Análisis

La wizquierda internacional nos aplaza

El discurso violento no es de ahora, se lo repitió insistentemente a título de aura revolucionaria, de compromiso vital “patria o muerte” por casi década y media.
domingo, 01 de diciembre de 2019 · 00:00

Gonzalo Rojas Ortuste Profesor universitario, ejerce intensamente de ciudadano boliviano

Es impresionante la cantidad de gente, a título de académicos, amigos de Bolivia y rótulos igualmente atractivos que se pronuncia sobre nuestra situación política actual. El núcleo de su argumentación es que estamos viviendo la secuela de un “golpe de Estado” y tenemos actualmente a uno ultraconservador y violento.

Las sucesivas violaciones realizadas por el binomio fraudulento que estaba en la titularidad estatal por casi 14 años no generó, ni nada cercano, a tamaña atención. Aunque hay honrosas excepciones, la mayoría se adscribe a cierto lado zurdo del caduco espectro ideológico y ello les permite situarse del lado correcto de la historia ante cualquier coyuntura, máxime si es de un país, relativamente pequeño para ciertos estándares. 

Ya tienen decidido de una vez y para siempre, desde luego sin duda ninguna y de  manera infalible, qué condenar y sobre todo a quién. La contraparte de a quién defender es más importante aún, pues eso puede tener réditos de distinto tipo, pero concedamos que no es el dato más relevante. 

El caso más escandaloso proviene de la Secretaría Ejecutiva de CLACSO, una amplia red de centros de ciencias sociales de la región, que no se toma, siquiera, la molestia de consultar a sus centros miembros bolivianos. ¿Para qué lo haría? Ellos y ellas saben mejor que nosotros que apenas padecemos la historia. Ellos la entienden y la hacen. Y luego pontifican con desbordado entusiasmo contra el colonialismo cultural…

Esto de unos y otros encaja muy bien con su mirada maniquea y simplista, para qué preocuparse de saber por qué hubo una tan sostenida y masiva protesta, la misma que valió burlas del renunciante mandatario, que nos anunciara enseñar a bloquear a los inexpertos citadinos ejerciendo su derecho a ser ciudadanos, no súbditos. 

Los inmensos cabildos en la ciudades capitales, risueños y pacíficos, tampoco les llama la atención. Sólo tienen ojos para condolerse de los exiliados en el generoso México, que esta vez no restringe protocolos que están vigentes para los asilados y refugiados en materia de declaraciones políticas.

La violación del mandato del referéndum del 21 de febrero, con todo y su novedad histórica a escala mundial de la democracia moderna fue mirada con cierta indiferencia, o como diría el matemático que fungía de vicepresidente, no tenían que apegarse a “la letra muerta de la norma”, aunque se tratase del Art. 168 constitucional que les prohibía, a él incluido, seguir postulándose al cargo. Los límites al poder político son cruciales para el orden del Estado de Derecho, desde Aristóteles cuando está estableciendo la polis rectamente constituida, la de los politei: hoy ciudadanas y ciudadanos. La concentración del poder en este larguísimo periodo, largamente denunciada por la oposición incluyendo denuncias comprobadas de corrupción no inmutaron a esa opinión pública internacional, supuestamente calificada.

En cambio, ahora que el gobierno provisional nombra un gabinete con las enormes dificultades objetan la legalidad de esa atribución, cuando en regímenes presidenciales, dado que es piedra de toque del Estado no puede quedar vacante, y en el caso concreto tiene jurisprudencia en sentencia constitucional del 2001, antes de la era Morales-García L. Hay escándalo de las alusiones y presencia de la Biblia y a Dios, sin intentar desentrañar que tiene que ver con el mensaje y referente ético más aglutinante y que está presente en la agitada política boliviana desde el s.  XIX. 

Está bien el Estado laico, yo lo suscribo, pero eso no significa antirreligioso, o por qué no hubo escándalos semejantes cuando se hicieron incontables ceremonias de sahumerios y ch’allas por las autoridades del Estado y en cuanto institución pública les tocó. Por lo demás, ¿cuál es el origen de la declaración de DDHH, cuya impronta occidental es inequívoca? Solo el expresidente francés Sarkozy cree que es invento francés decimonónico de la nada, sus contenidos de dignidad e igualdad humana universal están en el cristianismo primitivo y atraviesa Patrística y Escolástica para afincarse en estas tierras desde el s. XVI. 

Un poquito de la erudición de los doctos indignados, que no es solo para las aulas. Pienso que hay campo para todas la confesiones en lo privado, pero no implica confinamiento exclusivo allí. ¿No es la democracia más antigua, la estadounidense, la que invoca a Dios en billetes y declaraciones fundacionales? Y difícilmente alguien argumentaría que es una teocracia.

En fin, en el asunto de la wiphala, también hay mucho de batallas simbólicas e instrumentalización política. Es, constitucionalmente, símbolo patrio y qué bien que así sea. Lo que no está bien es que coercitivamente se la requiera a transportistas y habitantes en El Alto como adhesión de bando. Y allí se ha incentivado frenéticamente el racismo, que como toda idiotez, tiene seguidores en todo bando indiferentemente del grado de presencia colonial, pero con mayor razón cuando se la ha predicado como el rasgo esencial de la sociedad boliviana.

Y esta polarización nos lleva al tema más espinoso. Nadie con sentido de responsabilidad puede defender la pérdida de vidas humanas. Pero el discurso violento no es de ahora, se lo repitió insistentemente a título de aura revolucionaria, de compromiso vital “patria o muerte” por casi década y media del que por fin deja de ser oficialismo. 

Y por lo menos alguna cautela debiera haber, siquiera como hipótesis, de que existe una cierta organización vinculada a la producción de coca, en la región que hasta hace muy poco era “zona de transición”, lo que significaba que debía de dejar de producción cocalera por otra “alternativa”. 

Por ese largo periodo, de hecho el mayor de nuestra historia republicana, el presidente del país tenía y tiene el rango de mayor dirigente de esas federaciones de productores. Nunca ocurrió eso en los otros presidentes del ciclo actual, se despojaron del rango de cabeza de sus propios partidos. Morales no, y ha cambiado la ley que regía para legalizar aquella de sus representados, lo que claramente configura un conflicto de intereses, que no fue impedimiento para hacerlo. Hoy, de esa zona, la del Chapare, ha habido enfrentamiento violento con las fuerzas del Estado. 

Más allá de detalles no muy claros, no es, por ahora, el pequeño Vietnam que pronosticó hace poco el que no renunciado ministro de la Presidencia, hoy inencontrable.

Hubiese querido querer un tono más amical con aquellos que se ocupan de mi país, pero amistad hay entre aquellos que se reconocen como iguales, y está claro que ellos y ellas no nos ven así. Por eso, yo tampoco. Bolivia tiene una larga experiencia de salir airosa de situaciones difíciles. Esta no será excepción.
 

 

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