Educación

El sindicalismo y la rigidez en el escalafón, piedras en el zapato en la formación de maestros

La calidad educativa del país se ha visto envuelta en una crisis que no se puede superar hace ya varias décadas. Expertos y dirigentes del magisterio evalúan la formación de los maestros, quienes el 6 de junio pasado celebraron su día.
domingo, 10 de junio de 2018 · 00:09

Carla A.  Hannover Vasquez  Periodista

 Hace  cinco años cuando la carrera de psicopedagogía comenzaba a alzar vuelo en las universidades bolivianas, decenas de estudiantes de las normales optaron por tomarla  como carrera paralela. Poco tiempo les duró el entusiasmo, puesto que, por presiones del sindicato del  magisterio,  esos estudios adicionales no incidirían en su categorización a la hora de acceder a un ítem.   

Sucede que la rigidez en el escalafón boliviano -que no toma en cuenta la profesionalización   adicional de los maestros para su categorización-   y las presiones del magisterio, que actúa bajo la forma de sindicato ante las autoridades del sector, se han convertido en las eternas piedras en el zapato en lo que se refiere a la formación de maestros, quienes celebraron su día el pasado 6 de junio. 

Esto, sin duda, incidirá en la calidad educativa del país, que por cierto no se la mide desde 1997, según se lee en un informe sobre la calidad educativa de La Paz publicado en 2016 por el  municipio. 

 Un escalafón rígido

  El escalafón docente establece, entre otros aspectos,  los grados de ascenso para los maestros. La norma hasta la fecha  “es intocable”, debido a  presiones del magisterio. “El escalafón es como la niña mimada del magisterio” sostiene el experto en Educación Édgar Cadima.

 Se trata en sí de una norma que  reconoce siete categorías. A las  más importantes los maestros acceden por su antigüedad, pues deben tener, al menos, 30 años de experiencia y no así por las capacitaciones  ni su actualización. “Se considera con  ciertos años de experiencia que el maestro llegó a la cima de su profesionalización”, explica Cadima. Al resto de categorías se acceden a través de exámenes.

“Estos exámenes de ascenso deberían cambiar radicalmente porque mantienen esa lógica tradicional. Es decir, los maestros van a un aula, les dan un cuestionario, llenan y tienen la nota para definir su categorización”, añade Cadima. A decir del experto, estas evaluaciones deberían valorar, principalmente,  las propuestas de innovación de los maestros en las instancias educativas.   

   El primer  Reglamento del Escalafón del Magisterio se promulgó en 1957. Desde entonces,  la norma ha tenido algunas modificaciones referidas a los incentivos y sanciones y a la composición de su tribunal. “Así de grave es el peso corporativo”, complementa el experto en educación y doctor en literatura, Guillermo  Mariaca.    

Una formación con aval del sindicato 

Otro de los problemas que enfrenta el sistema educativo boliviano  tiene que ver con la formación de los docentes. En América Latina, sólo Bolivia y México conservan el modelo “normalista” de formación de maestros. En el resto del mundo, esta  formación  se trasladó a las universidades.  Para  Mariaca, este modelo endogámico tiene, cuando menos, tres problemas.

“El primero es que reproduce las relaciones de poder al interior del sindicato de maestros,  logrando que esa lógica corporativa de intereses se imponga a la lógica académica”, explica. 

  A principios de  2000, el informe Situación actual de la formación docente en Bolivia, elaborado por  la Organización de Estados Iberoamericanos, señalaba que la formación de los maestros se encontraba en crisis. “Se constató que la organización  de contenidos (de la currícula)  en un 31 y un 45% corresponde a los intereses de los docentes y no así a los de los educandos ni a un proyecto integral de la sociedad”, se lee. Producto de esta evaluación surgió en parte la propuesta de la Reforma Educativa. 

Tanto para Mariaca como para Cadima esta crisis persiste pese a los intentos de una transformación del sistema educativo que vino con la Ley Avelino Siñani y Elizardo Pérez, promulgada en 2015. 

  El segundo  problema  que identifica Mariaca responde a que  “la  asignación de ítems o cargos para el servicio de educación pública depende de la negociación entre el Ministerio y el sindicato y no de las necesidades educativas”, señala. En tanto que un tercer  punto responde a que la actual  formación de los  maestros “impide que el currículo nacional tenga mínimos grados de flexibilidad imponiendo, de esta manera, la renovación y la innovación”, advierte.

 Según explica el experto, la  formación “normalista” imposibilita la intervención crítica o innovadora de los maestros sobre el currículo nacional. Producto de ello, “las nuevas generaciones sólo pueden formarse repitiendo las formas pedagógicas y didácticas de sus profesores y, así, una vez graduados, tener un cargo seguro en el servicio público”.

Para José Luis Álvarez, dirigente del magisterio, la presencia del sindicato es importante porque así se evitan imposiciones dictatoriales de parte de las autoridades. 

 “El órgano sindical ha garantizado la estabilidad laboral, el derecho al libre pensamiento que ha garantizado determinado nivel de la calidad de la educación”. 

 
 ¿Cuál debería ser el camino?

En la actualidad “casi todos los países han optado por la formación universitaria -y en casi todos se exige un posgrado de alta calidad para acceder al concurso abierto- y en todos esos países el posgrado es la condición mínima para poder concursar y obtener un ítem”, señala Mariaca.

 Para Álvarez esta no es una posibilidad, puesto que en anteriores años con la Ley 1565 (1994)  las normales pasaron a depender de las universidades. “La  calidad educativa fue mala... Es una ingenuidad creer que la crisis educativa no está golpeando a la universidad. La calidad de formación de las universidades es también  de memoria. Hay profesionales universitarios que no saben redactar una carta”. 

Por otro lado, complementa Mariaca,  “estos muy exigentes requisitos de ingreso al ejercicio son recompensados de dos maneras en todos los países que, según PISA, tienen la mejor calidad educativa: el alto prestigio y reconocimiento social de los maestros e ingresos equivalentes a la gran mayoría de las otras profesiones universitarias”.

Como fuere, todas las corrientes de medición de la calidad educativa coinciden en que la formación de profesores es el punto crítico para su mejoramiento.

 

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