Medioambiente

Bosques sustentables, una experiencia truncada en Bolivia

Bolivia fue el primer país latinoamericano en certificar sus bosques gracias a un proyecto sueco; entre 1993 y 2010 se intentó traspasar el know-how de ese país.
domingo, 27 de octubre de 2019 · 00:00

Carlos Decker-Molina Periodista boliviano, reside en Suecia.

 

El 70% del territorio sueco está cubierto por bosques, lo más llamativo es que en menos de un siglo ha duplicado su masa forestal. Lo que más sorprende es que Suecia proporciona el 10% de la madera del comercio mundial. Una madera que se utiliza para fabricar papel, para la construcción de muebles o a modo de leña para generar calor. 

La pregunta es ¿cómo es posible que Suecia duplique su masa forestal al mismo tiempo que genera el 10% de la madera consumida anualmente en todo el mundo?

La respuesta es simple: Suecia replanta cada año más y más árboles. El crecimiento anual que estima el World Economic Forum es de 120 millones de metros cúbicos al año, mientras que los metros cúbicos talados anualmente se sitúan en 90 millones. Es decir, cada año el país nórdico genera un superávit de 30 millones.

El proyecto para Bolivia 

Con ayuda de la consejería técnica sueca (Swedforest), la Agencia Sueca de Ayuda Internacional y otros actores, como la Universidad de Linköping (Suecia),  de Bio-Bio (Chile) y la Universidad Privada de Santa Cruz (UPSA), Bolivia puso en marcha el proyecto con una inversión inicial de 44,9 millones de coronas suecas (más o menos medio millón de dólares). Se intentó educar técnicos en floresta y madera. El encargado del proyecto fue el profesor Per Larsson, de la Universidad de Linköping.

Planes de estudios, maquinaria y equipos de laboratorio llegaron a Bolivia y se abrieron cursos para bolivianos en la Universidad de Linköping. Para reclutar estudiantes se hizo posible la concesión de becas.

En 2012, la UPSA hizo conocer que los cursos se cerraron por falta de interés de los jóvenes estudiantes.

La explicación del fracaso tiene sus actores. Expertos que trabajaron en el proyecto evalúan su desarrollo y consideran que si bien fue un “salto cualitativo” quedó en el  intento porque  probablemente estuvo mal dimensionado, no despertó el interés de las empresas y tampoco de los estudiantes.

Añaden que los planes de enseñanza carecían de tiempo de práctica en las empresas, que “daban la impresión de no tener interés”

Otra causa -continúan- fue la crisis en el sector maderero y de bosques, por la competencia, sobre todo brasileña.

Otros involucrados en el proyecto comentaron que  “faltó consciencia de la necesidad de elevar cualitativamente la industria forestal”. “Ni el gobierno, ni las empresas forestales son conscientes del potencial económico, y no hay interés o es extraño el concepto de sustentabilidad”, continuaron.

A todo esto se suma que al observar la falta de interés, la Agencia de Ayuda Internacional de Suecia retiró parte de los equipos de laboratorio, un componente importante. 

La certificación

En ese contexto se contaba con un acuerdo con la Cámara Forestal de Bolivia para la certificación de bosques de la Amazonia boliviana que funcionó muy bien. Con ayuda de Swedforest se alcanzó a certificar 2,2 millones de hectáreas durante los años 90. Esta certificación fue la primera del mundo y Suecia, la patrocinadora, se convirtió en el segundo país, después de Bolivia. 

Cuando el informe  fue redactado (24/11- 2017) quedaban 850 mil hectáreas de aquella certificación. Los autores del trabajo  escribieron que la disminución de certificaciones tiene causas prácticas y políticas. Entre las primeras está el hecho de que la certificación tiene un costo anual elevado, aunque los compradores, de Europa y Estados Unidos, estuvieron dispuestos a pagar esos precios, que habrían cubierto los costos. A ésta se sumaron la competencia con Brasil que, al tener precios más accesibles, tiene a Bolivia como uno de sus principales mercados.

En cuanto a las causas políticas están la legislación forestal y regulaciones vigentes -cuando el interés sueco-boliviano estuvo vigente- que se dejaron de lado a partir de la llegada de Evo Morales al gobierno.

