Crisis de noviembre

El Alto desencantado con el MAS; se prevé una caída de votación hasta solo un 30%

Dos sociólogos analizan las movilizaciones tras la renuncia de Morales. ¿A quiénes apoyaron las masas? ¿Por qué salieron a bloquear? ¿Qué pasó en Senkata? ¿De dónde salió el grito “guerra civil? Hay muchas preguntas y muchas investigaciones pendientes; pero la ciudad que dio su apoyo a Morales, ahora busca nuevos líderes.
domingo, 01 de diciembre de 2019 · 00:04

Fernando Chávez V. Periodista

La noche del 10 de noviembre, una  ciudad de El Alto dividida, desinformada y temerosa, como muchos barrios de La Paz, salió a las calles, pocas horas después de la renuncia de Evo Morales,  a armar barricadas, quemar llantas y a bloquear.

  En la crisis de noviembre, además de las dramáticas pérdidas de vidas y la destrucción de bienes públicos, el Movimiento Al Socialismo fue uno de los grandes perdedores. El Alto, bastión masista desde siempre, está hoy desencantado con el partido que le había abierto esperanzas.

 En el Alto, el MAS superó el 90% de los apoyos en dos elecciones seguidas, votación que cayó al 55% en los comicios de octubre y que podría seguir descendiendo  hasta un 30%, o menos, en las nuevas elecciones convocadas por el Gobierno transitorio.

“El Alto ha dado la vida por la nacionalización de los hidrocarburos, pero el MAS no ha respondido en la misma magnitud; esa es la cuestión. El Alto le ha dado todo al señor Evo Morales, pero la respuesta ha sido mínima; en vez de darnos grandes proyectos, nos ha dado migajas; por eso el descontento. Y ahora  no está  Morales. El capital simbólico del MAS era Evo Morales Ayma; eso va a hacer que caigan más y más los votantes del MAS, se va a reducir a su mínima expresión”, estima el sociólogo  alteño Jaime, Kawi, Castaya.

“Pienso que se va a buscar un nuevo liderazgo, que sea alteño; los alteños también queremos tener a nuestros representantes. En estas elecciones va a haber una gran dispersión del voto. Quién sabe, la votación del MAS puede bajar hasta a un 30%, o menos aún”, calcula.

 ¿Cómo se produjo  esa caída y descrédito del MAS?

Todo nace de las pugnas entre las fejuves.

Castaya hace el análisis. 

La dirigencia de El Alto  se maneja de norte a sur, la matriz de organización es la Fejuve se fraccionó en dos partes durante el gobierno del MAS, principalmente por la falta de respuesta a sus demandas. Los que no estaban de acuerdo con el gobierno de Morales comenzaron a fraccionarse y muchos apoyaron al gobierno local de Soledad Chapetón. Entonces, la Fejuve se dividió en dos fuerzas. 

Para este último momento, antes de las elecciones, los movimientos afines al MAS comenzaron a corromperse, comenzaron a cuotear los cupos, las pegas, los curules. 

 “En El Alto hubo un presidente de la Fejuve, después de Juan Carlos Machaca, que se ha corrompido. Después de eso vino la crisis, un presidente tras otro, hasta que llegó Basilio Villasante, afín al MAS, reducido solo al Distrito 7 y  dividido entre los que apoyan al MAS y los que están con Chapetón. Esa fue la peor crisis de la Fejuve, que ya no tenía convocatoria. Cabe recordar que Villasante fue expulsado de las filas del MAS por un tribunal de honor, pero incluso así intentó retomar las riendas de la dirigencia”, explica.

Según el sociólogo, de los 14 distritos de El Alto, hay cuatro del área rural, y de los restantes 10, Villasante solo aglutinaba a uno; al siete, pero los demás distritos no lo legitiman, tampoco lo legalizan, pero estaba allí.

 “Una vez que cae Evo Morales, lo que ha pasado es que quería convocar, pero nadie se ha movido. La gente, por su propia convicción, ha salido a las calles, pero no para defender a Evo; lo que ha movido a la gente para que salga a las calles es la wiphala, hay que entender que la ciudad de El Alto tiene una composición mayoritariamente aymara”, explica.

Este alteño recuerda que en 2012 se hizo una encuesta de autodefinición en la que  la mayoría de la población se identificó como aymara. “Como ya han asumido como símbolo la wiphala, eso es lo que ha motivado para que esta gente salga y rebase incluso a sus dirigentes, luego que los policías quemaran una bandera en esa ciudad”.

 Aquel 10 de noviembre había zozobra y pánico en El Alto, porque se decía que los venezolanos y la gente de Luis Fernando Camacho “iban a saquear”. “Ese rumor corrió y la gente salió a las calles de inmediato, ese domingo  llovía, y a las 8 de la noche la gente comenzó a salir, a organizarse, en todas las esquinas, quemando llantas, porque también se decía que estaban quemando los colegios grandes que había entregado Evo Morales”.

