Democracia

Dónde estábamos el 10 de octubre

El autor hace un repaso al día que Bolivia retornaba a la democracia y al discurso y lenguaje que tuvo cada etapa de estas casi cuatro décadas.
domingo, 20 de octubre de 2019 · 00:00

J. Nelson Antezana R. Bibliotecólogo

Hace uno o dos años,  a una radioemisora se le ocurrió preguntar a varios políticos y otras personalidades  dónde se encontraban el 10 de octubre de 1982, el día que Bolivia retornaba a la democracia y asumía la presidencia el Dr. Hernán Siles Zuazo. Algunas respuestas me parecieron auténticas, otras, en cambio, me sonaron a pura demagogia.

A mí nadie me preguntó nada porque soy un ilustre desconocido (a Dios gracias). Sin embargo, guardo un recuerdo indeleble de aquel día, pues en la mañana de ese domingo 10 de octubre a pocas cuadras del Palacio Quemado de la plaza Murillo  yo recibía la Primera Comunión en la capilla de mi querido colegio La Salle, que aún funcionaba en lo que ahora es la Facultad de Derecho de la UMSA.

Esto último sólo lo sabemos los que nos vamos haciendo mayores, pues la gente zafia que estudia Derecho en ese edificio ni siquiera siente curiosidad por el hermoso vitral que adorna la actual biblioteca de la facultad y antigua capilla del colegio y que representa al fundador de las escuelas cristianas rodeado de niños.

La vida individual está hecha de ciclos, lo mismo que la vida social que va formando los hechos históricos. Así como en octubre de 1982 llegaba a su fin una serie de gobiernos militares, pero, sobre todo,  un periodo de cuatro años  de una demencial sucesión de presidentes que siguieron a la caída de Banzer (un promedio de dos por año); terminaba también un ciclo de mi niñez, pues dejaría el colegio que me cobijó hasta los 12 años de edad y pasaría a otro donde me costó mucho adaptarme.

En las repetidas ocasiones que, siendo ya adulto,  regresé a esa edificación he tratado de asir el pasado tratando de recordar las emociones de mi solitaria y taciturna niñez observando los pasillos, los patios, las aulas que ahora están transformadas en espacios donde ingresan más de cien estudiantes, pero no lo he logrado, pues el poder desintegrador del tiempo es arrasador.

Así como mi niñez transcurrió en  gobiernos militares, fui adolescente, me hice adulto y ya he pasado el Rubicón de los 50 en el transcurso de estos 37 años de democracia que vivimos en Bolivia.

Cada etapa de estas casi cuatro décadas ha tenido su propio discurso y su propio lenguaje. Así durante la UDP se manejaban frases como “el retorno a la democracia”.  Los miristas acuñaron varias frases como ser “el entronque con la Revolución Nacional”, para racionalizar su oportunismo político; o su famoso “copamiento institucional” que no era otra cosa que el asalto de los puestos públicos para colocar a sus partidarios y acólitos.

La catastrófica gestión económica creó frases como “inflación galopante” o “hiperinflación” y recuerdo que en ese tiempo se comparaba a la inflación de Bolivia con la que se dio en Alemania al final de la Primera Guerra Mundial, curioso parangón que nunca más lo he escuchado en parecidos descalabros económicos de otras latitudes.

En una institución financiera se conserva un enorme mural de Gil Imaná, donde la inflación galopante está representada por un caballo desbocado.  Algunos intelectuales y bohemios de izquierda y de Sopocachi idearon la frase “la década perdida” para referirse a los años 80.

En el periodo 1985-1989 hubo frases de verdadero dramatismo (no creo que hayan sido meras poses en boca de una persona tan seria como Paz Estenssoro), “Bolivia se nos muere” para luego dar paso al “milagro boliviano”; “estabilidad”, “reforma monetaria”; cómo no el “pacto por la democracia” y un largo etcétera.

Con el “cruce de los ríos de sangre”, otra frase para justificar el oportunismo político de unos y otros  dio  inicio a los años 90 en los que se comienza a hablar de la “consolidación de la democracia”, al mismo tiempo que con los ecos del quinto centenario del descubrimiento de América se habla del “otro”, de la “multiculturalidad” y de la “pluriculturalidad”, hasta que se logra que esos términos sean incorporados a la Constitución Política del Estado, pero nada dejará satisfechos a quienes quieren soluciones radicales y empiezan a hablar de una Constituyente que reforme radicalmente la Constitución.

Cómo no recordar la frase del candidato del MNR “Ahora ya no tengo las manos atados” de esos años. O una frase de las caricaturas de la prensa: “El MNR tiene tres problemas: “El MAR, el MIR y el MUR”.

Para las elecciones del 97 el sistema ya hace agua y la crisis de legitimidad es más que evidente, así como la democracia pactada que se ha convertido en un burdo toma y daca de prebendas y pegas.

El siglo XX llega a su final y Banzer ha logrado ser el único dictador de los años 70 que ha vuelto a sentarse en la silla presidencial de forma democrática, pero la parca se lo lleva antes de que cumpla su mandato. Regresa al país con el cráneo rapado y convertido en un espectro a consecuencia del cáncer. Agarrando un “cayado” improvisa un discurso al pie de la escalinata del avión que lo ha traído de regreso a su país, para morir.

Quedan en el camino de forma más que dramática dos figuras que pudieron ser y no lo fueron por algún designio o fatum: Max Fernández y Carlos Palenque Avilés.

Febrero y octubre de 2003, desfallece el viejo orden, ese de la democracia pactada sin legitimidad y en junio del 2005 es la estocada final. Rodríguez Veltzé jugará el mismo papel que Vildoso en 1982, una mera figura de transición.

Sobre lo que ha venido después, es mejor guardar prudente silencio hasta que pase el tiempo, ese devorador de todas las cosas, para que el juicio sea desapasionado, frío y a la luz de la razón y no de los afectos o desafectos; de las antipatías o simpatías; de los amores o desamores.

Tucídides decía que la historia es un incesante volver a empezar. Hay periodos históricos que parecen repetirse, con algunas diferencias. Así se puede establecer cierto parangón entre lo que pasó en el periodo 1880-1936. Al finalizar la Guerra del Pacífico el país pareció sentar cabeza y sacudirse de cincuenta años de cuartelazos, enrumbando por el orden y la democracia, algo parecido, guardando las distancias, a lo que pasó en 1982.

A finales del siglo XIX cae la hegemonía del partido conservador para dar lugar a veinte años de liberalismo. A finales del siglo XX y principios del XXI  periclita la democracia pactada de los partidos políticos, para dar lugar a una democracia más participativa (siempre guardando las distancias y con el riesgo de que las comparaciones puedan resultar forzadas).

En 1920 llega a su final la hegemonía del partido liberal para dar lugar al republicanismo con el que el que la República llegará a su primer centenario. La comparación la dejo para los lectores y para lo que vaya a pasar después de este 20 de octubre.

 

 

Confidencial

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