Letra Siete

Oda al Departamento de Astucia y Oscuridad Total

Fragmento del texto leído por el autor en la presentación de Miedo y asco en Cambridge, la novela que Alison Spedding escribió en inglés antes de la trilogía de Saturnina, y que acaba de presentarse en español.
domingo, 2 de julio de 2017 · 00:00
…Nadie ignora que el mundo de las drogas, los desenfrenos, el borde con el exceso, es nomás atrayente para ciertos jóvenes y lo es más cuando no se trata de lo mismo de siempre. 
 
Alfonso Canales, por ejemplo, insiste en que E. E. "Cummings sabía que sólo es la juventud la que consagra: por eso le interesaba, sobre todo, tener un ámbito juvenil de lectores, como meta mucho más deseable que la de conseguir el premio Pulitzer”.
 
El punk no es que vuelve a estar de moda, sino que vuelve a cobrar sentido a pesar de que la represión sigue siendo la misma, la de la policía, la de la sociedad (muy a nuestro modo de consumo) que le da cierto sentido a continuas identificaciones, que van del punk al post-punk, al ñu-punk o al metal (en todas su variaciones) o al blues y algunas electrónicas donde el punto común es la capacidad de "colocarse”.  Colocarse en todos los sentidos de la palabra, con más o menos sentido.
 
Entonces surge la duda, ¿cómo es el yonki "nashonal”? ¿Cómo debería ser este yonki, si existe? ¿Debería ser la repetición de escenas de Trainspotting (que pese a las diferencias culturales y a pesar del año, 1993, terminó siendo un libro y una película de culto)?
 
Cuando alguien como la Spedding, con quien uno puede chocarse merodeando por la UMSA, escribe una novela, no de yonquis bolivianos, pero muy similar a Trainspotting, esta pregunta vuelve a aparecer. 
 
Una novela yonki
 
Claro que uno tranquilamente podría prescindir de este tipo de preguntas porque al fin y al cabo, esta novela, Miedo y asco en Cambridge, es una novela ambientada en una Inglaterra tatcherista, la Inglaterra de los años 80. Una novela yonki, parodia de un ícono de la literatura beat, Miedo y asco en las Vegas de Hunter S. Thompson (1973), pero con la diferencia de que, en su transcurso, las voces de los personajes tienen cierta familiaridad, suenan a lo que uno está acostumbrado a escuchar en las calles y, cómo no, le recuerdan a uno a Narciso y a Segundino, personajes de El viento en la cordillera.
 
Miedo y asco en Cambridge, novela rechazada a fin de los años ochenta, según la autora, por varias razones, entre ellas porque se trataría de una novela de la subcultura de las drogas, porque no es una novela de "fantasía” como la trilogía que la habría precedido allá en Inglaterra, o porque en ese entonces, como dice la misma Alison, las desgracias de drogos desempleados no eran temas aptos para la literatura hasta que llegó Trainspotting de Irving Welsh y popularizó varias escenas de yonquismo y por su culpa a veces uno mismo, en la mismísima La Paz, se pone a anhelar que la heroína se ponga de moda mientras anda buscando baños públicos completamente grafiteados para sacarse una foto a lo Renton.
 
La historia, el tratamiento 
 
La novela de la Alison narra con humor negro (como siempre) la triste y desesperante cotidianidad (escrita en formas de tenebrosos laberintos burocráticos) del desempleo de los jóvenes de una ciudad universitaria, en que todos se ven sometidos a un rígido y castrante sistema de control de la administración pública. 
 
Pere Trowser ve su primitiva condición de ciudadano, reducida a tener que visitar las oficinas de la "DAOT” (Departamento de Astucia y Oscuridad Total) para deletrear su apellido una y otra vez y tratar de convencer que su situación es desesperante a los burócratas de turno, que necesita una "ayuda urgente” de la oficina de desempleo, la cual sin embargo le muestra la crueldad de un tipo de racionamiento de un ente sin cabeza ni cerebro pero con muchas reglas que deben ser cumplidas. 
 
Hay una carrera contra reloj entre esperar un giro de la oficina del Seguro Social, evadir a una Policía compuesta por agentes secretos de nombres ridículos, encontrar un poco de piedad en Ewan, el Paranoico, que, como todo buen dealer, lleva su "noia” a límites bastante comprensibles.
 
Entre la desesperación de Trowser, la "noia” de Ewan, y escenas sexuales y escatológicas, el lector puede construir un espacio de perfecta imaginación con la incesante aparición de pies de páginas que explican particularidades de la cultura inglesa, tanto en su jerga como en sus modismos o referencias icónicas de los años 80.
 
De ahí que, en la novela, al haber un consumo sin clemencia ni medida, se derrama música en cada página. La música crea la atmósfera adecuada para identificarse con ciertas acciones, pero no a lo High Fidelity de Nick Hornby, 1995. Acá, en Miedo y asco en Cambridge, no hay listas cursis de temas musicales que han sido hechas para ocasiones determinadas, pero, eso sí, uno se encuentra con The Clash, Joey División, Peter Tosh y estilos musicales como el punk, el ska o el dub, razón por la cual el lector se encontrará con un disco que hará de soundtrack con la que bien puede acompañar lo narrado.
 
Lamentablemente no puedo referirme a los guiños o referencias que menciona la autora a la obra de Thomas Pynchon, ya que no he tenido la oportunidad de leerlo, pero la intertextualidad le interesa al lector en el sentido mismo que se le da y no en la búsqueda de aspectos externos que generan significaciones culturales que le son ajenos, de ahí que es más fácil entender esta narración como un complejo sistema de vigilancias, la ridiculización de la policía, la prohibición de la vagancia y la mentira, las relaciones entre las drogas y la sucesión de días que hace que tengan sentido por sí mismo: el próximo tronche o la hora del té como hitos del día a día.
 
La marca Spedding 
 
Doris Lessing decía que el autor o la autora de una narración son  todos los personajes de su novela, o sea que alguien que ya ha leído otras novelas de Spedding seguro encontrará pequeños y grandes detalles que son la firma de la autora. 
 
Las referencias, lejanas aún, a Bolivia, encarnadas en la aparición de por ejemplo del grupo "Alfonsín y sus tres Yuqallas”, son en parte ya la despedida de Inglaterra de la autora. La despedida de una sociedad tatcherista que tenía entre muchas cosas una idea clara: "no hay ningún tipo de obligación hacia los pobres. El que es pobre es porque se lo merece y que ha terminado configurando una generación que se ha repetido en diversos lugares” 
 
De ahí que este retrato de Cambridge no es el Cambridge al que a uno le enseñan a aspirar entre farras de tecnócratas, sino el Cambridge culo de Cambridge, donde están los k’olos y afuereados del sistema, los que se la terminan bancando, incluso haciendo de souvenires para turistas, para que el sistema siga funcionando, aunque tengan que acabar en el río de la ciudad.
 
"En Miedo y asco en Cambridge uno se encuentra con The Clash, Joey División, Peter Tosh y estilos musicales como el punk, el ska o el dub”
 
Óscar Martínez Escritor

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