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“¡Somos la resistencia! ”

El autor repasa la reciente movilización campesina por el resguardo y la preservación de la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía.
domingo, 20 de octubre de 2019 · 00:00

 José Luis Saavedra  Profesor universitario

Si bien casi todos hemos estado apesadumbrados por los incendios forestales en la Chiquitania, cuyas causalidades primordiales son enteramente atribuibles a las políticas (leyes y decretos) extractivistas del gobierno del presidente Evo, por hoy no queremos, ni debemos, olvidar que en el sur del país, más propiamente en Tarija, el pasado mes de agosto se ha desarrollado una muy importante e histórica movilización campesina en y por la defensa del territorio.

La marcha ha sido realizada después de más de dos años de lucha y luego de la heroica vigilia de más de cinco meses, liderada por la secretaria ejecutiva de la Subcentral de Tariquía, Paola Gareca, y la vicepresidenta del Comité de Defensa del cantón Chiquiacá, Barbarita Meza, en resguardo y por la preservación de la Reserva Nacional de Flora y Fauna de Tariquía, que no sólo provee de aire limpio, sino también de aguadulce (que generan las condiciones esenciales para la continuidad de la vida), por el contundente rechazo del ingreso de las empresas petroleras a dicha reserva y por la exigencia de la anulación de los contratos para la exploración y explotación hidrocarburífera.

La política agresivamente depredadora y devastadora del régimen MASista, tanto que podríamos hablar de un extractivismo realoaded, prohijada de manera proactiva por el gobierno del presidente Evo, ha implicado que el mismo mandatario haya autorizado los proyectos de exploración y explotación en territorios indígenas y áreas protegidas. El gobernante promulgó, entre muchos otros, el Decreto Supremo 2366, que consiente el desarrollo de actividades hidrocarburíferas en las 22 áreas protegidas del país, atentando así contra la propia Constitución (Art. 385, núm. I y II).

La política gubernamental, promotora del más salvaje extractivismo (decimos salvaje porque atenta contra las condiciones de vida de las poblaciones y de la propia Madre Tierra), ha generado la digna rabia y la obvia resistencia de los pueblos indígenas y comunidades campesinas, siendo la más heroica precisamente la de Tariquía, que desde el inicio mismo de los atentados y violencias gubernamentales contra la reserva  ha ido resistiendo heroicamente las ofensivas extractivistas tanto del gobierno como de las empresas imperialistas transnacionales (cfr. “Dos años de resistencia en Tariquía”, El País, 25 abril 2019).

No hay espacio para el relato del intenso e históricamente significativo proceso de resistencia que han estado articulando las valientes y esforzadas comunidades de Tariquía (para quienes tengan interés en conocer acerca de esta importante proceso de lucha y resistencia les invito a leer “Cronología de los conflictos socioambientales entre el Estado boliviano/empresas petroleras y las comunidades de Tariquía”, Tarija, Zur, 2019), bastará con decir que sólo durante este año, 2019, los comunarios de Chiquiacá y Tariquía  aguantaron lluvia e incluso nieve en los más de 150 días de vigilia (desde el 6 de febrero) para lograr preservar (del extractivismo) el pulmón y el corazón no sólo de Tarija, sino también de toda Bolivia.

Los escasos resultados de la heroica vigilia y la indolencia e incapacidad gubernamentales para entender y atender las demandas de las comunidades de Tariquía  han impelido a las propias colectividades a movilizarse y marchar, desde el cantón Chiquiacá norte hasta la ciudad de Tarija, en rechazo contundente de la explotación de hidrocarburos dentro del área protegida y en defensa tenaz de la reserva natural. Así, después de haber sostenido más de 150 días de vigilia para que Petrobras no ingrese a la reserva, los/as comunarios/as de Chiquiacá han iniciado una marcha el miércoles 14 de agosto, que es la segunda marcha (la primera ha sido entre el 24 y 27 de abril de 2017) que realizan los pobladores en defensa de la reserva.

Es en este contexto que, el mismo día 14 de agosto, hemos tenido el gusto y el privilegio de conversar con la máxima líder de la resistencia territorial en Tariquía, doña Paola Gareca, y que hoy queremos compartir con los/as lectores/as de Ideas una parte de la conversación amplia y profunda que hemos entablado con la valiente y activa dirigente, quien refiere sucintamente que “Hoy (14 de agosto) ha arrancado la Marcha, hoy al mediodía (a las 11:30), de Chiquiacá, del lugar (preciso) del puente Vallecitos los lapachos, rumbo a Tarija, organizada coordinadamente con nosotros, con Tariquía, con Salinas, que somos de la Reserva de Tariquía”.

“El objetivo de esta marcha es hacer conocer a la población (boliviana) y al conjunto de la opinión pública que, hasta el momento (150 días), seguimos en el punto de vigilia y que continuamos en resistencia defendiendo nuestro territorio e impidiendo la entrada de la empresa Petrobras a la Reserva de Tariquía”.

Las petroleras no han entrado a Tariquía. “No, hasta el momento no han ingresado (las petroleras), por la vigilia que se ha llevado adelante, no hemos dejado (a Petrobras) ingresar a la Reserva de Tariquía. Y por eso queremos hacer conocer a toda Bolivia que seguimos en resistencia y no vamos a permitir el ingreso de las empresas petroleras”.

“Nosotros/as no vamos a descansar hasta hacer anular los contratos que ha firmado el gobierno con la empresa Petrobras, sin consentimiento de nosotros. Y vamos a seguir todas las acciones que se tengan que seguir, así sea con marchas, con bloqueos, con acciones legales, para que no ingresen estas empresas a destruir nuestro territorio”.

La marcha concluyó, luego de seis días de caminata, con un cabildo realizado en la plaza de Tarija y en el que se ratificó la reivindicación de anular el contrato del proyecto exploratorio en la reserva: “Exigimos a las autoridades de Gobierno la anulación de los contratos petroleros y los bloques situados en el interior de nuestra área protegida de Tariquía”. Y se reitera que “no vamos a permitir, por ningún punto, el ingreso de las empresas extractivistas” a las áreas protegidas.

 

 

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