Cambio climático

“…Es peor de lo que uno imaginaba, es mucho peor”

Análisis del efecto del calentamiento global en el mundo y las consecuencias para el ser humano, que moriría de calor, hambre, quemado o ahogado.
domingo, 20 de octubre de 2019 · 00:00

Carlos Decker-Molina Periodista boliviano radicado en Suecia

Comienzo por confesar que hasta leer el libro de David Wallace-Wells y haber asistido a varios seminarios, sin llegar a ser un escéptico, esperaba que la ciencia ayude a la humanidad a resolver el problema del calentamiento global y sus derivados; es más, todavía veo como una ofensa al buen vivir, el veganismo, pero lo estoy aprendiendo.

 Wallace-Wells en su libro Den Obeboeliga Planeten (Un planeta inhabitable) sostiene con datos de oficinas, institutos, agencias, universidades y centros de investigación que “el calentamiento global es un hecho humano”, cuyos principales agentes son las multinacionales del petróleo, los dueños de pozos extractivos y sus protectores políticos. Hay también agentes secundarios, incluidos los que tienen automóviles, los que tenemos calefacción, los que nos duchamos con agua caliente una y a veces dos veces al día. Los modernistas, los consumistas y los cómodos. Me cuento entre los últimos, pensaban que “alguien va a resolver el problema”. Solía argumentar: “Nadie habla del agujero del ozono, tema de los 80”. La ciencia, como siempre, resolverá el fenómeno.

El libro de Wallace me obligó a recordar mi llegada a Suecia y mi primer invierno de 1976 con nieve que cayó en octubre y se fue en abril. Hoy cuando escribo estas líneas, fines de septiembre, aún hay flores y ramas verdes en el jardín de mi edificio. El frío de otoño no tiene la constancia de antes, está matizado con días veraniegos que producen fenómenos equívocos. La prolongación del verano implica sol y alegría, se puede cenar en la terraza del restaurante de la esquina. Aceptar estos desequilibrios climáticos se vuelve normal. Es como contar a un niño boliviano que en Chacaltaya se esquiaba, es decir había nieve.

Como la desertificación no está en Suecia, las megainundaciones de la India y Pakistán no me afectan directamente, como toda esa catástrofe está más allá, me importan cuando leo el diario o veo un reportaje de la televisión. Pasa el telediario y el peligro desaparece y termina el daño.

Wallace habla de Rocca, su hija, me obliga a pensar en Noel y Zoe que entre 2040 y 2045 serán dos personas aptas para ser padres. En esos años los refugiados climáticos serán millones. ¿Les abrirán las puertas o se las cerrarán como a los sirios en 2015?

Todo depende del calentamiento global, si seguimos como hoy podremos alcanzar los tres o los 3,5 grados que producirá la catástrofe apocalíptica. No es dramaturgia literaria. Me lo acaban de confirmar en el seminario de Estudios del Futuro, instituto de mucho prestigio. Si se eleva la temperatura a seis grados, Nueva York sería lo que es hoy Bahrain y el Medio Oriente sería peligroso para la vida humana.

El fin del mundo del que habla Antonio Muñoz Molina en su última novela no es total, es por partes, quizá comenzó para los indígenas que murieron con viruela. Quiere decir que vamos muriendo de a poco.

 

Morir de calor

Los informes de IPCC (Panel Internacional de Cambio Climático) señalan que los cinco veranos más calientes de Europa después del año 1500 han ocurrido en 2002. Aún si se cumple el acuerdo de París las ciudades de Karachi y Calcuta anualmente seguían sufriendo la muerte de miles de personas. En 2015 el calor paralizó ambas ciudades.

En 2003, la ola de calor en Europa provocó la muerte de 2.000 personas por día, pasará a ser normal en el futuro. La información de esas muertes de 2003 no fue publicada como suma total. Fue contada caso por caso, lo que le quita la tragedia de observar la totalidad. En Moscú, en 2010, murieron por efecto de la ola de calor 55.000 rusos.

Se nubla la vista, sudor, náuseas, dolor de cabeza, son los primeros síntomas. Después ya no sirve beber agua, la temperatura corporal sube, la sangre se acumula cerca a la piel en su afán de enfriar el cuerpo. Los órganos internos comienzan a paralizarse, el cerebro deja de funcionar con normalidad hasta que colapsa el corazón.

 

Morir de hambre

El trigo es el 40% de la alimentación humana, si le agregamos el maíz y la soja llegaríamos a los dos tercios de las calorías que ingiere el ser humano. De acuerdo con un informe la ONU, en 2050  la humanidad necesitará el doble de comida que hoy. La cosecha de trigo en condiciones normales se afectaría en el 10% por cada grado más de calentamiento, lo que no significa un aumento sino una disminución.

Con cuatro grados más de calentamiento global la producción de maíz en los EEUU se reduciría a la mitad; China, Argentina y Brasil  perderían una quinta parte de su producción.

Hoy en día la frontera cerealera avanzó 42 kilómetros hacia el Polo Norte, lo que dificulta los cultivos de Canadá y Rusia.

El otro problema es la erosión, en los EEUU diez veces más que la erosión natural, en China 30 veces más en tanto que la India es 40 veces más.

