Letra 7

Teatro: drama y poesía

El teatro y la literatura son inseparables y, a pesar de que tienen grandes diferencias, las une la palabra y la acción. Este ensayo usa como ejemplo La Odisea de César Brie, del Teatro de los Andes.
domingo, 17 de septiembre de 2017 · 00:00
Óscar E. Jordán Arandia Escritor

El trabajo del dramaturgo es un quehacer literario, por supuesto, y la forma de la que se sirve para el decir es la poesía. En la representación, los actores dan acción y gesto a esas palabras, las transforman con su cuerpo y las vuelven objetos, cosas, entes en el mundo. Por eso el teatro y la literatura son inseparables, pero tienen sus grandes diferencias.

Muchos artistas y escritores huyen, como si se tratara de la peste, cuando se les pregunta ¿por qué la dramaturgia es un género literario? ¿Qué relaciones existen entre el teatro y la literatura? ¿Será el drama la esencia del arte escénico? He perdido a un par de amigos por culpa de este debate y ni así dejo de poner, otra vez, sobre el tapete esta discusión.

Pues resulta que el teatro y la literatura actualmente se combinan de tal forma y tan separadamente que a veces se confunden las características de una en detrimento de la otra. Se olvida que, en esencia, el teatro es un drama representado, es una palabra hecha gesto y movimiento, es una imagen narrativa que se sale de la idea y se vuelve un "acontecimiento”.

La dramaturgia es, sin duda alguna, una rama más de la literatura pero las vinculaciones del teatro son más estrechas con la poesía que con ningún otro género literario. Digamos que la dramaturgia es el armado de un "drama” a través de la palabra, con el fin de ser representado. El texto durante la representación no puede ser descriptivo sino metafórico, sugerente —puesto que la escena ya está descrita en la imagen— y por eso la poesía es su mejor aliada.

Vinculaciones históricas

Las relaciones entre el teatro y la literatura nos remontan, históricamente, al drama y la poesía. 

La palabra "drama” aparece en español en 1611, proviene del latín tardío y del griego drama,  que deriva de dran ("acto, yo actúo”) y ésta de drao que significa "hacer”. De esta forma, se evidencia también la relación con la palabra griega poieo ("yo obro, yo hago”), de la que derivan poietes ("autor, hacedor, creador”) y el verbo poiein presente activo de poieo que significa "hacer”. También deriva poiesis, "acción, actuación”, que finalmente se vincula hacia 1335 con la palabra en español "poeta”.

Ahora bien, la palabra teatro deriva del latín theatrum, y ésta del griego théatron, que viene de theasthai, que quiere decir "para la vista”. De théatron deriva theáomai, "mirar de cerca, contemplar”. De la misma raíz es el griego theoréo, "yo considero, contemplo”, de donde proviene theoria o espectador. 

El drama y la poesía entonces encierran las mismas intenciones. La acción se revela en el hacer, tanto en el actuar del que hace, como en el hacer del que actúa. En esta relación, actuar-hacer, el lugar donde se observa lo que alguien hace y actúa, y aquel para quien se hace y actúa son imprescindibles. De allí que hay una mirar (thea), un lugar para ver (théatron) y un drama y poieo por hacer.

Las dos "Odiseas”

Para tratar de entender las relaciones entre el teatro y la literatura, trataremos de graficar sus diferencias, poniendo como ejemplos la primera obra literaria y una puesta en escena actual de esa misma obra.

Se trata de La Odisea, de Homero, el libro literario por excelencia; y la versión, con el mismo nombre, de César Brie, fundador del Teatro de los Andes, sin duda, uno de los elencos de teatro con mayor respetabilidad en el mundo artístico nacional.

La obra de Brie nos permite un acercamiento real con la dramaturgia, considerada, hoy en día, como la rama literaria que vincula directamente el quehacer escénico con la literatura. Lo que hizo en su adaptación es, francamente, memorable. Se trata de una hazaña, digamos, épica, pues ha logrado mantener ciertos rasgos en la estructura narrativa, ha reescrito los diálogos y los ha adaptado a versos y, fundamentalmente, ha encontrado la forma de dejar intacta la idea del regreso y la identidad, al igual que en la versión de Homero.

La adaptación de Brie es, desde mi punto de vista, formidable, debido principalmente a la coherencia en la estructura de sus Episodios y Cuadros; la poética plasmada en los versos de su drama; la ausencia de didascalia, lo que permite una mayor libertad para una puesta en escena; y, por supuesto, la armoniosa combinación de temáticas actuales (como el exilio, los refugiados, los migrantes, etc.) con las ideas centrales de la versión homérica.

El trabajo de adaptación, como bien lo refiere Brie en el prólogo de su Odisea, le ha llevado más de un año, tachando, modificando, incorporando, reescribiendo, leyendo, comparando y un sinfín de etcéteras que son parte del trabajo de un escritor y un dramaturgo. Ese trabajo meticuloso de dramaturgia hace que La Odisea del Teatro de los Andes sea una obra monumental, sin tomar en cuenta la excelente calidad de su interpretación, cosa que en este momento no viene al caso.

Epílogo

Nos queda claro entonces que la dramaturgia de Brie es un quehacer literario; pero y Homero, ¿hacía narrativa?

No, ni por si acaso. Aún me cuesta entender por qué La Odisea pertenece al género "épico” si está estructurado en cantos y versos.

Para empezar, Homero no escribía sus obras, las "cantaba” o, si se quiere, "declamaba” para un público que, además, no había sido educado para "leer”; la escritura en Grecia tenía un uso estrictamente comercial y administrativo, que luego se utilizó como una especie de registro de las tragedias de dramaturgos como Eurípides, Aristófanes y Sófocles.

Por eso es que La Odisea no tuvo un verdadero valor "literario” en la antigua Grecia ya que su espíritu estaba condicionado por el decir y no por el escribir, por el oír y no por el leer. Es decir, estaba vinculada con la poesía.

Una cosa es cierta, el teatro requiere de un trabajo en la elaboración del drama, eso le une muy estrechamente a la literatura; pero en su esencia, a la que quiere de verdad, su yunta, es la poesía.
 
Y nos guste o no, el teatro trabaja con la palabra, para ser oída y representada, muy parecido a lo que hacía Homero con La Odisea.

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