Opinión

Evismo: el fin de un ciclo

domingo, 10 de noviembre de 2019 · 00:00

Gustavo Adolfo Calle   Miembro de Jichha

Hemos llegado a un punto de no retorno. El fin de un ciclo, como sugiere Pablo Stefanoni. El evismo ha tocado su punto decreciente culminante. El ciclo del evismo implicó la creación del Estado Plurinacional en lo político y la aplicación de un modelo cuasi keynesiano en la economía. Fue un periodo en el que las identidades originarias tomaron mayor presencia, aunque, por supuesto, supeditada a la lógica y restricciones del Gobierno. El evismo ha cumplido ya su ciclo y pretender su continuidad, usando los términos propios del marxismo, es anti-dialéctico.

El evismo trajo cosas que los movimientos sociales auténticos impulsaron con la fuerza de sus luchas: la nacionalización de los hidrocarburos, la aplicación de una política económica redistributiva importante -aunque con varias limitantes-, un contexto favorable para el empoderamiento indígena y, paradójicamente, un desgaste de su discurso “reivindicativo” y sus símbolos de lucha, como el de la whipala, por ejemplo. 

Sí antes existía un grupo muy reducido de población profesional indígena, durante el evismo, esa situación cambió. Las luchas de octubre del 2003 habían puesto como aspiración de los movimientos indígenas la sed por el conocimiento “liberador” y “modernizante” y, por consecuencia, el ascenso social. La creación de la Universidad Pública de El Alto (UPEA) es la muestra de esa aspiración, así como la creciente matriculación de jóvenes indígenas en el sistema universitario boliviano. 

Al paralelo, se irradió la ideología indianista y katarista en el occidente del país. Varios jóvenes se fueron sumando a esta corriente a través de grupos que marcaban el inicio de una nueva generación de intelectuales, que en continuidad o en contra-versión del indianismo y katarismo clásico, refrescaban el escenario de las ideas políticas. 

Su llegada no fue para nada complaciente con el poder. Llegaron para pensar críticamente los límites de un gobierno que tenía un representante indígena –aunque, como varias veces reflexionaron esta nueva ola de intelectuales- con mentalidad ajena a las luchas identitarias y coloniales. 

Las críticas al poder no eran simples elucubraciones. Según subrayaban, la realidad del Gobierno era que en su estructura de “poder real” los “indios” no contaban, contaban simplemente sus símbolos; en ese sentido, se reflexionó el tema de la instrumentalización del “indígena”. 

En el periodo del evismo, se posicionó el término q’amirí, para hablar de la emergente clase social burguesía-mercantil aymara-quechua. La irrupción de esta clase social con rostro indígena, permitió la movilidad social en gran escala en Bolivia, que dio paso a la estructuración de clases sociales al interior del mundo indígena que rompían con la homogeneidad aparente que los caracterizaba. Fue tan estruendosa su irrupción, que algunos imaginaron que, bajo esta nueva clase social, emergería una nueva elite política. 

Si se mira con atención, en un nuevo escenario político pos-Evo, los sujetos que bregaran el espacio político y económico, son sujetos con mayor capital simbólico, político y económico, situación que los coloca en clara ventaja y los diferencia, de los movimientos “indios” que disputaron por el poder en los años 70 y 80.

Ahora, lo concreto es que el freno al desenvolvimiento posterior y progresivo de esta nueva realidad social indígena es Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo (MAS). ¿Por qué tan atrevida afirmación en un contexto político tan sensible? 

Primero, en torno a Evo se posicionó la idea de que se había cumplido con las demandas de los indígenas y que, por lo mismo, pretender más de lo conseguido era ya ilegítimo o un despropósito. El caso de las autonomías indígenas al respecto es ilustrador. En ese escenario, por ejemplo, los que realizaban observaciones y salidas críticas al proceso autonómico indígena, se los mostraba como obcecados, o sencillamente se los ignoraba. 