 

Morir ahogados

Según Union of Concerned Scientist citado por Wallace, 311 mil casas en los EEUU están en riesgo de ser rebasadas por el agua, en 2045 estarán bajo el agua. Hasta el año 2100, 2,4 millones de propiedades estarán bajo el agua sólo en los EEUU.

 Nueva Zelanda tiene hoy los primeros refugiados climáticos, isleños que han perdido todo.

Las cifras del descongelamiento del Antártico son datos estremecedores. En 2018 se comprobó que el ritmo del descongelamiento se ha triplicado en la última década. Desde 1992 hasta 1997 se ha perdido 40.000 millones de toneladas de hielo por año, los datos son del estudio del climatólogo James Hansen.

En 2014 se supo que Groenlandia perdía mil millones de toneladas de hielo cada día. Estos fenómenos producen lo que Wallace llama efecto cascada, puesto que el deshielo produce la expulsión del metano que es 30 veces más potente el óxido de carbono.

Con el calentamiento global el permafrost llamado también permahielo se ha corrido 21 kilómetros al norte de Canadá en los últimos 50 años. Según el pronóstico de IPCC se perderá entre el 37% y 80% del permafrost hasta el año 2100 si no se respetan los acuerdos de Paris.

David Archer, quizá el investigador más serio sobre el calentamiento global señala que el nivel del mar aumentará incluso con tres grados, en ese caso Montreal y Londres están en grave peligro, igual que Florida y el archipiélago sueco.

 

Morir quemados

Entre el día de acción de gracias y la navidad comienza el periodo de lluvias en le sur de California. En 2017 no llovió, la lluvia fue remplazada por llamas voraces que quemaron 1.140 kilómetros cuadrados de bosque a razón de 20.000 hectáreas por día. Se evacuaron 100 mil personas.

Los bosques suecos son sagrados sin Pachamama y sin yatiris que hagan llover. 380 millones de árboles se plantan cada año. Toda tala debe ser remplazada, las papeleras necesitan de mucha tala. A pesar de ese cuidado, el verano de 2018 más de 40 incendios activos devastaron un poco más de 20.000 hectáreas, 11 de estos incendios se propagaron en territorios que están por encima del círculo polar ártico.

En Grecia murieron 99 personas cuando las llamas de un incendio alcanzaron la playa.

Los incendios de bosques son frecuentes desde 1979, han aumentado en un 20%, pero, las causas son el calentamiento global y los deseos industriales de aumentar las fronteras agrícolas sobre todo en países pobres que quieren vender carne o soja al mercado chino.

En el olvidado 2010 el Amazonas sufrió una sequía que a su turno provocó 100 mil incendios. Hoy se pueden sumar a esos dígitos el interés de algunos gobiernos por explotar “su territorio”.

 

¿Aún hay tiempo?

 Eric Hobsbawn en 1968 dijo: “Todos los que hablan de la revolución industrial hablan del algodón”. A inicios del 2000, economistas e historiadores acuñaron el término “capitalismo fósil”, porque se alimentó con petróleo y carbón.

Esta nota ha sido elaborada en base al libro de David Wallace-Wells, tiene 100 páginas de las 400 con referencias científicas y citas de revistas científicas prestigiosas y varios seminarios para escépticos como yo.

No alcanzo a citar las guerras civiles que provocará el cambio climático, la pelea por el agua en el medio oriente, el desastre de la economía, el desmoronamiento de la democracia, la insuficiencia de apoyos a la ciencia y la técnica y el cambio en la ética y la moral. Y, sobre todo en EEUU una “ciencia” financiada por intereses del “capitalismo fósil” igual que en Rusia.

Terminar mis lecturas me provocó muchos efectos entre ellos la angustia de no tener tiempo para espectar la “gran final”, debido a mi curiosidad profesional.

¿Es que de pronto me he convertido en un alarmista? No. A pesar de bajar los grados requeridos en el acuerdo de París, el daño causado nos perseguirá muchos años. ¿Habrá reparación natural o con ayuda de la ciencia? Puede ser, pero ello implica acuerdos políticos. No tenemos gobierno mundial y quizá mejor porque hay deseos de copiar el sistema chino, dictadura, pero eficaz en la reconversión industrial. Por eso hay pensar dos veces para elegir políticos.

No es justo, pero, dejo la responsabilidad a mis nietos y a sus hijos, sólo puedo pedir disculpas por mi consumismo, mis cientos viajes en avión, de los autos que me dio el industrialismo, de mi estima por carnes y vinos. Por el menosprecio al cuidado del agua. ¿Es importante tener una piscina? Mi no-me-importismo frente a la inundación o la sequía ajenas. Miles de perdones por mi constante pensamiento conspirativo. ¿Me pagará Soros por esta nota?

El vivir en un país que cada vez remplaza la calefacción de agua calentada en centros atómicos por paneles solares y electricidad eólica, con industrias modernas como la acería que remplazará los hidrocarburos por otro tipo de energía que fue presentada en la última reunión del clima de la ONU como un éxito de la cooperación entre empresa (capital)-sindicato (trabajo) y el Estado, hace olvidar el drama o la tragedia global que me recuerdan que el sol y el aire no tienen nacionalidad, tampoco pertenecen a una clase social y no tiene militancia política.

Confidencial

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