Transparencia

La final de la copa democrática boliviana

Hasta principios de este siglo, se jugaba con las reglas de la FIFA. Todo cambió cuando el equipo del MAS obtuvo el título de campeón.
domingo, 08 de diciembre de 2019 · 00:00

Fernando Loayza y Pablo Argandoña

Después de una larga siesta, me desperté desconcertado por una revelación futbolística que tuve en sueños. Fue una experiencia única que me impactó por varios días. En mi sueño vi que aún antes de las olimpiadas griegas, en diferentes regiones y culturas del mundo, se realizaban unos campeonatos de fútbol denominados copas democráticas. 

Grecia y Roma fueron notables por estos campeonatos. Asimismo, vi que es en el mundo actual cuando algunos campeonatos futbolísticos por la copa democrática se han distorsionado. Así, hay campeonatos en los cuales se conoce de antemano al campeón. No es tanto porque el partido lo dirija un árbitro bombero, sino porque el finalista favorito siempre es el mismo. En estos campeonatos, las reglas del fútbol se amañan a los intereses de un finalista para que a la final llegue un equipo contrario débil. 

Así, el equipo favorito siempre gana por un amplio marcador. A esas finales aburridas, ya casi no asiste el público. En estadios prácticamente vacíos, la vuelta olímpica no se acompaña con gritos de algarabía de los asistentes, sino solo con fuegos artificiales como ocurre en los campeonatos ruso y de muchos países musulmanes. En mis sueños puede ver también que  China, contrariamente a sus complejos ideogramas, simplificó las reglas. En la final del campeonato chino solo participa un equipo y mete tantos goles como le da la gana frente a un arco contrario vacío. Estas victorias incontrastables y aburridas también se festejan con fuegos artificiales en la ilusa esperanza de inflamar la pasión futbolística del público chino.

Mi recorrido en sueños terminó en Latinoamérica. Allí, con tristeza, constaté que en algunos países donde las copas democráticas antes seguían las reglas de la FIFA, ahora el equipo ganador se encarga de reescribir las reglas del juego para asegurarse que los árbitros usen las reglas de la FIFA sesgadamente en su favor. Los cambios que hacen a las reglas e instituciones futbolísticas son sutiles pero muy dañinos al espíritu deportivo: entorpecen la participación de los equipos contrarios en el campeonato, los árbitros solo marcan infracciones al equipo contrario y cobran jugadas peligrosas, incluyendo penales, solamente a favor del equipo favorito. 

Algunas copas democráticas en Latinoamérica han terminado jugándose con reglas rusas o musulmanas. El caso más patético es el de la copa democrática venezolana. Aunque Venezuela tuvo hasta los 80 un campeonato reconocido como ejemplar por la FIFA, en los últimos 20 años, ha terminado con un campeonato tan cuestionable como el ruso. Otro campeonato desnaturalizado, por razones similares al venezolano, es el nicaragüense. Del campeonato cubano, ni hablar, es el campeonato chino de Latinoamérica.

Mi viaje terminó en Bolivia donde, hasta principios de este siglo, se jugaba la copa democrática con las reglas de la FIFA. Todo cambió cuando el equipo del MAS obtuvo el título de campeón pues su capitán, Evo, no tolera perder. Si quieres quitarle la pelota, tienes que pensarlo dos veces porque es casi seguro que te dará un rodillazo en la parte más dolorosa entre las ingles. O por la espalda. En mis sueños pude ver también que el equipo del MAS, convenció a las autoridades del fútbol boliviano y a los aficionados de que las reglas de nuestro campeonato eran excluyentes y discriminatorias. 

Por ello cambió las reglas de juego para en primera instancia excluir a los equipos contrarios tildándolos de “neoliberales”; luego presionó a los periodistas deportivos para que se hicieran tanto como sea posible de la vista gorda a las infracciones del MAS, especialmente a los rodillazos aplicados en las partes íntimas; y, por el contrario, que amplificaran las infracciones de los equipos contrarios. Con este “proceso de cambio”, el equipo del MAS se aseguró victorias contundentes en las finales de la copa democrática del 2009 y el 2014. 

Como esta situación cansó a los bolivianos, a quienes les fascina el fútbol, el MAS lanzó el 2016 un nuevo campeonato denominado la copa de la popularidad. En éste,  si el MAS triunfaba obtenía el derecho de participar nuevamente en la copa democrática con su capitán y subcapitán de marras.

El torneo hizo enardecer al público en las tribunas, pero el resultado fue inesperado para el MAS. Pese a los árbitros bomberos, perdió la final. Justo cuando la hinchada boliviana celebraba este resultado, los jueces le dieron la victoria en mesa aduciendo que era un derecho inalienable del futbolista que él capitán y su segundón dirijan el equipo del MAS per secula seculorum.

Semejante baldazo de agua fría al espíritu deportivo de la hinchada boliviana hizo añicos el entusiasmo del público por el MAS y su capitán. Así, la hinchada futbolera se tragó frustración e impotencia hasta llegar a la final del campeonato de la copa democrática boliviana, que se jugó en una fría noche de octubre de 2019. Pese a la ayuda de los árbitros, estando ya bastante avanzado el encuentro, entre sueños pude ver que el partido tendría que definirse por penales. 

Ante esta situación, el equipo del MAS no pudo disimular su nerviosismo pues sabía que no tenía buenos anotadores y que su arquero rara vez atajaba un penal. Misteriosamente, las luces de estadio se apagaron. Con la ayuda de los jueces, el MAS metió los goles que necesitaba para hacerse del triunfo, pero no contaron que el asistente de video de arbitraje, dotado de una cámara infrarroja, había filmado sus transgresiones y falsos penales. 

Y  cuando el público vio la reproducción de las jugadas amañadas, no pudo contener más su enojo y se desbordó por las tribunas. Una oleada inmensa de gente se desbordó pacíficamente sobre la cancha coreando: “Evo, perdiste, qué parte no entendiste”. El partido se suspendió y luego, aunque se anuló, no quisieron devolver el valor de las entradas al público, causando que las protestas fueran aún más estruendosas.

Mi sueño terminó cuando el equipo del MAS escapaba por todos lados mientras su barra brava apedreaba al público pacífico. De repente, en el centro de la cancha apareció una rubia anunciando que pronto se jugaría un nuevo partido por la Copa Democrática Boliviana. Tan pronto como Evo y su subcapitán abandonaron el estadio, la rubia prometió que esa nueva final se ceñiría estrictamente a las reglas de la FIFA con árbitros imparciales. El público empezó a calmarse y los gritos cesaron. Aunque en el sueño viví emociones como la angustia, el miedo y la desesperanza, desperté tranquilo y esperanzado. Pero esa sensación no duró mucho tiempo, pues fue interrumpida por los gritos agudos de mi mujer que me llamaba. Felizmente, sus gritos no evitaron que entendiera que a la rubia no le será fácil honrar sus promesas sin el compromiso de los dirigentes del fútbol boliviano, el retiro ordenado de las barras bravas y el espíritu deportivo de la hinchada boliviana, que deberá primar por encima de la pasión por sus diferentes equipos.

 

 

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