Falsas noticias, rumores, verdades a medias

Periodismo amenazado: informar en tiempos de convulsión

Muchos periodistas fueron atacados y perseguidos; Página Siete tuvo que suspender durante cinco días su edición impresa y reinventarse en la digital. Circuló una lista de 30 periodistas que estaban siendo perseguidos y que estaban en peligro. Fue un clima muy complicado, en general para todos los medios.
domingo, 08 de diciembre de 2019 · 00:00

Fernando Chávez V.  Periodista

 

“En plena convulsión, optamos por digitalizarnos y multiplicar nuestros ojos y oídos en toda la ciudad, en el país entero, en uno de los momentos más dramáticos y dolorosos de su historia. Lidiar contra centenares de rumores, errar, tratar de ser honestos, de ver más allá, fueron, además de los técnicos y logísticos, nuestros retos”, escribía la directora de Página Siete, Isabel Mercado, el 17 de noviembre, en el contexto de un país polarizado y convulsionado.

Una vez pacificado el país, y con la capacidad de hacer un análisis en frío del papel de los medios de comunicación en plena crisis, Mercado dice que “la cadena de rumores, las falsas noticias y la desinformación fue realmente inmensa y poderosa. Se crearon tendencias con intereses obvios de ambos extremos para crear la sensación de temor, vacío de poder, racismo, discriminación y otros. El desafío, más que informar, era saber, por responsabilidad, qué informar”. 

La prensa internacional jugó, en este sentido (dice la directora) un papel muy controversial; casi todo llegó con un convencimiento, con una hipótesis a probar, pocos lo hicieron con la intención de realmente averiguar qué estaba sucediendo y hablar con diferentes actores, ser lo más distantes posible de posiciones ideológicas o personales. Esto sin mencionar que en el contexto de polarización en que se vivía, era muy difícil poder reportear con facilidad. 

“Como resultado de esto, se han consolidado narrativas diversas, todas exageradas y alejadas de los hechos: que estábamos en una guerra civil, o que había una persecución racial, o que se lanzaba gente desde helicópteros y una serie de versiones totalmente alejadas de la verdad.  El equilibrio fue la principal víctima de esta crisis. Los reportes parciales fueron los más frecuentes. Un buen ejemplo fue el de los atentados y el manejo de la cifra de muertos; desde Evo Morales que decía que en su gobierno no había muerto nadie, hasta que estábamos siendo víctimas de atentados terroristas”.

 “En Página Siete listamos ocho casos de atentados, considerando la definición estricta de un atentado, que es un acto de violencia contra bienes públicos o del Estado.  Página Siete fue muy criticado por el tema de los atentados, pero junto con casi todos los medios, como El Deber, Los Tiempos, y otros, coincidimos en que ese nivel de violencia contra espacios públicos  se trataba de terrorismo”, sostiene.

Una de esas críticas llegó de la tinta del periodista Fernando Molina, para quien “Página Siete fue el principal diario opositor a Morales, bajo la consigna de ‘periodismo independiente’ Hoy apoya al gobierno de Jeanine Añez al punto de haber justificado sistemáticamente la represión que este ejecutó”.

Ante esta afirmación, Isabel Mercado opina que “se ha dicho que después de estar en oposición al MAS, durante una década o más, en pocas horas se alinearon (algunos medios) con el gobierno de Añez, es decir con la derecha. Hay que decir frente a esto, que los medios en general, pero especialmente la televisión, estuvieron bajo control estricto del MAS, en casi la totalidad de los casos y mantuvieron una línea de banalidad e intrascendencia durante también esa misma década, por efecto de esta cooptación, con muy pocas excepciones, como TVU.  En cuanto el gobierno del MAS cayó, luego de la crisis, todas las aldabas y candados se cayeron y recobraron una inmediata vigencia, por eso no es casual que en cuanto empezó la crisis, los jefes de prensa soltaron las amarras y los medios empezaron a reportear en vivo, a poner unidades móviles, algo que no habían hecho en los últimos años, con casi ninguna excepción”.

