificios o un museo personal urge construir hospitales? Porque esa gente que hoy lo vitorea cuando entrega una canchita (y que supuestamente la equipara a un hospital) mañana le reprochará la muerte de un familiar atendido en un deficiente sistema público de salud. 

Futurología aparte, quienes actualmente padecen dolencias graves saben muy bien que en los hospitales del Estado se necesita el dinero que ha sido destinado a obras nada urgentes.
 
Seguramente los servidores públicos merecen ambientes cómodos para trabajar, pero es cuestión de prioridades: ¿qué es más soportable, algunos años de incomodidad laboral o un mes sin hemodiálisis?

El Gobierno puede argumentar que durante la última década ha invertido en salud mucho más que todos los gobiernos neoliberales, y que la población tiene acceso a atención médica de calidad como nunca antes. Sin embargo, la realidad demuestra algo diferente  de  los datos estadísticos que exponen las autoridades para convencernos de que el sistema público de salud, pese a sus falencias, está mejor que hace 10 años. Una realidad que don Evo conoce, o al menos intuye, y obedeciendo a su intuición opta por buscar tratamiento fuera de Bolivia.

Claro, él puede hacerlo, pero quienes no tienen esa posibilidad deben esperar que un milagro les salve la vida, como ocurre con los pacientes de cáncer, que hace dos años vienen suplicando por la compra de un acelerador lineal para el Hospital de Clínicas de La Paz. Y la reciente firma de un convenio con la ministra Campero, mediante el cual ella compromete 10 millones de dólares para la adquisición del equipo, no disminuye la indolencia del Gobierno, pues no sólo pasaron dos años de súplicas, sino que los familiares de los pacientes con cáncer prácticamente tuvieron que protestar de rodillas en las calles para que pudiesen ser escuchados.

El gobernador Patzi tiene parte de responsabilidad en este hecho puntual, pero lo cierto es que las autoridades regionales tienen limitadas facultades para la ejecución presupuestaria de emergencia, es decir, para autorizar gastos que no han sido incluidos en el famoso POA, además que deben licitar públicamente la adquisición de un equipo tan costoso. Algo que el Gobierno central, como se ve a diario, no necesita hacer. Entonces, a la hora de pesar responsabilidades, la del Ejecutivo es mucho mayor.

Tal vez la salud de don Evo mejore con los tratamientos en el exterior, y quizá sea cierto que el deporte lo ha beneficiado en ese aspecto, aunque también creo que su salud política decaerá duramente si no vuelca su mirada hacia las necesidades urgentes que atraviesa la población.


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