Política

La democracia como un demo player

El abogado Marcelo Arequipa señala que la democracia boliviana es similar a un eterno debut que no queremos estrenar.
domingo, 4 de junio de 2017 · 00:00
Marcelo Arequipa Azurduy politólogo y docente universitario

 

Quisiera comenzar diciendo que aquí me hago eco de dos columnas anteriores: Gonzalo Mendieta (29.04) y Jorge Patiño (14.05), ambas tratando el tema de la democracia. A pesar de los politólogos que al parecer no logramos trascender de las paredes universitarias y resonar como los citados (uno abogado y el otro matemático), a favor de ellos Aristóteles se levantaría diciendo que todos debemos estar involucrados en el debate de lo público a no ser que sean dioses o bestias. Dado que no somos ninguna de las dos cosas pues celebremos que podemos conversar de esto.

La historia muestra que el incremento de países democráticos nos enfrenta con una paradoja, en la que uno podría sentirse alentado porque la democracia se expandió y pareciera echar raíces a lo largo y ancho del globo, pero luego si vemos el creciente descontento contra este sistema entonces estamos frente a un desafío, el ejemplo aquí son los datos de Freedomhouse que nos muestra que de haber tenido en 1972 unos 44 Estados democráticos, pasamos hoy a 117 de un total de 195 países.

Para alejarme de aquella lógica binaria de si es o no es democracia, sigo entonces el criterio de la escala de grises para evaluarla, con la que entiendo los colegas mencionados también coinciden; aquí creo que mucho nos aporta el último informe de la Asociación Boliviana de Ciencia Política (ABCP) que contiene datos relevantes sobre el estado de nuestra democracia.

En una escala de evaluación de la democracia que va de 1 al 10, algunos datos llaman la atención: como por ejemplo que Participación política tenga un 5,37; Rendición de cuentas electoral 4,91; y el tema del Estado de Derecho con 3,73, cuyo principal objeto de crítica es hacia el sistema judicial. Paradójicamente, el informe de la ABCP nos muestra con sus datos que estamos en una coyuntura parecida al 2010, cuando se suponía que el MAS estaba en la cresta de la política, y no como muchos afirman hoy que de estar en la cresta de la ola ahora está en caída libre.

Por otra parte, en relación a lo que hacemos y somos los ciudadanos como sujetos democráticos  podríamos comenzar diciendo que si en algo estamos fallando es en asegurar que la democracia sea entendida y practicada como instrumento del ejercicio plural del poder, en el que vayamos más allá de asociar el ejercicio democrático con el voto. Una de las formas más efectivas de pasar de ser electores a verdaderos demócratas diría Freidenberg (2017) es saber que cuando pierdes una elección convencido de que tu opción es la mejor pero aún así sigues creyendo en la democracia, entonces habremos dado el salto hacia un sujeto democrático. 

En esta línea, un par de datos del informe: a) la gente que dice que los partidos promueven poco el debate ronda el 57%, esto nos presenta otra paradoja de la democracia: les exigimos debate pero cuando se debate abiertamente llegan a cansarse y les criticamos del porqué no toman decisiones; b) las organizaciones promueven la participación pero no el debate, ¿aquí deberíamos pensar en que quizá entendemos el debate como un combate de quién gana o pierde y no como un intercambio de ideas? 

¿No seremos nosotros también los causantes de esto? Porque cuando se evidencia el dato de que las preferencias políticas 34,5% son un factor de discriminación es que estamos yendo a una lucha entre verdades absolutas.

No hay que desanimarse con los datos mostrados, sino es momento de reflexionar en torno a, por ejemplo, aquello que Klaus von Beyme (2001) nos advertía: "La mayoría de los sistemas en transición se están democratizando, pero es poco probable que el resultado final de este proceso sea la universalización de la democracia. Resulta más probable la aparición de anocracies, una mezcla de anarquismo y autoritarismo. Los teóricos políticos han de enfrentarse a la posibilidad de retrocesos en las democracias consolidadas”.

Por tanto, yo diría que el futuro no es tan gris como plantea Patiño "que una democracia tenga los cimientos en ruina”, aquí me apoyo en aquello que Safranski (2017) dice que la reinvención de la democracia es algo permanente porque siempre podemos volver a la disputa de preguntas de la vida en común, porque la democracia vive solamente cuando comienza consigo misma, sólo así podemos seguir mostrando al resto que nuestra democracia es algo como un eterno debut de un demo player que queremos estrenar.


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