La trampa de Tucídides

La guerra que los hombres de Trump y el Gobierno chino intentan evitar. En ella se juega la suerte del planeta.
domingo, 2 de julio de 2017 · 00:00
Mientras demócratas y grandes medios de Estados Unidos acarician la posibilidad de que la investigación del FBI contra Trump por relaciones infieles con Putin derive en su destitución, los hombres más encumbrados de la Defensa estadounidense reflexionan en estos días sobre un peligro de mucho mayor calado. 
 
No sólo para su jefe (sería lo de menos), sino para el imperio y el orbe: ¿cómo evitar que se cumpla la trampa de Tucídides?
 
Tucídides, de quien académicos estadounidenses críticos del nivel de cultura de sus políticos dicen que es un nombre que la mayoría de ellos tendría que ir a buscar en Wikipedia, es uno de los mayores historiadores de la antigua Grecia. De hecho, La guerra del Peloponeso (431 a.C.), donde narra la conflagración entre Atenas y Esparta hace 2.500 años, debería ser de lectura obligada en escuelas y cuarteles.
 
La trampa de Tucídides, un término acuñado por el renombrado politólogo estadounidense Graham Allison en su libro homónimo de 2012, tiene una formulación sencilla, pero entraña una gran complejidad histórica: "Toda potencia actual terminará en guerra con una emergente”. Salvo excepciones. Pocas.
 
Allison, quien ha reiterado en distintos papers la teoría, aunque sin mayor resonancia popular, lo describió hace pocos días con lujo de detalles en una suerte de retiro intelectual en la Casa Blanca a varios de los hombres más poderosos de Trump y, en los hechos, del planeta: la cúpula civil y militar de la Defensa estadounidense. 
 
Según Politico (sin acento), la influyente publicación basada en Arlington, Allison amplió entonces detalles de su libro publicado hace tres semanas Destined For War, Can America and China Escape Thucydides’s Trap? (Destinado a la Guerra, ¿pueden EEUU y China escapar de la trampa de Tucídides?).
 
Allí, además de formular con precisión la tesis incorpora estudios realizados por su equipo de académicos, como él, de un prestigioso instituto político de Harvard. Según ellos, de las 16 ocasiones en que se registró en los últimos 500 años la coincidencia de una potencia actual con una emergente, 12 terminaron en guerras de destrucción.
 
¿Inevitable?
 
Allison, sin embargo, cree que el énfasis en la ineluctabilidad de que se repita la historia es un "hipérbole” del griego para llamar la atención a las generaciones futuras sobre la necesidad de hacer lo posible para frenar futuros enfrentamientos.
 
El hecho de que el 75% de los casos de similares características a las que hoy se registran entre EEUU, un imperio actual aunque en decadencia, y uno emergente y vigoroso, China, hubiera terminado en guerra habla precisamente de cuánto las élites y dirigentes, Ilustración de por medio (S. XVIII), leen y reflexionan: poco y nada.
 
El académico de Carolina del Norte se hace eco del presidente chino Xi Jiping (a su vez admirador del trabajo del norteamericano), quien desde 2013 viene manifestando, la última vez este año en la ONU, su temor a esa guerra. "En la medida en que mantengamos la comunicación y nos tratemos con sinceridad, la trampa de Tucídides puede ser evitada”, ha dicho el mandatario, que antes había sido más explícito: "Necesitamos trabajar juntos para evitar la trampa de Tucídides, las tensiones destructivas entre potencias emergentes y establecidas”.
 
Xi ha demostrado saber más del historiador griego que los políticos estadounidenses en reiteradas oportunidades. En 2015, por ejemplo, mencionó la "trampa” ante un Obama algo desorientado. 
 
Fuentes del Pentágono sostienen que, en su visita a EEUU de abril, el mandatario asiático, acompañado de jefes de su ejército, hablaron de la trampa de Tucídides con sus contrapartes. En los hechos, Xi manifiesta la determinación de evitar la temida guerra desde antes de que republicanos y demócratas se enteraran de quién era ese griego de mal agüero que ahora empieza a obsesionar a algunos de ellos.
 
La opinión de Bannon
 
Del retiro intelectual de la semana pasada también participó Steve Bannon. El exmilitar, ex Wall Street, periodista y cerebro de la victoria de Trump, es un confeso estudioso de Tucídides. De entre sus allegados surgió la anécdota de que durante un buen tiempo utilizó como contraseña de su computadora "Sparta”.
 
Bannon es más escéptico respecto de la posibilidad de evitar una guerra con China. El feroz enemigo del marxismo cultural es de la opinión de que es inevitable y que acaecerá en el lapso de los próximos cinco a 10 años. Sospecha, además, que el temor podría ralentizar la política exterior de su país.
 
En sus comentarios sobre el nuevo libro de Allison, el analista del Washington Post Joshua Rovner sostiene que la guerra es un peligro real, que el punto de conflicto se centra en el Sudeste Asiático y que el primer movimiento de EEUU, en caso de llegar al extremo, será neutralizar las comunicaciones del Ejército chino: una guerra cuyo primer teatro de operaciones serían los códigos binarios. No podía ser de otra manera. 
 
Rovner cree que la única forma de impedir la conflagración es que chinos y estadounidenses se alejen de cualquier espacio de disputa que pudiera encender la chispa. Algo que no parece tan sencillo si volvemos a Tucídides, para quien las causas de la guerra son siempre las mismas: "Los intereses, el miedo y el orgullo”.
 
Al margen de los pronósticos sombríos y vista la convicción de Xi y de la intelligentsia estadounidense de frenar lo que sería un anticipado apocalipsis, Allison considera que, de llegar a un acuerdo, EEUU y China terminarían forjando una suerte de alianza que dejaría fuera a la Rusia de Putin. Casualmente, la contraparte de esa supuesta sociedad inconfesable motivo en estos días de la guerra contra Trump de una parte del establishment, y que podría sellarse con su alejamiento de la Casa Blanca. 
 
Allí donde aún resuenan las palabras de Allison: "La suerte de EEUU (y del planeta) se juega en no caer en la trampa de Tucídides”.
 
Álvaro Zuazo / Periodista
 
"Fue el ascenso de Atenas y el miedo a ello inculcado en Esparta lo que hizo inevitable la guerra”: Tucídides.

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