Política

La evolución de García Linera, Evo Morales y el MAS

En su evaluación al partido de Gobierno, el autor señala que el aparato capitalista ha permanecido mayormente inalterado y esto no sólo pone en peligro el legado de Morales y García Linera, sino también todos los avances logrados por el MAS.
domingo, 29 de abril de 2018 · 00:00

Jeff Migliozzi Estudiante de la Universidad de Pittsburgh

La evolución de Álvaro García Linera y Evo Morales refleja la del gobierno del MAS desde su ascensión al poder en 2005. García Linera, el otrora guerrillero marxista encarcelado, ha adoptado posiciones más centristas como vicepresidente. Evo Morales, el primer presidente indígena del país, a menudo se enfrenta a la oposición de organizadores y manifestaciones de indígenas de tipos similares a las que él dirigió una vez.  

No hay duda de que los administradores estatales se enfrentan a muchas presiones y limitaciones institucionales que dificultan el avance de sus creencias ideológicas.  Pero a medida que América del Sur experimenta otro giro hacia la derecha, es importante evaluar el éxito y los fracasos de los estados socialistas restantes. 


El trabajo temprano de García Linera se basó en la fuerte influencia del indianismo de Fausto Reinaga; sin embargo, García Linera se diferencia de Reinaga porque combina elementos del indianismo y el marxismo.  


García Linera reconocía que el marxismo y el indianismo compartían muchas propiedades, especialmente la preocupación por la explotación de los trabajadores, o la explotación de los indígenas bolivianos.   


Evo Morales también atribuye a Reinaga una de sus mayores influencias. Como un organizador campesino, Morales saltó a la prominencia usando gran parte de la misma retórica antiestadounidense y antiimperialista que Reinaga había utilizado.


  Pero la estructura del mismo estado liderado por Morales está directamente en desacuerdo con la audaz visión del indianismo por el que Reinaga abogó.  


Ha habido muchos críticos izquierdistas del gobierno de Morales que argumentan que García Linera es sólo el portavoz intelectual del Gobierno para enmascarar los aspectos menos deseables. 


De hecho, es difícil reconciliar el trabajo previo de García Linera con las condenas frecuentes del MAS contra la resistencia de los pueblos indígenas que se oponen a la construcción de carreteras en su territorio protegido.


  El Gobierno también ha condenado movilizaciones de los pobres alrededor de Potosí y huelgas de los maestros y trabajadores en La Paz y otras ciudades.  


Las condenas de movimientos fuera del partido oficial contradicen el espíritu revolucionario original del MAS y abren la pregunta de si el neoliberalismo realmente ha sido derrotado, o no, en Bolivia. 


 En su libro de 2011, Tensiones creativas de la revolución, García Linera argumenta que el gobierno del MAS ha derrotado al neoliberalismo.  Pero también argumentó –quizás en contradicción con sus creencias radicales anteriores– que el bloque que apoya al gobierno del MAS, contendrá diferentes clases, incluso los capitalistas.  


Esta indiferencia por el conflicto de clases se refleja en la propensión del MAS a reformar el modelo extractivo de la economía, en lugar de hacer cambios transformacionales en el modelo mismo.

 Morales y García Linera han defendido las minas cooperativas, pero estas cooperativas, muchas de las cuales están respaldadas por multinacionales extranjeras, explotan a sus trabajadores.  


Los trabajadores indígenas son contratados temporalmente y con exceso de trabajo en condiciones peligrosas por una paga injusta.


Aunque las reformas del MAS han incrementado la renta del extractivismo y proporcionado fondos para sus programas sociales, la adopción por el gobierno de las cooperativas mineras ha reintroducido las tendencias neoliberales que Morales y García Linera prometieron expulsar.  


Incluso las minas que fueron nacionalizadas no fueron nacionalizadas por completo; los activos extranjeros no fueron expropiados. Aunque el gobierno de Morales ha negociado mejores acuerdos con las multinacionales, la economía aún depende fuertemente de la inversión extranjera.  El modelo sigue siendo el mismo. 


Los frecuentes enfrentamientos entre los manifestantes indígenas y el Gobierno generalmente surgen de los intentos de modernización en poblaciones indígenas.  Según Morales, los que se oponen a la decisión de construir la carretera en el TIPNIS no quieren que los indígenas tengan electricidad, escuelas y hospitales.  


Sin embargo, está predicho que la carretera aumentará rápidamente la deforestación en el área.  Abrir la puerta a la destrucción ecológica podría tener consecuencias imprevistas para las poblaciones indígenas que la carretera busca ayudar.  


Si un partido reaccionario toma el poder del país, el TIPNIS será especialmente vulnerable a los peligros de una mayor destrucción ecológica y expropiación de tierras por parte de inversores extranjeros.  


Los proyectos como los del TIPNIS están especialmente desalineados con las ideas de soberanía indígena, centrales a la idea de indianismo de Reinaga, porque dejan la puerta abierta para la futura apropiación de tierra indígena y explotación por las manos del Gobierno y las multinacionales.  


La administración de Morales ha reducido la pobreza y ha hecho crecer a la clase media; en esta manera, el gobierno del MAS ha avanzado en su promesa de devolver el gobierno boliviano a las poblaciones indígenas y la clase trabajadora.  


Pero las ganancias materiales a corto plazo no deberían nublar nuestra evaluación del MAS.  El aparato capitalista ha permanecido mayormente inalterado.  Esto no sólo pone en peligro el legado de Morales y García Linera, sino también todos los avances logrados por el MAS.

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