Análisis

La mano de Rusia en los conflictos de Bolivia y la región: la guerra híbrida

La defensa del fraude electoral en Bolivia y la acometida contra los gobiernos democráticos de Ecuador y Chile son una evidencia de la influencia rusa. Cuba se convirtió en un puesto de avanzada para la reunión de inteligencia soviética y una plataforma para apoyar a otros movimientos revolucionarios en América Latina.
domingo, 03 de noviembre de 2019 · 00:00

Desde la llegada al poder de Vladimir Putin como presidente, Rusia ha emprendido una campaña amplia y sorprendentemente efectiva para expandir su alcance global. Su influencia también ha llegado a América Latina, en gran medida a expensas de Washington. Las actitudes de reproche hacia los Estados Unidos en la región sobre cuestiones de comercio e inmigración, el aumento de candidatos populistas y la profundización de los desafíos económicos y sociales internos que enfrentan muchos países latinoamericanos crean circunstancias favorables para que Rusia promueva sus intereses. De esa manera, ha logrado que Brasil y México sean sus mayores socios comerciales; mientras que con Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia comparte el enfoque cada vez más autoritario del Kremlin y mantiene estrechos vínculos políticos  y militares que favorece su penetración geopolítica en el continente.

El enfoque de Moscú hacia América Latina se asemeja al peso soviético en las décadas de 1960 y 1980. En ese momento los soviéticos habían aceptado en gran medida el dominio de los Estados Unidos en la región, considerando demasiado lejos para defenderse militarmente y demasiado costoso para apuntalar económicamente. Pero cuando las condiciones cambiaron, Moscú no dudó en insertarse, como lo está haciendo hoy. Cuba se convirtió en un puesto de avanzada para la reunión de inteligencia soviética y una plataforma para apoyar a otros movimientos revolucionarios en América Latina.

Este avance se frenó luego de la implosión de la URSS y con el advenimiento de la democracia en América Latina; sin embargo, los lazos establecidos durante ese periodo   brindan hoy a Moscú una base de experiencia y redes a las que recurre. El acceso a puertos y aeródromos le permite  desplegar activos militares en la región, proyectando su poder y enviando mensajes a los Estados Unidos de que está dispuesto a enfrentarle en su área de influencia. Rusia aprovecha sus lazos con los países de la región para promover su agenda internacional y  ha recibido apoyo de los cuatro que considera geoestratégicos: Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela en temas importantes, como Georgia, Siria y Ucrania. El presidente Evo Morales  tuiteó sobre la reelección de Putin que “garantiza el equilibrio geopolítico y la paz mundial ante el ataque del imperialismo”.

Pese a la propaganda, el alcance de Moscú en América Latina está limitado por sus modestos recursos. Los despliegues militares rusos son costosos y complicados, y carecen de los recursos financieros para satisfacer las necesidades de inversión extranjera de América Latina o para servir como un importante mercado para las exportaciones. Sin embargo, Rusia ha sido experta en promover su presencia a un bajo costo y puede mantener este enfoque durante mucho tiempo. Sus objetivos varían según los países y circunstancias.

 Se vuelca a la defensiva para sostener los gobiernos de Venezuela, Nicaragua, Cuba y hoy al de Bolivia, pero desde la experiencia venezolana, a principios de año, ha desarrollado desde ese país, y con la colaboración del Foro de Sao Paulo, el ataque como defensa y se ha lanzado de frente para generar conflictividad en los otros países penetrándolos y desestabilizándolos.

La defensa del fraude electoral en Bolivia y la acometida hacia los gobiernos democráticos de Ecuador y Chile son una evidencia de la influencia rusa en las últimas semanas. Analizando las imágenes de los grupos de manifestantes en Ecuador y Chile vemos que tienen en común la destreza militar en su desplazamiento, movilización en escuadras, utilización de protectores y tubos para lanzar proyectiles a la Policía, algo similar a lo utilizado en algunas ciudades de Colombia en meses previos. El germen del odio es inoculado en la sociedad y se espera el momento más oportuno para que brote y estalle.

Luis Almagro, secretario general de la OEA, señaló que estas protestas tenían relación con las amenazas lanzadas desde Venezuela por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello sobre las “brisas bolivarianas”. “Las corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana, que buscan nuevamente reposicionarse, no a través de un proceso de reinstitucionalización y redemocratización, sino a través de su vieja metodología de exportar polarización y malas prácticas”, dijo Almagro.

Según un análisis del think tank Atlantic Council: “Maduro ha señalado que el Foro de Sao Paulo, que reúne a partidos de izquierda de América Latina, son quienes planearon las protestas en Chile, Ecuador y Colombia”.

Por tanto, existen muchas evidencias que demuestran que los países latinoamericanos son parte de una compleja operación de influencia hostil que se ajusta al modus operandi que los servicios especiales rusos emplean en sus “actividades” contra Occidente.

Desafortunadamente, mucha gente todavía tiene una comprensión limitada de lo que realmente significa el término “actividades rusas”. Su primer pensamiento está relacionado con “campañas de propaganda o de desinformación a través de los medios”. Y no podrían estar más equivocados, porque dicha simplificación es un gran error, lo que puede conducir a la subestimación de una amenaza realmente grave. De hecho, aparte de las actividades de información per se, Rusia lleva a cabo las llamadas campañas de influencia hostil. Éstas consumen más recursos y requieren el uso de una multitud de métodos. Los servicios especiales rusos llevan a cabo las tareas principales que  pueden obligar a cualquier institución de otro país a impulsar su agenda. Es una guerra, una guerra híbrida.

