Análisis

Teología política del discurso de Camacho

Usa la religión de manera deliberada, como un instrumento de articulación hegemónica y legitimación social de su liderazgo.
domingo, 10 de noviembre de 2019 · 00:00

Juan Pablo Marca Politólogo y sociólogo de la Uagrm.

Más allá de estar de acuerdo con una nueva elección o, en último caso, con una segunda vuelta como salidas posibles para resolver el actual conflicto que vive el país y así restituir de una mejor manera la confianza en el sistema democrático en Bolivia, es necesario hacer una crítica al discurso teológico y político manifestado por Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Pro Santa Cruz, en los últimos días. Y mencionar los riesgos de que el actual conflicto que vive el país sea entendido como un conflicto religioso o un conflicto étnico-racial, antes que un conflicto político institucional y resolverse en ese marco.

Conviene mencionar antes que desde la teoría política, el discurso político es un tipo de lenguaje relacionado con el entramado del poder, un lenguaje que posibilita la formación de identidades en la sociedad (Marsh y Stoker, 1997). Este fenómeno es estudiado desde la ciencia política, más allá de ser un instrumento de comunicación política, como un soporte de dominación simbólica, articulación hegemónica y legitimación social. 

En este contexto, el discurso de Camacho, al mencionar que la Biblia volverá al palacio de Gobierno, por un lado, muestra que busca comprender la vida política en términos de religión y que ver a las instituciones políticas, como el Estado, como si fueran instituciones teológicas, lo cual no es correcto. Al respecto, la historia nos muestra que la unificación o la confusión de la religión y la política trae como fruto leyes religiosas coercitivas. Más aún sabiendo que la moral religiosa no puede ser impuesta, legislada o ganada desde el Estado; la fe cristiana no puede ser lograda con una cruzada o una conquista, como lo fue la imposición de la fe católica en los inicios de la conquista española de América.

La instauración de una fe a través del Estado, como se observó también en la Edad Media, causó mucha persecución y muerte, tanto entre protestantes y católicos que creían diferente a la religión oficial del Estado. Es por eso que es muy importante comprender una relación adecuada entre la religión, la iglesia, la política y el Estado en el manejo del discurso de cualquier actor político en este siglo, y esta fue ejemplificada de una manera muy sabia en la vida de Jesucristo cuando dijo: “(…) Dad, pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22: 21)”. 

Por otro lado, es preciso mencionar que la iglesia en plural en Bolivia tiene que ser consciente que a medida que su papel se expande en la sociedad, debe tener mucho cuidado en su relación con el Gobierno y la política. La Iglesia debe actuar en forma separada del Estado, para que su persuasión no sea coercitiva, ni el orden del Estado sea confuso. La identidad de cada uno de ellos es vital. Deben conservarla. La Iglesia tiene la misión de evangelizar la familia humana para que cada persona tenga la oportunidad de recibir la salvación y la vida eterna, conforme a su creencia, y el Estado tiene la misión de administrar el poder y los recursos materiales para asegurar la libertad, el orden, y el sustento de todos los habitantes del planeta.

Según la historia, unir la Iglesia y el Estado es un terrible error. Separados, son útiles y valiosos para la vida del mundo. Unidos, vienen a ser un desacierto, tanto para el cuerpo político como para el cuerpo eclesiástico. 

Volviendo al tema de la separación de la región y la política, conviene mencionar, “que un Estado y sus leyes no deben prescribirse a una profesión religiosa; porque dichas leyes son las garantías de los derechos políticos y civiles; y como la religión no toca a ninguno de estos derechos, ella es de naturaleza indefinible en el orden social, y pertenece a la moral intelectual. La religión gobierna al hombre en la casa, en el gabinete, dentro de sí mismo: sólo ella tiene derecho de examinar su consciencia íntima. Las leyes, por el contrario, miran la superficie de las cosas: no gobiernan sino fuera de la casa del ciudadano. 

