Sucesión constitucional

Crónica de una fuga alocada

domingo, 29 de diciembre de 2019 · 00:00

Álvaro Riveros Tejada Analista político

 

Al despuntar el alba del domingo 10 de noviembre de 2019, pocos habrían adivinado que, por el desenlace de eventos que se sucederían en las próximas horas, no sería un domingo o un lunes cualquiera. En efecto, antes que el astro rey inicie su periplo cotidiano, un documento sacudía las estructuras de la bolivianidad causando frenéticas llamadas de celulares que, con el ímpetu de una erupción volcánica, tañían y vibraban por doquier. Se trataba de la publicación de la tan esperada auditoría preliminar vinculante de la OEA, que certificaba lo que todos sospechábamos. Las elecciones del 20 de octubre fueron las más fraudulentas de la historia moderna del continente.

Los hechos señalaban nítidamente a Evo Morales  como al culpable y al indignado pueblo boliviano como la víctima. Desde ese instante, los bolivianos supimos que el país ya nunca volvería a ser el mismo. Los sucesos de los días domingo y lunes se desencadenaron en forma precipitada, haciéndonos vivir nuestra propia historia, de la cual éramos los protagonistas.

Temprano por la mañana, fuimos testigos de un Evo irreconocible que, por primera vez en 14 años, mostraba los signos de la derrota. Nuestros ojos veían lo que nuestra mente no creía. Estábamos acostumbrados a ver un Evo irónico, sarcástico y victimizado, aquel que se burló de “las pititas y las llantitas” empero, sólo veíamos a un Evaristo llorón y alicaído. 

El expresidente Tuto Quiroga, reconocido protagonista de todo este proceso, y con quien pudimos conversar, nos explicó que por algún extraño presentimiento no durmió bien la noche del sábado 9 de noviembre. Madrugó a las 5:30 del domingo 10, y leyó el contundente informe de la OEA.

Aquella auditoría de la OEA, por la cual él hipotecó su reputación y su capital político, había sido publicada. Enfrentó duras críticas de los líderes nacionales por su respaldo a ese procedimiento, que previamente sus colegas desahuciaban. Finalmente se impuso la verdad, y nos confiesa que un aire de reivindicación insufló su espíritu, pero como nos explica, no había tiempo de regocijo. Sus años en la vida política y su profundo conocimiento de la dictadura venezolana, le hacían presagiar aquello que el país iba a empezar a vivir en las horas venideras. 

 La larga nave de la dictadura se desplomaba a tierra con vertiginosa velocidad y se necesitaba un coordinador para conducirla y, más importante aún, para dirigir esa caída por la vía constitucional y evitar así aventureros con aviesas ambiciones. En lo personal, la larga batalla de 15 años de lucha contra Evo Morales estaba llegando a un final feliz.

Lo sucedido en las próximas horas, y que ya registra la historia, se caracteriza por una cadena de renuncias gubernamentales que desembocaron en las principales: la de Evo Morales y Álvaro García Linera.

Quiroga relata que, portando una doble agenda, se dirigió a la reunión convocada por la Iglesia Católica en busca de una solución pacífica para el país. Él buscaría facilitar la demanda del MAS, representado por Adriana Salvatierra: la salida del país de Evo, a cambio de que el partido azul viabilice la sucesión constitucional. Tuto  confiesa que en realidad él era el mayor interesado en el abandono de Evo, porque ya contaba en su haber con una estrategia constitucional paralela, para lograr la sucesión que no requería del MAS y de eventuales chantajes. Pero era importante que Salvatierra creyera que estaban en un diálogo de negociación bilateral. 

La primera estrategia fue condicionar el diálogo a la ratificación de la renuncia de la senadora, de lo contrario la sucesión conduciría nuevamente hacia el MAS. Una vez sentada y “renunciada” en mesa, Salvatierra no se dio cuenta que la sucesión constitucional no sólo se había engatillado, sino que además avanzaba y ella se estaba autoexcluyendo del proceso. Paralelamente, el expresidente Quiroga organizaba con carácter de urgencia la venida de amigos de Beni, trayendo a la Paz a la senadora Jeanine Añez.  Días atrás, ella era una persona más en el bloqueo de pititas en las calles en protesta por una cuestionable elección. Los azares del destino la citaban y la patria y la Constitución la convocaban para que asuma la máxima responsabilidad de la nación.

