Matasuegra

Día de la Mentira - 2018

“Se ha pisoteado la Constitución y la soberanía del pueblo”, afirma Camacho, que analiza el referéndum del 21F y la victoria del No.
domingo, 11 de febrero de 2018 · 00:00

Willy Camacho Escritor

Dentro de diez días –si no hay un cambio de último momento–, los movimientos sociales afines al MAS proclamarán a Evo Morales como candidato oficialista para las elecciones presidenciales de 2019. El próximo 21 de febrero será una fecha festiva para el partido gobernante, aunque algunos insisten con eso del “Día de la Mentira”, que fue el eslogan (de mal perdedor) creado para el primer aniversario del referéndum de 2016, cuando la mayoría de los bolivianos festejamos el “Día de la Democracia”.


Hoy la situación es distinta. Los masistas celebrarán con el mismo fanatismo de una hinchada orgullosa por haber ganado en mesa los puntos que su equipo perdió en cancha. Al hincha no le importa más que el triunfo, aunque se obtenga mediante oscuros acuerdos extrafutbolísticos o conductas antideportivas. Total, “la pelota no se mancha”, dice Maradona, pero el astro argentino se equivoca, como se equivocan quienes quieren convencernos de que la democracia boliviana sigue impoluta tras el burdo ardid jurídico con el que se ha pisoteado la Constitución y la soberanía del pueblo.


“El referéndum determinó que el artículo 168 de la CPE no debía modificarse, y no se ha cambiado ni una palabra”, afirman, sin sonrojarse, los defensores de la sentencia constitucional que habilita la tercera repostulación consecutiva de don Evo (y la cuarta, quinta, sexta…). 


Según este razonamiento, no se debe interpretar el resultado del 21-F como un rechazo del pueblo a la re-re-reelección del presidente Morales, sino simplemente como un rechazo a la reforma parcial de la Constitución.


Pero recordemos qué se preguntó en el referéndum: “¿Usted está de acuerdo con la reforma del Artículo 168 de la CPE para que la presidenta o presidente y la vicepresidenta o vicepresidente del Estado puedan ser reelectas o reelectos por dos veces de manera continua?”. Y debajo de la pregunta se incluyó la siguiente aclaración: “Por disposición transitoria de la Ley de Reforma Parcial de la Constitución Política del Estado  se considera como primera reelección al periodo 2015-2020 y la segunda reelección el 2020-2025”.


Dicho texto aclaratorio era innecesario, pues la pregunta no daba lugar a confusión; sin embargo, los oficialistas querían convencer a los votantes de que el binomio Morales-García Linera solo había sido reelecto una vez, cuando, en la práctica, el periodo 2015-2020 constituye su tercer mandato consecutivo. 


Como la aclaración aludía directamente a los actuales gobernantes, más allá de rechazar la reforma parcial de la CPE, la mayoría del pueblo le dijo “No” a otro mandato continuo de don Evo. De hecho, él mismo asumió el referéndum en ese sentido: “De verdad, si hablamos del 21 de febrero, quiero decir mediante ustedes (periodistas), yo también quiero saber si me quiere o no me quiere el pueblo boliviano de presidente”, declaró semanas antes de la consulta. Luego, en septiembre de 2016, en un acto público afirmó: “Yo les dije varias veces: ‘no estoy en campaña’. Por supuesto, ustedes me han dicho: ‘Váyase’. Me voy a ir en enero de 2020, estamos preparados para eso”.


Se lo notaba afligido, y no era para menos, el 21-F había sido un revés muy duro para él, pues se había acostumbrado, desde hacía una década, a vencer de modo contundente en las urnas. No el MAS, sino él, solo él. El pueblo vota por Evo, no por su partido; lo decían todos, incluso la oposición. 


Entonces, cuando dijo “quiero saber si el pueblo me quiere”, quizá no fue un desliz inocente, sino una estrategia para cambiar el tema de fondo del referéndum en la percepción de la ciudadanía, porque los sondeos de opinión señalaban que la gente no veía con buenos ojos la reforma constitucional, aunque la popularidad del mandatario seguía en un nivel alto. Así, los estrategas oficialistas habrían pretendido que los votantes   en lugar de aceptar o rechazar una propuesta abstracta, manifestaran cuánto “cariño” le tenían al presidente. Como sabemos, la mayoría no cayó en la trampa.


Aparentemente, don Evo estaba resignado a cumplir su palabra, es decir, a respetar la voluntad del pueblo; hasta tenía pensado regresar a su chaco y poner un restaurante... Pero, de repente, retomó el papel y el discurso del líder sacrificado, que jamás ha querido ser dirigente, diputado o presidente, que solo ha obedecido a sus bases, a los movimientos sociales, a los indígenas, a los trabajadores... en pocas palabras, al pueblo –o sea, al “verdadero” pueblo–, que ya se habría dado cuenta de las mentiras de la derecha y, por eso, le estaría pidiendo que vuelva a ser candidato en 2019.


Los masistas repiten ese guión constantemente, es casi una muletilla: “la mentira ganó el 21-F”, pero hasta la fecha no comprendo a qué se refieren. Si todo fue mentira, ¿cómo se explica que don Evo haya reconocido que mantuvo una relación con la señora Zapata, que fruto de ese romance nació un niño, que el bebé se enfermó y falleció? Además, el Vicepresidente y otros voceros confirmaron la versión de Morales, aunque el relato oficial –elaborado meses después del escándalo– asegura que tal niño jamás existió.


No obstante, considerando la Sentencia 0084 del TCP, la muletilla oficialista adquiere sentido, pues ha quedado demostrado que don Evo no necesitaba nuestra aprobación para habilitar legalmente su candidatura presidencial 2019 (el 21-F, poco más de 2,6 millones de bolivianos dijeron “No” a la segunda reelección continua; el 28 de noviembre de 2017, siete magistrados dijeron “Sí” a la reelección indefinida). Es decir, el referéndum en sí mismo fue un engaño; de hecho, ante una eventual derrota del “Sí”, el oficialismo había previsto recurrir a otros cinco mecanismos para habilitar la candidatura de Morales, lo cual implica que el MAS nunca estuvo dispuesto a respetar la victoria del “No”.


Nos mintieron: nuestro voto no cuenta, la voluntad del pueblo no cuenta, la democracia participativa no cuenta, la palabra del presidente no cuenta... Y el TCP avaló este engaño, o más bien, lo legalizó. 


El Estado derrochó 22 millones de dólares en un referéndum inútil, que solo ha servido para que don Evo sepa que el 48,7% de la población lo quiere, y el 51,3% lo puede.

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