Justicia

La vigencia de la lucha por el derecho

“La vida del Derecho es lucha, una lucha de los pueblos, del poder del Estado, de los estamentos o clases, de los individuos”.
domingo, 15 de diciembre de 2019 · 00:00

 Gastón Ledezma Rojas Abogado

En el transcurso de este año se ha evidenciado una intensa colisión en las relaciones humanas de casi todos los órdenes de la vidanacional, fruto de la  irresponsable y cada vez más intensa vulneración del ya decadente orden jurídico que devenía paralelo a la consiguiente quiebra de valores y principios morales. Similarmente, no puede ocultarse la pesarosa y acongojada realidad del endurecimiento de los sentimientos más delicados de un sector de nuestra sociedad, ante el desolador panorama de la carcoma que penetra aún más en la profunda debacle de esos valores.

En este peligro, urge reavivar la vigencia de nuestros valores y el restablecimiento de la ley frente al  desquiciamiento de las turbas anarquizantes y depredatorias, para restaurar el imperio de la justicia.

Si recordamos con pesar los recientes días aciagos de luto, como desenlace de un largo periodo de escarnio de la ley en casi todas las actividades nacionales, podemos convenir que también es el momento de referirnos al famoso tratadista alemán Rudolf Von Ihering que el antepasado siglo obsequió al mundo su famosa obra Der kampfums recht (La lucha por el derecho), de imperiosa necesidad en la hora presente.

Su amplia y rica producción jurídica abarcó la profundización en la investigación del derecho romano, sentar cátedra en célebres universidades europeas, brillar en los sitiales de la magistratura en el Tribunal Supremo de Berlín y Tribunal de Justicia en Prusia, cautivar el aplauso en academias jurídicas, y sobre todo, seguir nutriendo su vasta producción de sus obras. 

Empero, el pedestal de su consagración jurídica internacional, fue su “librito que ha llevado su nombre a toda la tierra habitada que obró… como un despertador del sentimiento del honor y del derecho”, a decir del jurista Ehrenberg en el prefacio a la “edición décimonona” del libro. 

Y, bien, esta obra, abre sus páginas con esta verdad: “La finalidad del derecho es la paz, el medio para ello es la lucha. En tanto que el derecho tenga que estar preparado contra el ataque por parte de la injusticia – y esto durará mientras exista el mundo– no le será ahorrada la lucha. La vida del derecho es lucha, una lucha de los pueblos, del poder del Estado, de los estamentos o clases, de los individuos”.

Der kampfums recht    comenzó con una resonante conferencia que Rudolf von Ihering pronunció en la Sociedad Jurídica de Viena en 1872 y este fue el inicio de la cadena de traducciones que es difícil, dicen sus biógrafos, encontrar idioma al que no hubiera sido traducido el libro.

Así, la celebridad de La lucha por el derecho cobró inusitada difusión y sus cinco  capítulos se esparcieron ampliamente en la profundidad de sus reflexiones, planteando soluciones “haciendo un desglose de medios y fines que reclaman un tratamiento distinto” y agrega que es tal el caso de la “alegoría romana del derecho donde la justicia con una venda en los ojos sostiene con una mano la balanza y con la otra la espada. 

La espada sin la balanza es la fuerza bruta, la balanza sin la espada es el derecho en su impotencia.

Se dijo con razón que en el gran pensador, la sabiduría se encontraba discurriendo por sus venas y palpitando en sus pensamientos, alejados de sentimientos de rencor, odio o minusvaliendo a aquellos “espíritus secundarios”; se nutría con el maná del equilibrio en la paz de su conciencia y el estímulo de haberse cerrado a la revancha o desquite.

Rudolf von Ihering afirma que “el derecho es trabajo incesante, no solo del poder del Estado, sino de todo el pueblo”, pensamiento que lo complementa con que esa lucha es el trabajo del derecho. Emplea esta expresión en su doble sentido: en el objetivo, como “la suma de los principios jurídicos estimulados por el Estado y el orden legal de la vida”. 

En el sentido subjetivo, como “expresión concreta de las reglas abstractas en una justificación concreta de la persona”, agregando que en ambas direcciones el derecho encuentra resistencia, por lo que tiene que lidiar por su existencia en el camino de la lucha.  

El famoso jurista y pensador Adolfo Posadas dijo de von Ihering que era “todo un artista del derecho”, resaltando la verdadera universalidad en sus producciones, ligándolas con el talento literario que lo distinguía por sus expresiones rebosantes de riqueza idiomática.    

Por su parte, el jurista belga De Meulenaere decía que en los escritos de von Ihering se “ha transfusionado sangre en las venas del cadáver, le ha vuelto a la vida y le ha infundido esa alma”, como organismos de la libertad humana.

En el fondo de sus reflexiones, Von Ihering hace percibir el vigor de su persistencia en el combate que el derecho libra contra la injusticia. Subraya que “resulta incompleta y quebrada toda forma de pretender una vida, sin que se justifique que la prepotencia, abuso y otras formas de lograr que las fricciones de la vida, quedarán satisfechas, si acaso con esas actitudes se transige en no mantener el vigor de la lucha por el derecho, transigiendo, diríamos, con la corrupción y otras formas de cohonestar en la lucha por el derecho, tan vigorosamente combatida  por nuestro autor”.

En efecto, el autor al explicar el alcance de esa Lucha por el derecho, dice que “si en aquella lucha, la fuga cobarde es traición contra la causa común, ¿podríamos aquí ahorrar ese reproche?. Derecho y justicia, florecen  en un país no solamente por el hecho que el juez se halla en disposición permanente en su sillón, y la policía dispone de sus agentes, sino porque cada cual contribuye con su parte”. 

Y, esa admonición nos corresponde a todos, sin excepción, sobre todo, diremos, a los hombres de derecho.  

Y lo dijo Rudolf von Ihering: “Todos tienen la misión y el deber de pisotear la hidra de la arbitrariedad y de la ilegalidad donde quiera que se hace presente, para mantener el respeto a la ley, en una palabra … cada cual es combatiente innato por el derecho en interés de la sociedad”. 

Esta sentencia es un reto que se prolonga hasta nosotros. Franz Tamayo también lo expresó airado: “Nadie es impune ante la ley”.

 

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