Letra 7

Adolfo Cárdenas: “Escribo por compulsión”

Vidas y marginarias es la última colección de cuentos del autor paceño, que será presentada en la FIL 2017 por Editorial 3600.
domingo, 06 de agosto de 2017 · 00:00
Willy Camacho Escritor

No cabe duda de que Adolfo Cárdenas Franco (La Paz, 1950) es uno de los escritores más importantes de la literatura boliviana. 

La afirmación puede sonar exagerada, pero si se considera que Adolfo comenzó a publicar en 1983 (Alajpacha), que tiene siete libros de cuento publicados y que su primera -y hasta el momento única- novela, Periférica Blvd. (2004), tiene múltiples reediciones e incluso ha sido adaptada al cómic, además de que es, desde su edición príncipe, una de las más vendidas en la Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL), estamos ante evidencias que confieren alto grado de veracidad a la afirmación planteada de inicio.

Algunos críticos lo consideran el cuentista de mayor importancia en nuestra tradición literaria, aunque, para ser honestos, también hay gente que no lo tiene en un pedestal, quizá porque su obra tiene un gustito muy paceño, muy colla, y eso remite a un centralismo que en otros departamentos no es bien visto. Como sea, nadie niega que se ha ganado un merecido lugar entre los escritores más destacados de Bolivia; por eso, cada nuevo libro que lanza despierta la expectativa de los lectores, y Vidas y marginarias no será la excepción. Esta última colección de cuentos será presentada en la FIL 2017 por la Editorial 3600, y de eso, entre otras cosas, hablamos con Adolfo Cárdenas, mientras nos servíamos un fricasé.

Literariamente, ¿con qué autores bolivianos dialogas en tu obra, quién es tu mayor influencia?

Hay contactos con algunos, pero son extraliterarios, no hay una influencia directa de ninguno de ellos; de hecho conozco a muy pocos. Históricamente, admiro lo que admiran todos, Cerruto y Céspedes, que son dos íconos de la literatura nacional. Y por ahí ando, un poco entre el realismo grotesco y el realismo mágico, porque es parte de la cotidianeidad de este país.

Sin embargo, los escritores bolivianos no han logrado incorporar, salvo contadas excepciones, ese aspecto mágico/místico de los pueblos originarios en su poética...

El problema es que la dinámica política de Bolivia lleva al escritor, muchas veces, a hacer una especie de "letras de urgencia”; entonces, se toma a la literatura no como una finalidad, sino como un medio de hacer denuncia política. Ahora que ya llevamos unas décadas de vida democrática, el escritor tiene la posibilidad de proponer otro tipo de estéticas, pero, entre tanto, el globo del realismo mágico-mítico ya se ha desinflado, ya no tiene mucho sentido, y como en América Latina, en general, no tenemos discursos estéticos propios, copiamos lo que viene de afuera nomás. Por el momento, la gente que escribe está tratando de hacer una especie de "narrativa erudita”. Salir de esa propuesta es difícil, porque el peso de la influencia es grande.

O sea, ¿crees que los escritores que surgieron tras la restauración de la democracia no han podido consolidar una propuesta estética latinoamericana?

En cierta forma, sí, y creo que en esto ha influido un grupo en el que Edmundo Paz Soldán estaba inscrito, "McOndo”, que de pronto, a partir de una declaración tremendamente superficial, destrozan todo lo que la gente inmediatamente anterior había logrado, que fue imponer una literatura muy recargada, barroca si se quiere, como una propiedad estética latinoamericana. Ellos (McOndo) pretenden que no es así y tratan, precisamente, de "internacionalizar” su literatura, con lenguaje neutro, temas "universales”, etc.

Jaime Sáenz también exploró los márgenes de La Paz, ¿qué opinas de él y de su obra?

Mi respuesta es un tanto oficial, en el sentido de que Sáenz es quien, con Felipe Delgado, inaugura cierto tipo de narrativa en la que la ciudad es la protagonista. A veces creo que se lo ha magnificado un poco, pero está bien que sea un referente de la ciudad, literariamente hablando.

Solo has publicado una novela Periférica Blvd., y a pesar de que tuvo un éxito enorme, luego no volviste a presentar narrativa de largo aliento. ¿A qué se debe?

Bueno, actualmente estoy escribiendo otra novela, cuyo título provisional es "Domi de nadies”, pero aún no sé cuándo será publicada. Evidentemente, siento predilección por el cuento; siempre he entendido la factura del cuento como algo casi preciosista, y no tengo ese mismo criterio sobre la novela. En la novela puedes imponer una sumatoria de anécdotas de toda clase y convertirlas en algo que se puede llamar "novela”. El cuento es muy exacto, es casi una labor de relojería.
 
Entonces, escribo novelas para descansar un poco de la factura del cuento, que para mí es muy dificultosa.

¿Cuánto tiempo le dedicas a la escritura, en qué momentos prefieres escribir?

Escribo en cualquier momento, no tengo una disciplina preconcebida. Al respecto, una confesión periodística que me ha impactado, por lo estúpida, ha sido la de Hugo Boero Rojo -un traidor banzerista, encima-, que decía que entraba a su escritorio a las 8 de la mañana y salía a las 4 de la tarde, o sea, se pasaba el día escribiendo. Es tan absurdo y artificial como el helado de palta. Yo escribo por párrafos. Se me ocurre un párrafo y lo escribo, luego de un par de días se me ocurre otro y lo añado, así voy construyendo los textos.

Las ideas, los temas de los relatos, ¿de dónde surgen?

De la observación constante. Siempre recomiendo a los jóvenes escritores que tengan una libretita a mano, donde puedan apuntar ideas que aparecen en los momentos menos pensados, en el minibús, en el mercado, etc. Aunque, también debo confesar que muchos de mis cuentos son de corte, digamos, biográfico, porque me baso en la vida de amigos o conocidos, pero casi siempre procuro proteger sus identidades verdaderas, claro que la gente allegada los reconoce de inmediato.

Se dice que los escritores escriben para un lector ideal, ¿cuál sería el tuyo?

Honestamente, no sé. Todas las respuestas que he leído al respecto me parecen terriblemente pedantes. A estas alturas escribo simplemente por compulsión, porque no puedo hacer otra cosa, ya es tarde. Me he acostumbrado a mirar la realidad a partir de un proyecto narrativo.

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