Reivindicación marítima

Cómo Chile puede, con ayuda de Bolivia, convertir derrota en victoria

En caso de que el fallo sea favorable a Bolivia, la presión para el lado boliviano de producir un resultado que solucione su enclaustramiento será muy grande.
domingo, 23 de septiembre de 2018 · 01:06

Carlos Guevara Rodríguez M.A. en Relaciones Internacionales

Para que el fallo de la Corte de la Haya sea favorable a Bolivia, la Corte necesariamente debe incluir la palabra “obligatoria” cuando se refiera a la negociación de Chile con Bolivia con la finalidad de que Bolivia obtenga una salida soberana al mar; cualquier otro término, como “sugerimos” o “pedimos” o “sería altamente deseable”, sería una derrota para Bolivia porque Chile simplemente podría ignorar ese fallo.

Pero supongamos que el fallo de la Corte de La Haya sea favorable a Bolivia. ¿Qué hará Chile?

El punto de partida de este análisis es que un fallo adverso a Chile no dará lugar a que negocie de buena fe, vale decir, que este país no estará dispuesto a cederle a Bolivia soberanía sobre parte de su territorio de modo que Bolivia tenga un acceso soberano al mar. Dos son las razones: una, un fallo adverso de la Corte simplemente no es suficiente presión para que Chile contemple un resultado de esas características, y dos, forzar a alguien a actuar de buena fe –como se pretende con un fallo favorable a Bolivia de la Corte– es una total contradicción.

No sólo que un fallo de La Haya favorable a Bolivia no significa suficiente presión sobre Chile para que éste negocie de buena fe, sino que Chile tiene otras opciones antes que cederle, a raíz del fallo de la Corte, parte de su territorio a Bolivia. Puede simplemente repudiar el fallo, lo cual posiblemente signifique de hecho su salida del pacto de Bogotá. Este curso de acción, sin embargo, echaría por tierra la pretensión chilena de ser un puntal del orden legal internacional, lo cual significaría un costo alto por lo cual probablemente no lo haga.

De menos costo para la imagen de Chile, especialmente si lo hace hábilmente, es hacer fracasar la negociación. Si puede dilatar la negociación y aparecer razonable, cuando en realidad no lo sea, puede lograr su objetivo de no ceder soberanía pagando un precio mucho menor que repudiando el fallo.

Sin embargo, la tercera opción que tienen los chilenos para no ceder soberanía es de lejos la mejor desde su punto de vista. Esta opción significa darle a Bolivia algún tipo de arreglo que no ceda soberanía y que sea aceptado por Bolivia. Esta solución no sólo evita que Chile entregue parte de su territorio, sino que probablemente sepulte para siempre la demanda de Bolivia de un acceso soberano al mar; justo lo que ese país quiere.

En caso de que el fallo sea favorable a Bolivia, la presión para el lado boliviano de producir un resultado que solucione su enclaustramiento será muy grande. Después de la euforia de un fallo favorable, y de la creencia extendida de que a raíz del fallo se logrará una salida soberana al mar, ¿cómo decepcionar al país si no se logra algún resultado? ¿Cómo actuar si una negociación exitosa encumbraría como héroes nacionales a los que lo lograran mientras que un fracaso significaría una gran frustración para el país en su reivindicación marítima? La tentación del lado boliviano de declarar la negociación un éxito sin haber obtenido soberanía será inmensa.

Desafortunadamente, existe una idea que permite justificar, tanto a cínicos como a los que actúan de buena fe, llegar a un acuerdo con Chile que no signifique la cesión de territorio de éste a Bolivia para que tenga una salida soberana al mar: la así llamada “solución de medio camino”.

La justificación de esta estrategia es que, andando el tiempo y con cada vez mejores relaciones con el país vecino, éste, conmovido por la fraterna amistad de dos pueblos hermanos y presa de un impulso de generosidad fraternal cederá su territorio para que Bolivia finalmente tenga una salida soberana al mar. A los que crean esto les tengo un billete ganador de la lotería que les quiero vender.

Lo más grave es que la “solución de medio camino” no sólo no logra el objetivo que aún los proponentes del mismo comparten -una salida soberana al mar- sino que la vuelve virtualmente imposible de lograr. Andando el tiempo, ¿cómo Bolivia puede pretender que Chile le ceda un territorio soberano cuando se niega rotundamente a hacerlo y se ha llegado a un acuerdo que resalta la amistad y buena vecindad entre los dos países? Chile mostrará ante la comunidad internacional un acuerdo de este tipo como el arreglo final a la problemática del enclaustramiento de Bolivia por más que no lo sea.

En ese caso, ¿cómo podría Bolivia justificar de nuevo una política de presión a Chile, alegando su injustificado enclaustramiento, si ha llegado a un acuerdo que supuestamente soluciona el problema? Después de todo, el fallo de la Corte obligaba a Chile a negociar una salida soberana al mar para Bolivia, pero este último aceptó, de buena fe, un arreglo que no incluía una cesión territorial.

Volver atrás después de un solemne compromiso de este tipo, sin que Bolivia haya sufrido presión o coerción externa alguna para consumarlo, nos mostraría como un país poco serio cuando se trata de cumplir con compromisos asumidos con otros países. Y si se piensa que Chile, conmovido por la generosidad de Bolivia querrá reciprocar cediéndole un territorio que le permita llegar al Pacífico a través de un territorio boliviano, bueno, los niños creen en cuentos de hadas, pero los adultos se supone que no.

Existe la escuela de pensamiento que mantiene que Chile, pase lo que pase o hagamos lo que hagamos, nunca cederá soberanía. En estos círculos se piensa que ya pasó mucho tiempo, que la guerra, reflejando en gran medida lo que se siente en Chile, se perdió porque estaba mejor preparada e hizo mejor las cosas. También reflejan el sentir de muchos chilenos que piensan (aunque no lo dicen), además, que eso es suficiente para justificarla y no contemplar una cesión territorial y punto.

Que, además, la reivindicación marítima es simplemente una demanda que cualquier gobierno en Bolivia puede enarbolar como una bandera nacionalista para azuzar a la población meramente para lograr fines políticos sectarios y coyunturales, lo cual ya ha sucedido en el pasado. Por tanto, sería mejor doblar la página, olvidarnos del tema, y concentrarnos en nuestros verdaderos problemas.

Esa corriente de pensamiento es respetable en cuanto a pensar que es imposible obtener de Chile un territorio soberano que nos permita llegar al mar. Si se va a encarar la negociación convencidos de que es así, se debe ser transparente con Bolivia y decirlo y dejar que el pueblo boliviano a través de un referéndum de un acuerdo pos-Haya con Chile ratifique o deseche esa posición.

Lo que sería imperdonable sin el beneficio de un referéndum que apruebe o no un eventual acuerdo, es querer vender la noción de que lo que se obtuvo de Chile en una negociación pos- Haya es equiparable, o de algún modo suficientemente igual a soberanía, o es el logro de la mitad de un camino que eventualmente desembocará en soberanía. Algo así alcanzaría el rango de traición a la patria porque un acuerdo de esas características haría virtualmente imposible más adelante lograr obtener una salida soberana al mar.

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