Matasuegra

Hacer política sin mentir

La inmensa red de relaciones tejida por el MAS en 14 años sigue operando en distintos niveles con el apoyo de una masa adoctrinada.
domingo, 15 de diciembre de 2019 · 00:00

Willy Camacho Escritor

He escuchado a muchos analistas decir que el escenario electoral ha cambiado radicalmente, pues si bien en los comicios del 20 de octubre la consigna era todos contra Evo, ahora que el exmandatario huyó del país, sí va a haber una contienda democrática entre varios partidos y no es necesario crear un frente único.

Esta lectura me parece triunfalista, y se contenta con un objetivo muy pequeño y de corto plazo: la caída de Morales. Es cierto que Morales era la figura visible y cohesionadora del masismo, y su salida del gobierno y de Bolivia es un paso importante, pero no se debe olvidar que el MAS ha tenido 14 años para construir una extensa y compleja red de relaciones entre los tres poderes del Estado, una red que, en apenas un mes, el gobierno de la presidente Áñez no va a poder desmontar.

Es necesario comenzar a cortar los hilos de esta red, y una buena forma de empezar es investigando a la gente de ala radical masista, esto no significa acoso político, pero sí la demostración de una firme intención de hacer justicia y no permitir que el populismo fascistoide vuelva a ejercer sus malas artes y divida al país, generando violencia cimentada en odio racial.

Salvando las distancias, en algunos países de Europa se ha prohibido el nazismo, considerando de que se trata de una ideología extremadamente peligrosa para la pacífica convivencia de las personas. No propongo que el masismo sea proscrito, ni siquiera me apunto en la línea de quitarle la personería jurídica, porque eso podría ser tomado como una afrenta por parte de algunos sectores sociales que genuinamente están comprometidos con los postulados masistas. 

Pero sí creo que hay que establecer responsabilidades y sanciones respecto a distintos hechos de corrupción, de ejercicio de violencia política, de terrorismo de Estado, entre otros, en los que están vinculados precisamente los que pertenecen al ala radical del MAS.

Debemos considerar que los sectores sociales que aún siguen siendo parte del voto duro del masismo también han sido víctimas de Evo y sus compinches, pues el plan macabro del socialismo del siglo XXI ha sido contentar al pueblo con pan y circo y mantenerlo en la más profunda ignorancia y desinformación. 

Obviamente, si los gobiernos anteriores hubiesen hecho bien sus tareas sin olvidarse a la gente del campo, Evo no habría tenido un campo tan sencillo para llevar a cabo su plan. Darle una canchita a gente que nunca había sido beneficiada con nada por el Estado representó mucho para comunidades alejadas del área rural. 

Claro que mejor hubiese sido darles escuelas, maestros, bibliotecas, información de calidad y salud, lo cual no fue importante para el régimen masista, ya que lo que se pretendía era tener una masa fácil de manipular y adoctrinar. Les dieron canchas, pero les privaron de conocimiento.

Y claro, es ese estado, esos sectores vulnerables no pueden aceptar la verdad: que Evo fue y es un gran mentiroso que se aprovechó de su cargo para beneficio propio y de su entorno cercano. 

Toda mentira fue justificada luego por los adláteres, y ese discurso falaz llegó a las masas desinformadas y desprovistas de una buena formación educativa. Solo por recordar algunas mentiras: Evo dijo que, si perdía el referéndum por un voto, se iría a su chaco; no solo no cumplió, sino que vulneró la Constitución para postular de nuevo a la presidencia. 

Evo reconoció que había tenido un hijo con Gabriela Zapata y lamentó que el niño hubiese muerto, incluso García Linera aseveró que Evo fue buen padre y le dio a Zapata el dinero para que el niño reciba un tratamiento médico de calidad; pero luego dijeron que el niño nunca existió y así lograron instaurar en el imaginario de los sectores populares el discurso de que Evo había sido víctima de una gran mentira y por eso había perdido el 21F. 

Claro, personas con un mínimo de instrucción y sentido común jamás podrían tragarse semejante trama de telenovela venezolana barata.

Pues bien, ese es el escenario actual, que no ha cambiado, en esencia, respecto a lo vivido en octubre, ya que la inmensa red de relaciones tejida por el MAS en 14 años sigue operando en distintos niveles y, sobre todo, el apoyo de una masa desinformada y adoctrinada perversamente, con mucha propaganda y poca educación, continúa intacto.

Por eso, aunque tampoco me adscribo a la idea de formar un frente único para enfrentar al masismo, sí creo que actores emergentes, que han visto la posibilidad de aprovechar la coyuntura, deberían pensar bien antes de lanzarse a la arena política y favorecer con la dispersión del voto la rearticulación del MAS.

El caso de Luis Fernando Camacho, por ejemplo, ya da mala espina, pues comienza su actividad política con mentiras: primero, aseguró que nunca sería candidato, pero ya sabemos, por su carta de renuncia al Comité Cívico Cruceño, que siempre tuvo la intención de hacerlo, pero no lo dijo para no restar apoyo a las movilizaciones supuestamente cívicas. 

Luego, en la posesión de la presidente Añez, se mostró ofendido cuando los periodistas le preguntaron si había pedido ministerios en el nuevo gobierno y negó esos “rumores”; sin embargo, a días de eso, Jerjes Justiniano declaró en una entrevista que él no era ministro de la Presidencia por su trayectoria profesional, que estaba en ese cargo solo por ser abogado de Camacho. 

Y me parece que su tercera mentira está relacionada con el famoso audio que registra una conversación entre él y Marco Pumari; Camacho dice que él no lo grabó ni filtró, pero un análisis básico permite comprender que el micrófono estaba cerca del excívico y alejado de Pumari, o sea que la grabación, y probablemente la filtración, vino del equipo de Camacho.

Quizá la más grande mentira sea que Camacho es nuevo en la política, pues tengo la impresión de que sus ambiciones de poder siempre guiaron su actuar, que su breve paso por el Comité Cívico solo fue un peldaño más en su vertiginoso avance hacia el objetivo principal, que fue un político disfrazado de cívico, un lobo con piel de oveja, que vio una oportunidad y pretende tomarla.

Creo que el señor Camacho, si persiste en su intención de llegar a la presidencia, debe cambiar su actitud y mostrarse como una alternativa real y no como un reflejo especular de las malas prácticas masistas, porque, ¿acaso estamos dispuestos a cambiar un mentiroso de izquierda por otro de derecha? Pero no es tarde para enmendar y comenzar a hablar con sinceridad, pues ese sí sería un discurso con un espíritu novedoso: hablar de frente, sin mentiras, sin ocultar nada, mostrando sin camuflajes las ambiciones políticas, que son legítimas por supuesto, pero que cuando se entremezclan con medias verdades o falsedades enteras nos hacen temer un retorno al populismo.

Recordemos que sacar a Evo no era el fin de tanta lucha, sino desarticular la red de poder corrupto instalada en el Estado y volver a un estado de derecho pleno, con libertad y democracia. La mentira, la desinformación y la baja calidad educativa fueron el caldo de cultivo para la corrupción, no debemos retornar a eso.

 

 

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