Planta

El proyecto industrial de cloruro de potasio ¿un elefante blanco?

Al igual que en el caso del proyecto de úrea y amoniaco, se trataría de un emprendimiento altamente dependiente de mercados externos.
domingo, 14 de octubre de 2018 · 00:00

Juan Carlos ZuletaAnalista de la Economía del Litio

El pasado domingo se realizó la entrega oficial de la planta industrial de cloruro de potasio (KCl) en el Salar de Uyuni. De acuerdo con los responsables del proyecto, la nueva factoría tendría un costo de 180 millones de dólares y una capacidad de producción de 350 mil toneladas métricas.

Cabe aclarar que el costo de la planta industrial no constituye el costo total de inversión (CAPEX, en inglés) del proyecto porque al primero se debe añadir el costo de construcción y equipamiento de las piscinas de evaporación solar utilizadas en el proceso de producción del KCl.

Como una primera aproximación, este último se puede estimar en 150 millones de dólares, resultantes de la siguiente extrapolación. Según la Memoria Institucional de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), los fondos contratados para la Fase II del Proyecto de Litio financiados por el Banco Central de Bolivia (BCB) alcanzarían a aproximadamente 732 millones de dólares (utilizando un tipo de cambio de $us 1 = Bs 6,97).

Si a este monto le restamos los 180 millones de dólares que representan el costo de la planta industrial de KCl y los 100 millones de dólares que constituyen el costo de la planta industrial de carbonato de litio (Li2CO3), obtendríamos 452 millones de dólares, lo que vendría a ser el costo total presupuestado de las piscinas de evaporación solar utilizadas en proceso de producción de ambos compuestos químicos.

Ahora bien, si asumimos que solamente 1/3 del costo total de las piscinas de evaporación es imputable a la producción de KCl, conseguimos la cifra señalada de 150 millones de dólares. Por tanto, con base en las consideraciones anteriores, el CAPEX del proyecto de KCl ascendería a 330 millones de dólares.

Al igual que en el caso del proyecto de úrea y amoniaco, se trataría de un emprendimiento altamente dependiente de mercados externos. Se estima que la demanda total del mercado interno no supera las 3.000 toneladas anuales, lo que significa que más del 99% de la producción deberá ser vendida fuera de Bolivia.

El gerente de YLB ha sostenido que su mercado natural se encontraría en Brasil por cuanto a ese país le convendría importar el fertilizante desde Bolivia en lugar de hacerlo desde la lejana Bielorrusia, su actual fuente de provisión del mismo. No obstante, más allá de las aparentes ventajas derivadas de la cercanía del mercado potencial para el KCl boliviano, todo apunta a que existen algunos problemas en este razonamiento simplista y carente de análisis técnico-económico acerca de la rentabilidad del proyecto.

Empecemos indicando que la idea del proyecto data de 2008, cuando el precio del KCl alcanzó $us 1.000/tonelada. El principal impulsor de esta planta fue el entonces secretario general del Comité Científico del Proyecto Piloto de Litio, el súbdito belga Guillermo Roelants, quien desde 2009 sostuvo que el potasio es primario y el litio es secundario, una posición superficial que critiqué duramente en varios artículos publicados entre enero y junio de 2010 en El Diario y La Razón.

Pero, sigamos. Como el proyecto requirió más de 10 años para su implementación, algunas cosas cambiaron desde entonces. Una de ellas fue el precio.

En efecto, el precio del KCL es ahora solamente $us 216/tonelada. Por tratarse de un precio internacional, se aplica por igual a Brasil, China o a cualquier otro comprador potencial.

El gerente de YLB ha sostenido el lunes 1 de octubre pasado en el programa Anoticiando de la Red ATB que el costo operativo (OPEX) alcanzaría a 150 dólares. Asumiendo que el precio se mantiene constante y la planta industrial funciona al 100% de su capacidad de producción, vendiendo todo lo que produce (dos supuestos heroicos, por decir lo menos), a lo largo de la vida útil del proyecto (estimada en 15 años), éste necesitaría todo el margen de utilidad (Precio – OPEX) generado durante toda su vida útil para pagar la deuda (incluyendo los correspondientes intereses) contraída con el Banco Central de Bolivia (BCB).

Concluida su vida útil, sin embargo, el proyecto tendría que realizar inversiones de reposición significativas para mantenerse en el mercado, para lo cual se vería obligado a recurrir nuevamente a un crédito del BCB por un monto similar o mayor al originalmente obtenido al inicio del proyecto.

En estas circunstancias, el proyecto no generaría beneficios económicos netos para el país, convirtiéndose en un nuevo “elefante blanco”.

El gerente de YLB ha indicado que el proyecto producirá alrededor de 210 empleos directos. Al respecto, debemos preguntarnos si tendrá sentido que el país todo haya gastado (no invertido) más de 1,5 millones de dólares para la creación de cada uno de estos nuevos puestos de trabajo, presumiblemente dirigidos a militantes del partido de gobierno, en desmedro de otros proyectos de quizás mucho mayor impacto social y económico.

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