 Para Castaya, varias fuerzas y  varios elementos unieron a la población para que se movilice. “Por eso el lunes El Alto estaba totalmente paralizado, los jóvenes comienzan a moverse; la wiphala se respeta. Esas fuerzas unidas comenzaron a rebasar a los dirigentes, que para ese momento habían desaparecido todos. En el tercer día del conflicto los dirigentes querían tomar el mando, apareció el presidente de la Fejuve, pero la gente dijo ‘ustedes ya no nos representan’. Váyanse, acá no queremos a ningún dirigente; mañudos, vendidos’”, relata el sociólogo.

Y aclara que en la marcha que bajó a San Francisco no había ningún dirigente ni ningún candidato del MAS; “pero luego se unieron algunos candidatos y diputados, queriendo ser los abanderados de la protesta”.  

 

Vecinos organizados

 Rodolfo Huallpa, un vecino de Ciudad Satélite, relata así lo que sufrió la gente esos días:

 “No bastaba con pititas. Para frenar la violencia desmesurada que se desató en la ciudad de El Alto, con motivo de la renuncia del presidente Evo Morales, se necesitaban calaminas, troncos, alambres de púas, mallas metálicas, costales de arena, en fin, todo aquello que pueda obstruir el paso humano y motorizado por la vía pública. 

Al menos así se vivió en la zona de Ciudad Satélite, en El Alto, los días posteriores a la salida del mandatario, luego de conocerse el fraude que cometió en las elecciones generales. Los vecinos de esta zona, cual si fuera octubre de 2003, nos volteamos a las calles para defender no sólo nuestra casa o la familia, sino también el regimiento policial N° 3, el cual se convirtió en un fortín de guerra por las barricadas que lo rodeaban, era prácticamente impenetrable, con resguardo civil y policial. 

Quién lo diría, los papeles se habían invertido, ahora eran los vecinos quienes cuidaban de los policías y tenía que ser así, luego de ver cómo otros regimientos en esta ciudad habían sido destruidos y quemados en el marco de la ‘guerra civil’ que habían denominado los movimientos afines al MAS. 

Gracias a la organización vecinal (a través de mensajes de WhatsApp, silbatos para salir a la calle y fogatas en cada esquina), es que no se desataron desmanes mayores, ya que sí los hubo, como la quema de las instalaciones de Unitel en el sector de las antenas o una marcha de afines al MAS que obligó a los vecinos en vigilia a colgar la wiphala en el frontis de sus casas”.

 

“Guerra civil” y Senkata

A propósito del grito “¡ahora sí, guerra civil!”, surgieron versiones de que se trató de milicias armadas organizadas y adoctrinadas por cubanos y venezolanos. Pero Castaya opina que no.

“Estos jóvenes vinieron del norte, era jóvenes de 15 a 25 años, y eran de zonas de San Roque, o Lagunas. Si hubiesen estado instruidos habrían actuado de alguna forma militar, pero estos jóvenes avanzaron gritando sus arengas pero en un momento se dispersan; lo que quiere decir que no estaban organizados, no tenían un orden de mando. Llegaron a la Ceja y luego no sabían qué hacer”.

¿   Fue terrorismo el ataque a la planta de Senkata?

Muchos se preguntan –explica el sociólogo– por qué han tumbado esas paredes de Senkata;  la gente, cuando se les preguntó, dijo que los militares habían matado  y no querían que haya evidencia; que habían levantado cadáveres y los estaban llevando al interior de la planta. 

“Hemos tumbado las paredes para rescatar a los muertos”. Esa es la explicación. Las urbanizaciones cercanas a Senkata provienen mayoritariamente de las minas, Santiago I, Santiago II, son zonas mineras. “Algunos todavía tienen dinamita; pero lo que yo he visto es una acción no planificada, sino que ha emergido de ese sentimiento. Ha sido algo espontáneo. No creo que haya sido terrorismo. ¿Contra quién sería terrorismo?”.

 

Una ciudad compleja

 Como todo conflicto tiene distintas visiones, y versiones, Página Siete acudió a la mirada  del sociólogo y profesor universitario Carlos Hugo Laruta, un experto en El Alto.

Para él, lo primero que hay que considerar es que no existe “un solo El Alto”. El Alto no es una ciudad aymara, 100% no es; tampoco es una ciudad mestizo criolla al 100%. 

¿Que es El Alto? Para este experto, es una ciudad compleja, como cualquier otra del mundo, aunque hay una proporción elevada de migrantes aymaras, sin duda, según el censo de 2012, se estima en 60%, pero hay un 40% que no es migrante aymara.

