Fraude electoral: desobediencia civil

domingo, 03 de noviembre de 2019 · 00:03

Una vez concluida la jornada electoral del domingo 20 de octubre, el ganador ético es, sin duda alguna, Carlos Mesa, quien, contando con más del 37% de la preferencia del electorado nacional a su favor, prácticamente impone la realización de la segunda vuelta en contra de Evo Morales, que aun ocupando el primer lugar (con el 46% de los votos) ha obtenido una victoria pírrica.

Es en verdad loable la performance de Mesa, por cuanto lo ha conseguido en condiciones desiguales y totalmente desfavorables frente al monumental aparato de poder opresivo y represivo con el que cuenta el régimen de turno. Y también es claro que dicho triunfo no es sólo por los méritos de Mesa, sino, y sobre todo, por la consciencia profundamente democrática del pueblo boliviano, cansado ya del autoritarismo, el despotismo y la corrupción MASistas.

¿En qué condiciones se ha desarrollado la campaña electoral? Una primera cuestión, en gran medida encubierta por los mass media, es la épica resistencia de los pueblos y las comunidades indígenas, así como la defensa de las territorialidades étnicas frente al extractivismo depredador, cuya heroicidad ha sido irradiada al conjunto del país, a través de la gestación de la consciencia ecológica movilizada e indignada por los incendios forestales en la Chiquitania.

Una segunda cuestión es el conjunto de síntomas de fraude electoral, tales como el crecimiento desmesurado de los distritos rurales (en varios casos con más del 40%). No hay migración alguna (regional o nacional) que avale tal incremento; más aún, la población boliviana crece en un 2,4% y no puede ser que su electorado aumente en más de un 30 o 40%. La tendencia lógica (aquí y en cualquier otro lugar del mundo) es que crezcan las ciudades, no así las áreas rurales. Ha habido pues doble inscripción, que el TSE lamentablemente no ha evitado, menos sancionado, mucho menos depurado, atentando así contra el voto popular y la propia Constitución.

Una tercera cuestión es que el MAS ha desplegado una diversidad de formas de fraguar el voto popular, tales como obligar a los servidores públicos a fotografiarse con la papeleta marcada por el MAS y entregarla al jefe de personal de su trabajo so pena de perder el puesto. Incluso se ha sabido de familiares de los servidores que también han tenido que enviar la fotografía que respalde su voto por el MAS, lo cual constituye una extorsión política, por cuanto no se cumple el mandato constitucional (ni el derecho) de votar libremente. A ello se añade que el gobierno ha incautado al menos el 10% de los salarios de los servidores públicos para la campaña electoral del MASismo.

Una cuarta cuestión es que el presidente Evo pisotea la voluntad popular, irrespeta las normas democráticas, manipula la justicia y arrincona las disidencias. Y el presidente Evo ha violado la Constitución para re-reelegirse por tercera vez (el 2014) y ahora por cuarta vez consecutiva (la Constitución, artículo 168 prevé “una sola vez de manera continua”), manoseando insolentemente tanto al TCP como al TSE, que hoy por hoy se constituyen en los serviles llunk’us y adláteres del régimen MASista.

Una quinta cuestión está dada precisamente por el uso arbitrario de las leyes por parte del presidente Evo, así como por los delitos electorales impunemente perpetrados por él mismo y que obviamente nadie quiere, ni puede sancionar (la cobardía y el llunk’erio de los operadores de justicia está generalizada en el conjunto del país), así como la absoluta sumisión del TSE a las groseras digitaciones del régimen MASista, cuyo hecho de mayor servilismo y envilecimiento ha sido pues la habilitación inconstitucional del binomio oficialista, cuando la Constitución dice manifiestamente que no, y cuando el referéndum del 21F también dice que no (además de tener carácter vinculante y ser de cumplimiento obligatorio).

Una sexta cuestión está dada ciertamente por la falta de transparencia, credibilidad e imparcialidad del TSE, que no es pues un árbitro ecuánime; por el contrario, ha demostrado una y varias veces su absoluta sumisión e indignidad abyecta a los intereses del presidente Evo. Y de aquí ha emergido el grave hecho del fraude electoral, que ha sido develado por la vigilancia y la consciencia democrática del pueblo boliviano, principalmente de los jóvenes movilizados.

Una séptima cuestión es que el gobierno de presidente Evo ha gastado exorbitantemente en la campaña electoral, además de someter servilmente a las instituciones del sistema democrático. Se ha derrochado -insulsamente- mucha plata en propaganda para el binomio ilegal e ilegítimo, buscando domesticar, corromper y disciplinar la consciencia y la rebeldía sociales.

En este contexto, ¿qué nos queda por hacer a los ciudadanos? Defender y vigilar el voto, tener cuidado con la reactivación de los mecanismos del fraude (los MASistas son hábiles en el juego de las ‘estrategias envolventes’), así como exigir el respeto al voto. Hoy mismo la ciudadanía boliviana está en un paro nacional, miles y miles de personas, sobre todo jóvenes, que son los nuevos protagonistas del proceso democrático, dicen “no vamos a aceptar este golpe a la democracia”, “ni este nuevo pisoteo a nuestra voluntad política”.

Lo grandioso de esta lucha por la democracia es que unificó a todos los que están en contra del presidente Evo y esta unidad significa que no se miran colores políticos, ni diferencias regionales, todos estamos con un discurso de unidad. Y lo más emocionante es que la lucha es por la democracia, de oriente a occidente, de norte a sur, es el pueblo boliviano en su conjunto pidiendo democracia.

Recordemos, finalmente, la importancia estratégica y la qamasa (fuerza/energía) de la indignación y movilización social frente a la injusticia, y el abuso de poder, así como la reactivación de la voluntad popular contra el prorroguismo ilegal, ilegítimo e inconstitucional.

José Luis Saavedra / Profesor de teoría y política poscolonial

“Lo grandioso de esta lucha por la democracia es que unificó a todos los que están en contra del presidente Evo y esta unidad significa que no se miran colores políticos, ni diferencias regionales”.

Confidencial

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