Visiones

La izquierda, el feminismo y la sociedad maniquí

Hay un fanatismo y un fundamentalismo radical en la población, que critica la dictadura de Maduro, pero alaba la de Bolsonaro.
domingo, 06 de octubre de 2019 · 00:00

Atawallpa Oviedo Freire Filósofo andino

El norteamericano Georges Hill, presidente de American Tobacco y propietario de cigarrillos Lucky Strike, veía que había un importante sector que no consumía sus tabacos , y que eran las mujeres. Es decir, más de la mitad de la población que no le generaba ingresos. Contrató al publicista y líder del marketing Edward Bernays para que hiciera algo al respecto. Sobrino de Sigmund Freud y seguidor de sus teorías, Bernays  pensaba  que lo que hay que hacer es manipular (cristalizar en sus palabras) a las masas para que sigan una corriente.

Ideó una campaña para que las mujeres asocien el consumo de tabaco con libertad e igualdad de género. Contrató a un grupo de mujeres para que en un momento del tradicional desfile de Pascua en New York en marzo de 1929, sacaran cigarrillos y los encendieran, reivindicando el feminismo. Convocó a la prensa a un lugar que había previamente determinado con esas mujeres y les dijo que habría un acto de reivindicación feminista. 

Al otro día fue noticia mundial: mujeres fumando para sentirse libres, empoderadas e iguales que los hombres. Fumar tabaco es una “antorcha de libertad”, respondían todas las contratadas por Bernays. Luego aparecieron los primeros anuncios publicitarios en los que actrices estadounidenses animaban a las mujeres a fumar. “Enciende un Lucky y nunca más echarás de menos los dulces que te hacen engordar”. Desde entonces, las mujeres consumen tabaco y han hecho más ricos a las grandes transnacionales.

Las élites lo han sabido desde siempre, desde la época de los griegos con su invento de la democracia, o de como manipular a la gente a través de la democracia. Y eso también lo sabía muy bien Bernays, quien promovió el modelo de dos partidos hegemónicos para evitar la fragmentación del voto y el “caos” (republicano y demócrata). 

Logró que el pueblo norteamericano aceptara y apoyara la Primera Guerra Mundial (figura simbólica del Tío Sam). Derrumbaron en Centroamérica a un gobierno reformista que no les convenía a los inversionistas bananeros de EEUU (La República del Banano). El propagandista nazi Joseph Goebbels se inspiraba en el libro de Bernays Cristalizando la opinión pública, para proceder al maniqueísmo del pueblo alemán.

A través de la propaganda, la publicidad y el marketing han convertido a la población mundial en una sociedad maniquí, a la que le ponen y le quitan a su conveniencia cualquier creencia, dogma o mito. Una población con 90% de analfabetismo político, epistémico, filosófico; producto de 500 años de colonialismo, que la izquierda ha intentado romper, pero que ha terminado convirtiéndose en el otro lado de lo mismo.

 El pueblo ha luchado contra las élites por conseguir cada vez más derechos, pero, cuando la izquierda ha estado en el poder, han perdido algunos de ellos. Justamente esa pérdida de derechos, y de la falta de otros ha dado argumentos a la derecha para atacar a toda lucha por un mundo más equitativo o menos desigual.

Toda acción de protección a la naturaleza, a las mujeres, a otras sexualidades, a la inmigración, a la diversidad cultural, a las personas zurdas, etcétera; son anuladas y asociadas a personajes nefastos de la izquierda.

Actualmente en el mundo hay un 15% de gobiernos autotitulados de izquierda, lo que significa que el 85% son de derecha o avanzan hacia la derecha. Pero aún así  buscan desbaratar todo proyecto de armonía social. 

Cuando se produce una brutalidad en un gobierno de izquierda, los titulares de la derecha se centralizan en que eso es el socialismo y el comunismo, pero cuando es al revés sólo se critica al personaje, o al líder.

Esto ha generado un fanatismo y un fundamentalismo en un gran sector de la población, que critica la dictadura de Maduro, pero alaba la de Bolsonaro, que ataca al déspota de Ortega, pero reivindica a Trump, que rechaza a Castro, pero que reclama un otro Pinochet, que despotrica contra Stalin, pero rinde pleitesía a Hitler.

Hoy, todo lo que huele a cambio es embarrado de izquierda y con ello la pretensión de anularlo. Para ello se han inventado lo que ellos llaman el “marxismo cultural” y la “ideología de género”, algo que no utiliza la izquierda, pero hábilmente se aprovechan de la palabra “marxismo” que ha sido denigrada por la derecha para ensuciar toda acción positiva de cambio, que en su mayoría no viene desde la izquierda, sino desde los movimientos sociales. 

En la mayoría de los movimientos sociales hay una crítica y un distanciamiento con la izquierda y la derecha, por todo lo anotado anteriormente, pero la deshonesta derecha mete a todos en el mismo costal.

En América Latina están de moda tres personajes peligrosísimos: Agustín Laje, Nicolás Márquez y Gloria Álvarez,  quienes se han dedicado a profundizar y consolidar la sociedad de maniquíes, y quieren que regresemos a la Edad media. 

El Libro negro de la nueva izquierda, y el Libro oscurantista de la derecha y la Iglesia, revelan cómo la izquierda ha tomado como eje de su ofensiva al aborto y la homosexualidad. Temas tan sensibles que requieren prudencia y recato, pero de los que ellos se aprovechan, en  casos extremos, para manchar  todo, como en la Inquisición.

Obviamente que no llegan a todos, sino a gente conservadora, insensible, extremista, fanático-religiosa, que se han acostumbrado y gustan de ser maniquíes. Que cuando se habla de aborto en casos de violación, ellos aspiran más inquisición católica. Que cuando se busca el respeto a las orientaciones sexuales, ellos ambicionan linchamiento y lapidación. Que se reclama la circulación abierta por todo el mundo, ellos pretenden convertir en guetos a sus países. Que se proclama el respeto a los indígenas, negros, ellos reclaman un Hitler en sus países y se proclaman “morenazis”.

En definitiva, con tanto analfabeto que ha creado principalmente la derecha, la sociedad de maniquíes se encarrila cada vez más a su autodomesticación y autoexplotación. Ya no son necesarios los Hitler, ni los Franco, ni los Pinochet, sólo embrutecimiento psicológico al estilo de Edward Bernays o Joseph Goebbels para que las élites sigan sometiendo y aprovechándose de los errores de la izquierda y de los movimientos sociales.
 

 

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