Mientras tanto, en la mesa de negociación Salvatierra coordinaba, por celular, la rápida salida que clamaba Evo desde Chimoré. Tuto la distraía, condicionando la fuga de Evo a que el MAS se comprometa a viabilizar la sucesión, al menos, esa era la excusa oficial. En los hechos, gracias a la colaboración de sus asesores legales: Vásquez y Goitia, él ya sabía que aplicarían la Declaración Constitucional 0003/01 del 31 de julio del 2001 (gestión Jorge Quiroga Presidente) que, en caso de vacío de poder, era inobjetablemente constitucional que la senadora Jeanine Añez asuma la Presidencia. Sin embargo, en ese instante, era mucho más importante que Salvatierra y el MAS pensaran que la negociación se trataba de la salida de Evo, a cambio de la viabilidad constitucional.

Lo que Quiroga buscaba era simplemente la salida de Evo, versus la salida de Evo. Es decir, viabilizar el abandono de funciones de Evo, mediante la inmediata aplicación del Artículo 170 de la Carta Magna, que señala que “ante la ausencia definitiva” se debe  proceder a la sucesión legal.

La inexorabilidad del destino estaba situando a Quiroga en un trance, que él mismo no podía creer, el hombre que había ordenado apedrear su casa dos veces; su oficina tres y, durante una década y media, le había infringido enorme sufrimiento familiar, con juicios prefabricados y sañuda persecución, estaba ahora sentado en un avión, a la espera de que Quiroga gestione su fuga.

Fue así como Tuto se puso a trabajar como “agente de viajes”, como el irónicamente señala, conminando a las máximas autoridades de la FAB a autorizar la entrada y salida del avión mexicano, bajo su total responsabilidad. Es más, cuando Perú no permitió que se utilice su espacio aéreo, Quiroga solicitó la colaboración de amigos de Paraguay, para que permitieran a la nave aterrizar en el vecino país.

Asimismo, teniendo en mente la importancia vital del artículo 170 de la CPE y la perentoria posibilidad de concretar la “ausencia definitiva”, pidió a la FAB otorgar los permisos correspondientes, y mantenerlo informado de los avances.

Fue así, cuando Quiroga recibió uno de los últimos mensajes más satisfactorios de la noche, y tal vez de la década: “En el aire 23:02 vía Paraguay”. El destino marcaba que, a las 11 de la noche, del día 11, y del mes 11, decolaba el avión con destino final Ciudad de México, donde arribó... (si, lo adivinaron) a las 11 de la mañana del día siguiente.

El pasajero se llamaba Evo Morales Ayma, pero el comandante mexicano Miguel Eduardo Hernández, al mando del Gulfstream G 550, no sabía que en realidad transportaba mucho más que eso. Se llevaba una larga dictadura que, para los bolivianos, parecía no tener fin. Eventualmente, el bizarro aviador sería condecorado en su país natal. Por su parte, el expresidente Quiroga Ramírez dijo que el también, si pudiera, le daría el Cóndor de los Andes por servicios y honores prestados a la patria.

Era la larga noche del lunes 11 de noviembre,  Tuto confiesa que pensó, al igual que muchos, que el sol del martes 12 amanecería distinto para los bolivianos, con un añorado sabor a libertad y democracia. Por años hemos vivido con el miedo al 666, el número de la bestia, ahora podremos regocijarnos  con el 11-11-11, como la fecha de la libertad.

Muchas veces, los números que se mencionan en la Biblia son simbólicos, como el 7, que comunica la idea de plenitud o perfección, o el 6, que representa algo incompleto o imperfecto, que suele estar vinculado a los enemigos de Dios. De ahí nace el 666, “la marca de la bestia”, que no es una señal que se lleve tatuada en la piel, sino una forma simbólica de identificar a aquellos que, al someterse por completo al control del sistema político de este mundo, se convierten en enemigos de Dios (Revelaciones 14:9, 10; 19: 19-21).

Esta es la realidad de la trama sucedida, digna de un libreto, que ni los mejores guionistas de Hollywood podrían haber imaginado, La crónica de una fuga alocada.

 

 

146
8