“En ese 60% de migrantes aymaras, hay migrantes de primera generación, de segunda generación y de tercera generación: es decir, hay migrantes que ya son jovencitos, nacidos en El Alto, de abuelos aymaras y ya ni siquiera hablan aymara. Hay papás aymaras y abuelos aymaras. Entonces El Alto no solo es compleja por su origen étnico, cultural y social, sino que además, en términos de migración, no es una ciudad homogénea, es una ciudad compleja. Eso que quede absolutamente claro”, sostiene.

Además, no es lo mismo, dice, un abuelo migrante aymara, que puede estar en ciertas áreas periurbanas de El Alto, que un comerciante aymara de la Juan Pablo II, o en la 6 de Marzo, y que viaja a traer containers de China. 

 “Los ataques a la planta de Senkata es un tema que hay que investigar. Sin embargo hay dos áreas que son altamente conflictivas, una es el Distrito 8, donde hay un antiguo núcleo de mineros relocalizados que vienen del 21060 y han copado muchas direcciones vecinales. Allá hay una especie de tradición de combate. De lucha, muy fuerte. Pero eso no es suficiente para explicar esa actuación. Habrá que investigar, además, por qué el Distrito 8 se comporta de ese modo. Probablemente hay otras razones sociológicas, quizá hay una insuficiencia de desarrollo urbano”, explica.

Las otra áreas conflictivas son el Distrito 7 y el 14, que están en el camino hacia Copacabana, en los alrededores de Río Seco. El año 2003, recuerda Laruta,  ambos distritos jugaron un rol clave. El Distrito 14 sí está poblado masivamente por migrantes de las provincias de la rivera norte del lago Titicaca, eso es Omasuyos, de todos sus municipios.

“ El año 2003 había mucha presencia del radicalismo en esas zonas; habría que ver si ha permanecido ese radicalismo hasta hoy. Pero, seguramente, también hay otros factores sociológicos y sociopolíticos”.

 Agrega que se debe investigar si los actos de terrorismo y de vandalismo son responsabilidad de esos distritos. Es posible que no, considerando que alguna gente del anterior Gobierno organizó núcleos de choque con mucho dinero, lo que ha sido demostrado. “De repente es gente que ha venido de otros lugares. No creo mucho que hayan sido alteños. No creo”.

 Para Laruta, no está muy clara la importancia de la wiphala en esta movilización. 

“Hay un estilo de actuación que es piramidal; no sé hasta qué punto la wiphala fue determinante; probablemente en algunos sectores. Quizá en algunos pequeños estratos de migrantes; de gente muy empobrecida, es probable. Lo que pienso más bien es que esa estructura piramidal, masiva, que jala en El Alto. Hay una Fejuve, luego hay fejuves distritales, de repente han obligado a muchas fejuves y luego están las juntas vecinales. Si se fija, hay muchas mujeres cuando hay marchas en El Alto, ¿sabe por qué?, porque muchos hombres tienen que ir a trabajar y las mujeres salen a marchar, porque si no hay presencia les cobran multas”.

“Yo creo que el MAS ha utilizado esta estructura organizativa para forzar una actuación. Pero otra gran parte de la población se movilizó en contra. Primero permaneció tranquila, un 50 o 60% de El Alto que no salió a bloquear y que después se manifestó en contra de los bloqueos. Por eso digo, hay que tener cuidado cuando se habla de todo El Alto. No hay todo El Alto; eso no existe”, aclara Laruta.

 Es poco probable que esta ciudad  haya actuado homogéneamente. “Se movilizaron los que estaban  con el MAS, los que estaban contra los bloqueos y otros que estuvieron tranquilos y cómodos al principio y luego tuvieron que salir en contra de los bloqueos”, concluye.

Para Castaya, en este tipo de conflictos, “la tensión sube y baja rápidamente.

La gente salió a las calles a exigir que cesen los bloqueos. ¿Qué sucedió?

“La movilización bajó de intensidad rápidamente y la gente salió a decir ‘ya basta’. ‘Qué están buscando ustedes’. ‘Déjennos trabajar’. Muchas urbanizaciones, por autodefensa, han salido a las calles para que no las ataquen”. 

“Estos señores (los dirigentes de las fejuves) han sido elegidos en un congreso, y los presidentes son elegidos de una reunión, eran legales. En ese sentido, más fortalecidos han resultado los que siguen a Chapetón. Y el más destruido ha sido el Movimiento Al Socialismo”, evalúa.

Ante ese panorama, El Alto intenta volver a la normalidad tras haber vivido la peor crisis y convulsión desde las jornadas trágicas de octubre de 2003.

 

 

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