 
“Rebelión” en los medios

Con esa línea coincide el periodista y analista Andrés Gómez, para quien “en la crisis de la democracia, o la crisis política, algunos medios también entraron en crisis, los que no  reflejaban, por ejemplo, el sentimiento o pensamiento de la población. Los medios, justamente deben representar esas formas. En los últimos días de la crisis, algunos medios han olfateado una posible caída del exgobierno y han empezado a rebelarse; eso pasó en La Razón, donde los periodistas después de mucho tiempo aplicaron la columna sindical para expresar su punto de vista contrario a la línea editorial de ese medio”. 

Según Gómez, esa “rebelión” recompone el mapa informativo. “Un consumidor de información, un lector, un televidente, generalmente busca los medios que van a reproducir o van a sintonizar con su forma de ver la realidad. Eso sucede acá, en Europa y en cualquier lado. Yo no he visto que los medios de comunicación hayan sostenido abiertamente al Gobierno de transición; obviamente que algunos tendrán una línea editorial de mayor inclinación al actual Gobierno”.

Raúl Peñaranda, periodista y exdirector de Página Siete, afirma al respecto que “hoy los medios ya no tienen la presión del Gobierno anterior y tienen más libertad para informar. Algunos siempre tuvieron esa libertad, aunque estaban bajo presión, como Página Siete. Ahora se han sumado muchos otros medios que antes sí tenían mucho cuidado y temor”.

Peñaranda sostiene que la prensa ha vivido un momento difícil en una clima de polarización;  siempre hay críticas durante un periodo tan fuerte de polarización, de violencia. 

“Algunos medios han debido cubrir mejor que otros, pero también ha sido difícil acceder a los lugares, a las fuentes, Por ejemplo, antes de los hechos de Sacaba, hubo unos muertos en El Alto y no se aclaró quién los mató, por qué y en qué circunstancias. En ese momento no podían llegar los medios, incluso la misma gente que estaba en un cortejo fúnebre gritaba ‘no a los canales, no a los canales’”.

Y sobre este punto, Mercado dice que “se dieron casos de amotinamientos, si se puede usar el término, en los medios afines al MAS, como el caso de ATB, que suspendió varios programas; de La Razón, cuyos periodistas hicieron un comunicado mostrando su diferencia con la línea editorial del medio, cambiaron a los ejecutivos de Canal 7, como producto de la relación del anterior Gobierno con los medios y como producto de esta enorme ruptura que se dio en el país”.

“Dentro de todo, creo que los medios bolivianos en general, con errores y omisiones, han jugado un papel muy importante porque, en un ambiente de mucha polarización de ideologización de la información, han mostrado la realidad y han tratado de acercarse a los actores sociales y políticos para informar al mundo lo que estaba sucediendo”.

Para Andrés Gómez, esta fue una etapa conflictiva para los medios. “Después de la renuncia del expresidente, se ha generado un ambiente con estrategias de terror, no solamente en las ciudades y no solamente contra los medios de comunicación”. 

“Algo interesante que sucedió es que los medios de comunicación han sido rebasados en la construcción de la opinión pública porque generalmente hay dos formas de interpretación en la construcción de la información: la interpretación textual y la contextual: cuando se va a cubrir, hay una interpretación. Desde la perspectiva del lector, o televidente, también hay una interpretación; si coinciden, entonces la información tiene incidencia, o esa opinión tiene incidencia en la opinión pública”.

 

 Periodismo bajo fuego

Dentro del análisis del rol de los medios durante esta etapa crítica, el periodista César del Castillo, con una amplia experiencia en medios televisivos, considera que, en la crisis reciente, los periodistas han soportado agresiones, intolerancia y riesgos personales. 

“La crisis política ha generado una polarización extrema y la población de uno u otro bando exigía con más vehemencia que razón, el tratamiento informativo sea a favor o en contra de un bando determinado. Fue triste y penoso ver que los colegas fueron insultados por el simple hecho de trabajar en un determinado medio de comunicación. Es lamentable que hayan sido interrumpidas las emisiones de Canal 7, como el hecho de que periódicos hayan dejado de circular. La falta de garantías para el trabajo periodístico es una evidencia  clara del deterioro de la democracia”.

La noche de los enfrenamientos en Senkata, relata Del Castillo, “estuve en el lugar y sentí en carne propia el riesgo y temor de estar en un lugar en medio de un enfrentamiento con muertes. Varios periodistas han tenido que ponerse a buen recaudo durante los días de conflicto. Sólo en las lejanas dictaduras se han vivido situaciones parecidas. En el actual proceso de reconstrucción democrática es necesario consolidar el derecho a la libre expresión y a la información sin condicionamientos de ningún tipo”.

