Situación

América Latina 2019: la breve eternidad

Muchos Estados inacabados aún coexisten con sociedades civiles indómitas. Zavaleta tenía razón, en la región la eternidad es muy breve.
domingo, 15 de diciembre de 2019 · 00:00

 Gabriel Gaspar Cineasta político
 

René Zavaleta solía decir que en América Latina la eternidad es muy breve.  El cambio es una constante, la estabilidad es un buen deseo que a ratos se logra, pero como comentábamos a inicios de año con un colega, era probable que el 2019 estaría lleno de zozobras, por lo mismo,  no seria para nada un año aburrido.  Acertamos. 

Políticamente el año se inició con la instalación de los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador, AMLO, y Jair Bolsonaro, ambos en las antípodas de las opciones políticas, pero los dos erigían su poder sobre la base de comunes demandas: freno a la violencia, rechazo a la corrupción y a los partidos tradicionales, y ambos tenían a los evangélicos en su base de apoyo.

En versión centroamericana, el nuevo presidente salvadoreño repitió casi exactamente la misma fórmula en el Pulgarcito de América.  Bukele derrotó al Farabundo Martí, pero también a Arena.  Sus lemas fueron la seguridad ciudadana y la lucha contra la corrupción. 

A inicios del 2019 gobernaba Evo en Bolivia.  Ya sabemos cómo terminó el año.  En Perú había asumido Martín Vizcarra en reemplazo de Pedro Pablo Kuczynski (PPK).  Hoy, el parlamento fue disuelto y PPK está preso y procesado (como la mayoría de los expresidentes peruanos), Evo tuvo que protegerse en México.  No pasaba desde tiempos en que Sánchez de Lozada tuvo que abandonar el país después de la “guerra del gas”.

En el Caribe se mantiene la debilidad crónica de Haití y las dificultades económicas de Cuba mientras que los dominicanos iniciaron su proceso de renovación presidencial, Danilo llega a su ultimo año. 

Los países del Alba sufren pero resisten.  Venezuela ahí está, con una crisis estabilizada si corresponde el abuso del concepto.  Nicaragua entrará dentro de poco al proceso electoral, los rumores hablan de nuevos rostros asumiendo las enseñanzas de Bolivia.  Lo que no quiere decir que serán elecciones nórdicas. 

2019 también revela dos características de nuestras FFAA. En primer lugar, aunque se vivan durísimas crisis y el país se encuentre polarizado, las instituciones mantienen su unidad, no se dividen.  Hasta podríamos afirmar que desde la República Española en 1936, ninguna FFAA en Occidente lo ha hecho.  

Eso no niega que hayan existido roces fuertes, el último quizás fue el alzamiento de los “cara pintadas” argentinos el 3 de diciembre de 1990, en la llamada Operación “Virgen de Luján”.  Levantamiento que fue aplastado por las tropas del general Martín Balza, punto de inflexión para la definitiva inserción de las FFAA argentinas en su democracia. 

Las FFAA no se dividen, pese a tentaciones de diversos orígenes.  Como la llamada “Operación Cúcuta”, con la que se buscaba la división o sublevación de las FFAA venezolanas.  

Además de su unidad institucional, las FFAA latinoamericanas han sido sometidas a fuertes embates. La debilidad institucional imperante en varios países y también la incapacidad de sus élites para construir consensos, las han dejado en  algunas ocasiones, en una virtual condición de árbitros de empates catastróficos. 

Pero el 2019 también trajo novedades, como las protestas sociales que estallaron en Sudamérica en la primavera austral.  Muchos se preguntan por qué éstas han sido en particular en Chile y en Colombia, y no pasó nada en Perú y Argentina, que en materia de modelo económico comparten la misma matriz.   

En Argentina, la hipótesis dominante es que ante la zozobra económica, la válvula de escape la proporcionó el proceso de primarias y posteriormente las elecciones de octubre, que consagraron el triunfo de Alberto Fernández. En Perú, la descompresión la habría cumplido la disolución del Congreso y la convocatoria a elecciones para enero del 2020.

Las crisis de Chile y Colombia comparten algunos rasgos: no son dirigidas por los partidos de oposición, sus demandas son varias, pero predominantemente sociales.  En ambos casos también se evidencia la dificultad de los gobiernos  y los partidos por construir formulas de categórica resolución de las crisis.  

En Chile se anuncia un inédito proceso constituyente, que en términos óptimos podría desembocar en la construcción de un nuevo pacto social, que unifique protección social con dinamismo económico, a la vez que enfrente viejos desafíos (Arauco) y también los nuevos (la protección del medio ambiente).

América latina no logra superar su dependencia de la exportación de algunos productos primarios, por eso los cambios bruscos en sus precios afectan a las finanzas públicas.  Y cuando eso ocurre en medio de estructuras sociales con alta concentración de los ingresos, la inestabilidad y la protesta asoman.  

Pero no todo es tan economicista.  Bolivia exhibía un desempeño de razonable manejo económico pero no bastó, la calidad de la democracia también incide.  Llegamos a diciembre y AMLO cierra su primer año con una alta aprobación ciudadana, Bolsonaro en cambio roza el 30%.

Por cierto, también hay casos de envidiable estabilidad.  La solidez republicana que muestran Costa Rica y Uruguay es destacable.  Mis respetos por ambos.

La institucionalidad regional no vivió su mejor año: el agotamiento de Unasur fue tratado de reemplazar por un nonato: Prosur, que además de nacer sin reunir a todos, en el camino ya muestra varias bajas.  

La OEA dio giros bruscos,  en mayo Evo saludaba al “hermano Almagro” cuando este peregrinó al altiplano para legitimar la cuarta reelección. El Secretario General de la  OEA tuiteaba alabando la trasparencia del órgano electoral y del Gobierno.  En noviembre el hermano Almagro condenaba por fraude al gobierno y legitimaba su destitución, a “sugerencia” de las FFAA.  Por su parte CELAC esta virtualmente paralizado. 

Como me señala un observador europeo que nos conoce bien, América Latina atrae, por su diversidad y su alegría, por su música y su buen fútbol.  Pero también llama la atención la violencia que impera en muchos de sus rincones, donde a la acción del delito organizado,  se unen los códigos latinos de que una vida sin dignidad, no vale nada.  

América Latina de riquezas gigantescas en el subsuelo, y poseedor del último pulmón vegetal del mundo y de las principales reservas de agua del planeta.  Tierra de  muchos Estados inacabados aún que coexisten con sociedades civiles indómitas.  

Zavaleta tenía razón, en América Latina la eternidad es muy breve.

 

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