La guerra híbrida

La guerra híbrida es un  conflicto en tiempo de paz, como lo fue la Guerra Fría, pero, a diferencia de aquella,  las poblaciones occidentales no son conscientes de la condición de amenaza existencial que representa.

El concepto  es válido para configurar el nuevo tipo de conflicto militar predominante en el mundo. Según esto, se trata de la agresión que se genera en función de una combinación de fuerzas irregulares, fuerzas regulares encubiertas y, principalmente, del ataque cibernético, basado en la implementación de campañas de propaganda, información, y desinformación a gran escala, mediante el empleo de ciberataques, interferencia en los sistemas de comunicaciones, etcétera.

Hasta el momento la guerra hibrida ha sido muy bien llevada por Rusia, buscando debilitar el principio y los valores de la democracia occidental, desatando algunos de los elementos más oscuros que han atormentado recientes episodios turbulentos en Europa y América.

Rusia está librando una lucha esencialmente política contra Occidente a través de la subversión política, la penetración económica, el espionaje y la desinformación. Hasta cierto punto, esto refleja el oportunismo parsimonioso de una Rusia débil pero despiadada, que intenta jugar un gran juego de poder sin los recursos de un gran poder.

La agresiva campaña de Rusia en varios países de Occidente revela no sólo la medida en que las tecnologías de la información y las comunicaciones se utilizan para socavar los procesos democráticos, sino también las debilidades de las medidas de protección. Los gobiernos de los países occidentales  fueron tomados en muchos casos por sorpresa.

Los postulados de la democracia occidental representan una gran amenaza geopolítica para el Kremlin. El objetivo de Moscú es desacreditarla. El Kremlin no pretende demostrar que su modelo es superior;  de momento, es suficiente sembrar la duda en las instituciones occidentales y confundir la misma noción de verdad con un bombardeo de narrativas alternativas que mezclan hechos, distorsiones y elaboraciones, en muchos casos descabelladas.

¿Por qué Rusia emprendió una guerra híbrida en Latinoamérica? Primero,  para socavar la confianza de los ciudadanos en la gobernabilidad democrática; en segundo lugar, para fomentar y exacerbar las fracturas políticas; tercero, para erosionar la confianza entre los ciudadanos y los funcionarios electos; cuarto, para popularizar las agendas políticas rusas dentro de las poblaciones extranjeras, y, finalmente, para crear desconfianza o confusión general ante  las fuentes de información al difuminar las fronteras entre el  hecho real y la  ficción. 

Rusia apoya las fuerzas antisistema en la región porque carece de aliados fuertes. Su uso de métodos no convencionales no es la demostración de una estrategia creativa, sino de un intento de compensar sus deficiencias. Rusia usa métodos no convencionales porque es débil, no porque sea fuerte.

 Las interferencias

En noviembre de 2017, la primera ministra británica Theresa May acusó directamente a Rusia de interferir en las democracias occidentales divulgando noticias falsas y usando la información como “arma”.

“Tengo un mensaje para Rusia: Sabemos qué es lo que estás haciendo y nos va a triunfar. Estás subestimando la resilencia de nuestras democracias , la continuidad de las sociedades libres y abiertas, y el compromiso de las naciones occidentales y las alianzas que nos unen. El Reino Unido no quiere volver a la Guerra Fría y la época de perpetua confrontación”, dijo May  durante un discurso en Londres.

Es que la guerra híbrida de Rusia tiene anotados  al menos cinco casos concretos en los quedaron en evidencia sus acciones de ciberguerra, ciberinteligencia, ciberespionaje, desinformación, propaganda y colaboración con actores a las democracias y las fake new’s  de medios de comunicación rusos, entre otros.

Estos casos son la elección de Donald Trump en Estados Unidos; el movimiento independentista de Cataluña, en España; la derrota de Matteo Renzi en Italia; el  ciberespionaje denunciado en Alemania; el apoyo    económico al Frente Nacional de Marine Le Pen, en Francia.

En el primero, el FBI como la CIA llegaron a la conclusión de que Rusia ejecutó una campaña de ciberataque y desinformación para influenciar en la   campaña presidencial en favor de Donald Trump. El informe de la comunidad de inteligencia estadounidense concluyó que “Rusia usó trolls como parte de sus esfuerzos de influencia para denigrar a la Secretaria (Hillary) Clinton”.

  Vladimir Putin se pronunció al respecto negando la posibilidad, pero lanzando la siguiente declaración: Quien lo hizo, hizo algo bueno. Remarcó que  la justicia de su país no puede perseguir a personas que no violaron leyes de su país, instando a Estados Unidos a presentar documentos oficiales que prueben las imputaciones. A mediados de febrero de 2018, el Departamento de Justicia estadounidense presentó acusaciones contra 13 ciudadanos rusos por la presunta interferencia en las elecciones. 

Hugo San Martín publicó este 2019 el libro La Guerra híbrida rusa sobre Occidente.

Hugo San Martín / Abogado, Máster en Ciencias Políticas y Estrategia

“Ha logrado que Brasil y México sean sus mayores socios comerciales, mientras que con Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia comparten el enfoque cada vez más autoritario del Kremlin”.

13
102

Otras Noticias