Trajines

Historia de villanos: los bandidos políticos

Huáscar Rodríguez cuenta su visión de los bandidos en la relación entre crimen y castigo, o entre élites y sectores populares.
domingo, 25 de marzo de 2018 · 00:00

Rossana Barragán R. Investigadora del Instituto de Historia Social Amsterdam

El  investigador Huáscar Rodríguez García presentará su tesis de doctorado en España bajo el título Bandoleros de los valles.  Bandolerismo político y guerra en Cochabamba (1890-1905).  Ha escrito su tesis de maestría sobre la construcción de la nación, el indigenismo y el mestizaje en las políticas educativas entre 1900 y 1955 y ha publicado varios artículos y algunos libros  entre los que se puede mencionar La choledad antiestatal: el anarcosindicalismo en el movimiento obrero boliviano (1912-1965) del año 2010 y Guerra, política y bandolerismo: el caso de Martín Lanza un caudillo cochabambino a fines del siglo XIX, del 2014.  En radio Deseo le hicimos una entrevista que se difundirá próximamente.  Aquí les presentamos una síntesis.   


 Rossana Barragán. Voy a empezar citando unas líneas que tienes en tu libro Bandidos y policías: la cuadrilla de Punata: una organización político-criminal en Cochabamba, 1890-1898, en el que señalas que la historia no es solo de héroes sino de anti-héroes y villanos.  Por tanto, indudablemente una historia muy real…  En gran parte de tus trabajos el eje está en los “bandidos” y en la política.

Podemos tal vez empezar sobre la concepción de bandidos y su uso.


 Huáscar Rodríguez.  El término aparece en la prensa de manera coloquial e  históricamente se usaba en muchas partes para denostar y poner en el mismo saco al que roba un reino o al que roba una gallina.  Se endilgaba al que estaba “fuera de la ley” y en actividades no muy claras. A mí me interesó la realidad que subyacía bajo ese término para pensar la relación entre crimen y castigo o entre élites y sectores populares. Y he decidido elegir  casos relacionados a la política investigando la  denominada cuadrilla de Punata de los conservadores, y la de Martín Lanza, caudillo muy famoso, de los liberales, durante la guerra federal.


 ¿Te puedes referir a la historiografía que existe al respecto?


 Es Eric Hobsbawm quien acuña el concepto de “bandolerismo social” en su libro Rebeldes Primitivos y  pese a su marxismo cuadrado y anti-campesino tuvo el mérito de llamar la atención sobre varios movimientos sociales “pre-políticos” que no habían sido muy investigados, desde los milenarismos  hasta las mafias.  


En América Latina su obra Bandidos tuvo mucha influencia y Carlos Aguirre y Charles Walker publicaron una compilación clave en 1990. Richard Slatta fue uno de los que más cuestionó  la caracterización que hizo Hobsbawm de determinados movimientos como “pre-políticos” en los procesos en transición hacia la modernización industrial.


¿Qué te une y qué te aparta de las investigaciones que se han dado sobre bandidos?


Bueno, me alejo de Hobsbawm en su perspectiva evolucionista y tipológica que lleva de la rebeldía primitiva y “pre-política” que habría ido hacia el sindicalismo y hacia el partido de vanguardia.  Charles Walker fue uno de los que más me inspiró porque trabajó el vínculo entre  montonerismo, bandidaje  y  lucha política en la post-independencia peruana, destacando la faceta de los saqueos y los asaltos. 
Utilizas el término de bandolerismo político…  ¿Qué sería?


El término de bandolerismo político fue acuñado por una pareja de historiadores colombianistas, Gonzalo Sánchez y Donny Meertens, que escribieron un libro llamado Bandoleros, gamonales y campesinos entre. Ellos analizaron, en el caso de Colombia, las cuadrillas de matones liberales y conservadoras planteando que la violencia criminal es parte de la política y la construcción del Estado: he ahí el bandolerismo político. 


  Cuál es la relación entre bandidos, policías y políticos que resaltas en tus trabajos y que nos hace pensar que la política en Bolivia se basa en esa asociación…


Bueno, las investigaciones sobre bandidos son muy amplias y diversas, abarcan  el análisis de los mitos y héroes, la construcción de Hollywood (el western) y los medios de comunicación, la romantización.  Pensar en la asociación entre policías y bandidos puede ser extraño al principio, pero varios investigadores han señalado este aspecto.  En el caso que yo he investigado, sobre la cuadrilla de Punata, he visto que varios policías pertenecieron a este grupo que era conservador y eran acólitos iniciales del presidente Severo Fernández Alonso a fines del siglo XIX.


Pero lo que muestras en tus trabajos es que todas las autoridades locales estaban involucradas, y no solo policías; me refiero a artesanos, hacendados, jueces… es decir que estamos frente a organizaciones inter-clasistas.


  Sí, se podría decir, y en la cúpula estaban los letrados pero en última instancia era el poder del revólver.  


Por consiguiente, tanto conservadores como liberales tuvieron sus cuadrillas y sus matones.  ¿Esto significa que hay que pensar en la política desde esta perspectiva, la de luchas entre bandos incluso después de la constitución de partidos políticos desde fines del siglo XIX que se supone ponen fin a los caudillos?


Sí. Ese caudillismo que estaba presente en la península y en América desde el período de las guerras de la independencia continuó y se instituyó apoyado en el bandidaje. A fines del siglo XIX, ese bandidaje endémico se convierte en epidémico justamente por la temporal disolución del Estado que se dio con la Guerra Federal. 


¿Disolución del Estado o presencia del Estado en la medida en que es el botín disputado? Esto me lleva a la pregunta sobre si el bandidaje es particular de Cochabamba y los valles o es más general?
Bueno, sí, era una presencia-ausente en realidad: un “Estado fantasma” prestándome el término de Daniel Goldstein. Por otro lado, Erick Langer, que tiene un trabajo temprano sobre el tema en Chuquisaca, planteaba que a mayor solidez de las  comunidades indígenas menos bandolerismo y visceversa, lo cual inicialmente pensé que me servía para pensar Cochabamba, región emblemáticamente mestiza.   


Pero otros investigadores han mostrado que el fenómeno de robos y abigeatos estaba también en el altiplano y en comunidades… En realidad creo que hay que evitar el estereotipo del  indígena bueno y honesto, y el   mestizo malo y bandido. 


Esa cultura política de la que nos hablas es muy masculina, muy de machos… ¿Estás de acuerdo?  ¿Hasta qué punto había que ser de una cuadrilla para participar en política?


Bueno, yo creo que la lógica partidaria está basada en el clientelismo… y es indudablemente masculina y este es un rasgo latinoamericano, con sus especificidades.  En definitiva  son temas poco explorados e indudablemente hay que convocar a los colegas a investigar temas que no han estado en la agenda…

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