Crítica

¿Despenalización del aborto? Preferiría que no

La autora crítica el discurso y la política gubernamental sobre el tema y plantea que una despenalización condicionada es todo excepto aborto libre.
domingo, 4 de junio de 2017 · 01:06
Aurora Hooks feminista, profesora de filosofía y escritora.

 

Este no es un texto pro-vida sino una reflexión crítica por el aborto libre. Por eso mismo esta reflexión es una ofensiva contra la hipocresía de los funcionarios del Estado y una llamada de atención a las voces activistas que muchas veces, malgré elles, corren el riesgo de aportar menos al horizonte de subvertir, de lo que aportan al propio poder.

¿Qué entender cuando un alto funcionario del Estado hace una declaración contradictoria con respecto a la cuestión del aborto como "Lo mejor es que la mujer se pronuncie, que la mujer diga, que la mujer debata, que las mujeres discutan, porque ellas son las directamente involucradas; y las instituciones machistas por estructura y por funcionamiento”, para luego aclarar que lo que se discute no es la posibilidad de una legalización del aborto? 

Este tipo de afirmaciones se refieren a la transformación y/o renovación del régimen de sexualidad patriarcal: Lo que sucede en el presente en la Asamblea Legislativa es, meramente, una discusión sobre cómo se llevará a cabo el gobierno sobre el cuerpo y la agencia de las mujeres en adelante.

El gobierno del sexo se da a partir de la generación de un régimen de sexualidad: se habla más de sexo, se lo categoriza, se lo hace más inteligible y a la vez catalogable, a través del despliegue de una serie de tecnologías intelectuales que combinan de manera hábil un discurso científico y patrones morales renovados y encubiertos. 

No es a través de la represión de lo que se puede decir sobre el sexo sino, paradójicamente, a través de la incitación a hablar más de sexo que se establecen los dispositivos para gobernarlo.
 
Se promueve la ilusión de que la mujer se puede pronunciar, puede decir, debatir y discutir; el falso afecto de pensar que en verdad está "involucrada”. Por último, se impulsan políticas para gestionar lo anterior, como es el caso de la despenalización del aborto.

Con el concepto de régimen de sexualidad patriarcal me refiero a cómo se ejerce el poder sobre el sexo en el contexto del capitalismo contemporáneo. 

El ejercicio del poder, el gobierno de la población tiene lugar a partir de la generación de ‘afectos’ que anulan la potencia de los sujetos. Es decir, el poder en el capitalismo contemporáneo se ejerce a partir de la generacion de condiciones aparentes de bienestar que conlleven a que sea la propia población la que se gobierne a sí misma. 

Esta es una de las principales condiciones para la modernización de los dispositivos del poder, y que siempre va de la mano con el avance de las relaciones capitalistas de producción. 

Estos señalamientos apuntan a la relación estructural que existe entre el patriarcado, el Estado moderno y el capitalismo. El gobierno de la población a partir de la gestión de la vida, en el marco del desarrollo histórico del capitalismo, se ha fundado desde sus inicios en el establecimiento de dispositivos de gobierno sobre el cuerpo de las mujeres.

 El régimen de sexualidad al que me refiero en el párrafo anterior tiene que ver principalmente con el sexo de las mujeres, el disciplinamiento y la gestión de su goce, y el aseguramiento de que su vida sexual cumpla su función socioeconómica: la reproducción gestionada de la mano de obra. Este régimen amplía las discusiones en el nivel institucional sobre la sexualidad y la reproducción, como asuntos que le competen al Estado, porque en última instancia éste es el encargado de gestionar la vida de sus súbditos, la salud como el cuerpo de la mujer son asuntos públicos.

Esto me permite volver a las declaraciones de funcionarios del Estado, como la citada al principio, que aparentemente buscarían transgredir desde el Estado el orden discursivo arcaico eclesial, o aparentan promover políticas progresistas y vanguardistas. ¿Acaso el Estado no es una "institución machista por estructura y funcionamiento”? Por supuesto que lo es, cualquier hesitación al respecto no sería más que una demostración de idiotez. En el presente asistimos a una discusión entre instituciones machistas por estructura que plantean un régimen de sexualidad renovado, e instituciones machistas por estructura que salen en defensa del "antiguo” régimen de sexualidad. 

En ambos casos, se movilizan voces activistas que no hacen más que confirmar la idea foucaultiana del "gobierno de sí y de los otros”, a partir de adherirse a alguna de estas lecturas institucionales que siguen haciendo del cuerpo de la mujer un asunto público. Entendiendo lo público como algo que tiende a ser monopolizado por las estructuras del poder.   

El debate actual sobre la despenalización condicionada del aborto no es otra cosa que una discusión en (o al interior de) el patriarcado, por el patriarcado y para el patriarcado. ¿Y las voces activistas críticas? Tienen ante sí el desafío de dar cuenta de esta cuestión, de lo contrario corren el riesgo de reforzar el propio régimen de sexualidad. 

Después de todo hablar más sobre sexo y sus derivas no implica necesariamente subvertir el gobierno sobre el mismo, al contrario, usualmente implica contribuir al orden discursivo dominante. Despenalización condicionada del aborto es todo excepto aborto libre. Porque la única posibilidad de un aborto libre es más allá del régimen de sexualidad implantado por el poder.

 

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