Aplicando estas consideraciones ¿podrá un Estado regir la consciencia de los súbditos, velar sobre el cumplimiento de las leyes religiosas y dar el premio o el castigo cuando los tribunales están en el cielo, y cuando Dios es juez? La inquisición solamente sería capaz de reemplazarlos en este mundo ¿Volverá la inquisición con sus ideas? La religión es la ley de la conciencia. Toda ley sobre ella la anula, porque imponiendo la necesidad al deber, quita el mérito a la fe, que es la base de la religión. Los preceptos y los dogmas sagrados son útiles, luminosos y de evidencia metafísica; todos debemos profesarlos, más este deber es moral, no político” (Simón Bolívar. El discurso ante el Congreso de Bolivia).

Por otro lado, analizando el discurso político de Luis Fernando Camacho, entendiendo al discurso no solamente como un lenguaje escrito y hablado, sino como toda acción portada de sentido, cualquiera sea su contexto o soporte material, conviene precisar que dicho discurso es poco consistente y muy cambiante en el tiempo. Por un lado, menciona que levantará una lista de traidores a la causa democrática, al estilo Pablo Escobar, en Santa Cruz. Por otro lado, ora y recibe la bendición de pastores evangélicos, al igual que Bolsonaro en Brasil.

Después, el 21 de octubre, dio 48 horas de plazo a Evo Morales para convocar a segunda vuelta, bajo la amenaza de posesionar a Mesa como Presidente. Posteriormente, pide una segunda vuelta. Después pide anulación de las elecciones. Finalmente, el 2 de noviembre, pide la renuncia del presidente Evo Morales, dado un plazo fatal de 48 horas, hasta el lunes 4 de noviembre, para que renuncie de una vez por todas. No es la primera vez que el líder cívico da plazos. Lo hizo el 4 de octubre, cuando dio hasta el mediodía del 7 para expulsar a los colonizadores ilegales de la Chiquitania, bajo amenaza de retirarlos él. 

Aunque no se puede negar que el liderazgo de Camacho tiene varios elementos interesantes, como “los pantalones bien puestos”, dirían algunos, cuando fue solo a La Paz con la carta de renuncia de Evo Morales; también, por otro lado, evidencia poca capacidad para organizar quién lo recibiera en El Alto. Cabe preguntarse ¿por qué no aparecieron en el aeropuerto de El Alto Albarracín, Villena, Mesa o cualquiera del Conade? ¿Existe una coordinación entre los actores cívicos y políticos de la oposición? Es muy probable que Camacho no esté escuchando a los otros líderes de la oposición y estemos ante el surgimiento de un caudillo mesiánico que busca llamar la atención con las medidas que toma. 

En lo que respecta al discurso de Luis Fernando Camacho en el cabildo del 4 de noviembre, se identifica claramente la intencionalidad de mezclar elementos religiosos y políticos en su discurso, por los iconos mostrados mientras se dirigía a la ciudadanía, como el uso de la imagen de la Virgen María, el uso del altar papal, que lo muestra como un “mártir” de la democracia y como un líder “mesiánico” que instaurará el reino de los cielos en Bolivia al llevar la Biblia a palacio. 

Habiendo tantos elementos de la realidad política y social, el discurso del presidente del Comité Pro Santa Cruz usa la religión de manera deliberada, como un instrumento de articulación hegemónica y legitimación social de su liderazgo, y muestra como si el conflicto que vive Bolivia fuera una guerra espiritual entre cristianos y paganos. En este contexto, la religión se convierte en un dispositivo y artefacto de polarización con los seguidores del MAS, abriendo las puestas al fanatismo religioso en la lucha política. 

Evidenciándose así la instrumentalización grotesca e irreverente de la fe cristiana en la legitimación del liderazgo del Comité Pro Santa Cruz. Pasándose así por alto uno de los diez mandamientos registrados en el libro de Éxodo 20: 7: “No tomarás en el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”.

En este contexto, conviene mencionar, que sólo el ejercicio prudente de la política, entendida en términos de negociación y dialogo, nos podrá salvar de llegar a un mayor derramamiento de sangre en el país. Pero, también comprendiendo que la oración intercesora del pueblo cristiano y católico ayudará mucho a que los líderes políticos, cívicos y sociales encuentren los espacios de diálogo para resolver la actual crisis política y que se restituya el derecho a la libre locomoción, y al trabajo que permite llevar el pan de cada día a los hogares más humildes.

 

 

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