Polémica

El otro lado de la “cato”

El autor cuestiona la postura de esta casa superior de estudios sobre la despenalización del aborto. “¿Cómo una institución puede profesar una fe religiosa específica y dar la bienvenida a quienes no la compartimos?”, escribe.
domingo, 11 de junio de 2017 · 00:00
Henry Arancibia  escritor

 

La Universidad Católica Boliviana  San Pablo  (UCB), la "cato” para los estudiantes, es una institución educativa y privada. Eso implica que se trata de un centro difusor del conocimiento, nunca de un espacio dominado por el capricho de los jerarcas eclesiásticos que la regentan o la arbitrariedad teológica de ciertas autoridades internas. 

Entonces, ¿a nombre de quién se expresó la "cato” cuando, por ejemplo, "participó” en la marcha profanatismo del pasado 24 de mayo? Yo, como autor de la UCB a favor de la despenalización del aborto, quedo fuera de esa representación.

También muchos estudiantes, docentes y demás involucrados con la universidad. Dicho lo anterior, considero necesario aclarar que el presente artículo lo hice a título personal y sin ánimos de involucrar a otras personas con lo expuesto a continuación.

Con el ánimo de comprender el abuso de representación, quizás debo remitirme a "Los principios” contradictorios de la "cato”, descritos en la página web oficial: el primer punto señala la profesión "de la fe católica”; mientras el segundo describe la apertura de la institución a "personas sin distinción de culto, raza o ideología”. 

La contradicción radica en cómo una institución puede profesar una fe religiosa específica y dar la bienvenida a quienes no la compartimos, ni la profesamos. Quizás se trata de un error o de una trampa igual a "piensa como quieras, pero somos católicos y sólo cuenta una opinión y es teológica. Poco importa que estudies en nuestras aulas y converses con tus compañeros en nuestro campus”. 

Entonces, ¿es una condición implícita de la universidad el monopolizar la opinión? Sólo de ese modo se explicaría por qué ciertos funcionarios se atribuyan la potestad de hablar, publicar o marchar en nombre de la UCB. 

El cuarto principio redactado, a mi parecer el más importante, invita a la "denuncia de verdades incómodas en función del bien común”. Las verdades incómodas suelen ser el producto por excelencia de la investigación científica, una de ellas, por ejemplo, es la falta total de evidencias sobre la existencia de dios, pero ese es otro tema.

Si se promueven las "verdades incómodas”, es incoherente presentar una "posición” amañada sobre el aborto, con esto me refiero al documento repartido a la prensa por las personas que dicen ser  la Universidad Católica Boliviana.

El documento es una "postura” estratégicamente manipulada, pues cita la definición de "objeción de conciencia”, atribuida al doctor Antonio Millán Garrido (quien, dicho sea de paso, construyó el concepto en relación con la legislación militar de España); pero señala conceptos de "ciencia médica” y "traumas psicológicos” carentes de citas o referencias.

En el penúltimo párrafo, la "postura” señala que el aborto "atenta contra la familia”. Se trata de en un claro juicio, directamente condenatorio, en contra de las mujeres quienes interrumpieron o planean interrumpir su embarazo, entre quienes quizás (y sólo quizás) se puedan contar a estudiantes de la "cato”. 

Además, es una absoluta falta de respeto ante quienes murieron en el intento. Vaya forma de culpabilizar a quien decidió o decidirá no ser madre bajo altos riesgos. Vale añadir que tal criterio juzga indirectamente a los divorciados, huérfanos, solteros y demás personas no pertenecientes al modelo tan cristiano de papá, mamá e hijos dentro de una misma casa. Una ofensa al mejor estilo del manda más de FIDES.

Con respecto al abordaje en materia legal del documento, sólo señalaré que intenta forzar la percepción de que existe una eventual despenalización del aborto con la modificación del artículo 157 del Código del Sistema Penal. Nada más lejos de la realidad. El artículo en discusión sólo pretende agregar causales, las cuales no son iguales a soluciones. La despenalización, que considero urgente, todavía es menospreciada y agregar causales es insuficiente, más aún si estas se aplican tan sólo en las primeras ocho semanas de gestación. De todos modos, el proyecto de modificación del artículo despertó la ira de los abogados del diablo que redactaron la "posición” de la "cato” y algún otro ocupante del Ministerio de (in) Justicia.

Con tanta arbitrariedad y autoritarismo, sólo se logró desprestigiar  a la UCB. Se redujo su potencial investigativo a la difusión de los dogmas convenientes para las iglesias cristianas. Se despreció la opinión de varios integrantes de la universidad, por el capricho de los patriarcas conservadores. Se deshizo un rol educativo para difundir posturas antiabortistas sin sustento. Por eso me permito recordarles a quienes hablaron en nombre de la "cato”, en los casos antes citados, que pueden tener una mayoría de estudiantes y empleados conservadores, pero a la UCB también la componen una amplia cantidad de personas con diversos puntos de vista.

La "cato” no sólo son sus curas o unas cuantas autoridades, la "cato” también son los estudiantes, los docentes, el personal administrativo, los encargados de la seguridad, el personal de limpieza, los empleados de la cafetería, los integrantes del coro y de las academias de danza y teatro (espero no olvidar a nadie). Incluso me animo a incluir en la lista a los fotocopiadores y a las vendedoras de dulces. 

La  "cato” es un microuniverso en el que cada habitante tiene una postura personal sobre distintos temas. La "cato” no es una granja de humanos al mando de San Pablo. En la "cato”  muchos pagamos para aprender, jamás para que nos involucren con las opiniones ajenas. En pocas palabras, la "cato” va más allá del uso de su nombre.








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