No sólo las emisiones de Canal 7 fueron interrumpidas. La planta transmisora para las ciudades de La Paz y El Alto de Unitel sufrió un ataque efectuado por una turba la noche del  9 de noviembre. Por seguridad, Página Siete tuvo que interrumpir sus ediciones impresas, al igual que los matutinos Opinión y Los Tiempos de Cochabamba. 

Ximena Galarza, la periodista que entrevistó al grupo de ingenieros que denunciaron el fraude en las elecciones, fue víctima de amenazas a su vida. 

“Cuando ya estaba lista la entrevista y arrancamos el programa me llegaron amenazas a mi celular: ‘tal ministro ya pagó por tu cabeza’. Llegó otro mensaje, de  alguien muy cercano al exgobierno:  ‘no voy a poder ayudarte, pide seguridad para ti y para el ingeniero’. Ahí dije sigamos, vamos por buen camino, porque si éstos se están asustando y están empezando a amenazar, vale la pena todo lo que nos pueda pasar”, contó la comunicadora al programa Cápsula AM de John Arandia.

Y no fue el único caso. Periodistas de Página Siete, ATB, la red Uno y muchos otros medios recibieron amenazas cuando cumplían su deber en medio de la convulsión.

 

¿Terrorismo?

Para Molina, “se repitió la versión del Gobierno, no una investigación propia, ya que ningún periodista estaba en el lugar y en el momento de los hechos. Pese a ello, los medios aludieron constantemente al ‘atentado dinamitero’ contra Senkata, lo que les permitió hablar de ‘terrorismo’, por ejemplo en la crónica: ‘En 10 días hubo al menos ocho actos terroristas en Bolivia’”.

Peñaranda sostiene que “han derribado una pasarela usando explosivos, esto sí es un acto terrorista, aunque existe una discusión acerca del uso de las palabras. También fue un atentado terrorista  la explosión contra el ducto en Carrasco, impidiendo el flujo de gas, acto que fue responsabilidad de especialistas de YPFB, junto a aparentemente, un grupo de cocaleros”.

“Hay filmaciones en las que se ve humo saliendo desde dentro de la planta. Señalar que sólo fue una revuelta para justificar todo lo que ha pasado en Senkata es un error. Se puede aceptar cualquier tipo de protesta, mejor si no es violenta, pero no dentro de una planta donde hay millones de litros de gasolina y de gas licuado, donde podía haberse producido una tragedia de enormes proporciones”, añade.

Todo esto se tiene que investigar, pero según Raúl Peñaranda, “nos olvidamos que investigar es el papel de la justicia; los periodistas no son ni jueces ni fiscales. Podemos hacer un mejor  trabajo de investigación e información, pero ahora la ciudadanía demanda que jueces y fiscales investiguen qué ha sucedido”.

Recordando la crisis de 2003, Andrés Gómez recuerda que le pasó lo mismo que al MNR en la masacre de El Alto. “Cuando el Gobierno tenía prácticamente todo el respaldo de los medios llamados tradicionales, pero tampoco pudo volcar la realidad. Pasó lo mismo ahora. En 2003, El Alto estaba totalmente bloqueado, pero el Gobierno mostraba normalidad y, como no había normalidad, pues pusieron imágenes de archivo y la gente en El Alto reaccionó porque por supuesto no querían ver medios oficialistas en ese momento, porque además estaba comprobado que se estaba mintiendo. Por eso los medios tienen que sintonizar mucho en las interpretaciones y por supuesto en la construcción de la opinión”. 

El gobierno de Evo Morales, analiza Gómez, pese a haber controlado a través de medios indirectos, como el uso de recursos públicos arbitrariamente en la propaganda para controlar medios, “ha pretendido controlar la realidad, pensando en que controlando los medios iba a controlar la realidad y la opinión pública, pero no fue así”.

En definitiva, los que deben juzgar el trabajo del periodismo boliviano durante esta crisis son los lectores, televidentes y radioescuchas, que son para quienes en definitiva los periodistas hacen su trabajo.

 

 

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