Segundo, fue un periodo donde el MAS, presionado por el contexto, permitió la irrupción de una normativa que lidiara contra la discriminación y el racismo. No se puede negar que se trata de un aparato normativo necesario y que hoy puede ser efectivo en la lucha contra toda forma de discriminación, y racismo; sin embargo, el uso político de este instrumento jurídico durante el evismo desvirtuó su naturaleza. La norma se usaba a conveniencia política. Si bien se sancionaba e investigaba los casos de racismo y discriminación en algunos sectores de la sociedad, para los “discriminadores y racistas” que irrumpían dentro del MAS la norma no surtía ningún efecto.

Tercero, en la misma línea, la normativa anticorrupción, otra importante herramienta jurídica, juzgaba a los opositores, y a algunos elementos de segunda línea del MAS cuando éstos habían procedido con irregularidades; pero se hacía de la “vista gorda” con los “hermanos masistas” de primera línea que tenían denuncias que indignaban al extremo de la movilización, es el caso de Achacachi. Esto sucedía a la vista de aquellos que han buscado en algún modo la profundización del cambio o el reencause de la lucha a los senderos del espíritu de las batallas de octubre de 2003.

Cuarto, el “evismo”, en sí mismo, es el freno a la democratización profunda de la política “india”. Es decir, la reinvención de la política desde el sujeto indígena encuentra un freno en un esquema donde todo se reduce al caudillo. Este punto es crucial para entender los frenos del proceso político en particular del mundo aymara-quechua. 

Sí se mantiene este esquema de acceso al Gobierno desde la figura sólo del liderazgo del caudillo, en este caso, Evo Morales, la posibilidad de pensar el poder desde la diversidad de actores provenientes desde el universo indígena -sean estos marxistas, liberales, indianistas o kataristas-, es limitada. Una sociedad indígena acostumbrada al caudillo no verá posibilidad política más allá de la figura de éste. 

Algunos ven con lamento y desesperanza el fin del evismo; sin embargo, no se dan cuenta que éste es, más bien, el paso necesario y lógico para la renovación generacional de la política y el desenvolvimiento posterior de las capacidades políticas y éticas del sujeto indígena. 

Hay que ser claros, bajo el evismo brotó la “Generación Evo”, una nueva generación de jóvenes intelectuales masistas -algunos muy interesantes y hasta críticos-, en cuya cúpula la ausencia de intelectuales indígenas pone al descubierto que en el MAS no se ha perfilado al sujeto indígena como potencial sucesor de Morales. Si usamos el atrevimiento y la sospecha como herramienta de indagación, podríamos sugerir que en el MAS se pretende el retorno camuflado del liderazgo blanco-mestizo y criollo bajo el paraguas del discurso indígena sin indígenas; lo que al final de cuentas, refuerza la tesis de que el gobierno del MAS no es más que el gobierno de la impostura que aprovecha la presencia del indígena Evo para enquistarse en el poder y reproducirse en el mismo. 

El evismo cumplió su ciclo. Cumplió con relativo éxito, los mandatos populares durante el primer quinquenio de su gobierno. Pero, empezó temprano a mostrar sus límites. En realidad, empujado por la lucha de octubre de 2003, el evismo mostró su lado más noble y progresivo. Sin embargo, hoy, es un proyecto que ha agotado sus posibilidades de renovación. 

Si miramos más allá de la actual crisis, en un escenario pos-Evo -que a mediano o largo plazo terminará dándose-, las nuevas elites políticas se encontrarán con actores políticos indígenas ilustrados de nueva generación -esperemos con mayor predisposición a superar la deplorable cultura política conservadora boliviana-, las organizaciones sociales serán encaminadas a recuperar su independencia del poder político gubernamental, y es posible que emprendan una cruzada de mayor profundidad por la transformación social en Bolivia, por medio del ejercicio real del control social y la lucha social como “movimiento”. Como verán, no todo es tan catastrófico. Señores y señoras: el sol no se va a esconder y tampoco la luna se va a escapar.
 

 

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