La Superintendencia Forestal fue reemplazada por la Autoridad de Bosques y Tierras (ABT), instancia que según algunos sectores involucrados en el forestal es un organismo “completamente corrupto y burocrático”, cuya tarea es facilitar el asentamiento de colonos en las áreas forestales naturales del este de Bolivia. El objetivo es mover la frontera agrícola a expensas del bosque. 

Según la Cámara Forestal de Bolivia, hasta 2014, las compañías forestales perdieron dos millones de hectáreas en concesiones; mientras que las tierras forestales se convirtieron en pastizales para ganado y para plantaciones de soja y palma (aceite).
 

Enseñanzas para los suecos

Uno de los autores del informe sobre esta experiencia se pregunta qué enseñanzas se puede sacar. Al menos cinco: 

1. El planeamiento de la cooperación internacional de Suecia con Bolivia tenía el componente de ayudar al sector privado (Making markets work for the poor) porque así es cómo funciona en Suecia. 

2. Bolivia tenía hace 20 años gobiernos interesados en el clima que se complementaban con las expectativas empresariales. Se comenzaba a construir instituciones como la Superintendencia Forestal. 

3. La industria de la madera y los bosques fue en ese tiempo más o menos ventajosa. Las empresas vieron un potencial en el cuidado de los bosques, el ennoblecimiento de un producto natural que sustituía la exportación informal, callapos no convertidos en madera o madera ennoblecida no convertida en muebles, por ejemplo. Y, lo más importante: “la exportación de muebles para jardín certificados, que llegaron incluso al mercado escandinavo”, dicen los expertos que fueron parte de la experiencia.

4. Después de 2007 Bolivia tiene un gobierno más tradicionalista en cuanto a los bosques, los ve como obstáculos para la agricultura y la cría de ganado; mientras que ve la entrega de tierras a pequeños agricultores, a través ATB, como una manera de combatir la pobreza.

5. No se conoce o simplemente no existe la necesidad de una investigación industrial en el área de bosques, tampoco se conoce si se tiene interés en el mercado interno y no se cuenta con políticas de exportación. De acuerdo al informe, en el contexto y momento en que fue redactado, la política del gobierno estaba concentrada en la exportación de petróleo y gas. En ese contexto, no se cuenta con una política de bosques como recurso natural que puede ser ennoblecido con una política sustentable. La empresa privada del sector parece debilitada, no sólo por la actitud política sino, por la competencia de países vecinos, como Brasil.

6. Finalmente, no se cuenta con recursos o visiones para reestudiar o reevaluar la industria forestal, que carece de personal calificado y de líderes que contagien optimismo. 

Como nota final, la parte sueca de este interesante proyecto, que murió de inanición política, dice: “Construir islas con un programa de desarrollo, respetuoso del medio, en un medio que prefiere ‘la tradición’, funciona muy pocas veces”.

“La tradición” para los suecos involucrados en el proyecto es el chaqueo, “una forma anárquica y descontrolada que es perjudicial para el desarrollo sostenible y no resuelve la pobreza”.

Punto de vista
Alfredo Romero Muñoz  Biólogo de la conservación


“Venta de  créditos de carbono es mejor opción”

El manejo forestal fue importante en Bolivia como una forma de hacer uso económico sin destruir el bosque, pero perturbándolo. Asimismo, no podemos esperar llegar a la producción de Suecia en base a nuestros bosques nativos, ya que en su mayoría éstos tienen especies de muy lento crecimiento. Por tanto, este uso forestal debe estar dado en base a la tasa de recuperación del bosque y de forma que no se dañe su biodiversidad. Esto requiere un monitoreo ecológico sistemático. Por ejemplo, muchas veces las actividades de tala están relacionadas a la cacería.

Sin embargo, el aprovechamiento sostenible de estos bosques es preferible a la opción actual de deforestación y quemas para ampliar la frontera agrícola. 

Si se quiere hacer uso comercial de los bosques, que es cuestionable desde varios puntos de vista, una  mejor opción es la venta de los créditos de carbono a otros países. O sea, otros países nos pagarían para mantener nuestros bosques que: 1) mantienen carbono en sus árboles y 2) absorben carbono de la atmósfera. 

Esto se realiza en otros países a través del programa REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de Bosques y conservación de la biodiversidad) pero en Bolivia no es legal debido a que la Constitución Política del Estado establece que no se puede comercializar con la Madre Tierra. Sin embargo, se destruyen completamente los bosques y sus animales para fines comerciales insostenibles de la agroindustria.

 

 

Otras Noticias