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Una directora y diez columnistas

El autor analiza la frecuencia de palabras que usan diez columnistas y éstas son: “gobierno”, “país”, “Evo”, “Morales”, “presidente” y “poder”.
domingo, 24 de febrero de 2019 · 00:02

Jorge Patiño Sarcinelli Matemático y escritor.

Una de las fortalezas periodísticas de Página Siete son sus páginas de opinión. Periódicos en todo el mundo las tienen en diversos formatos y estilos, pero una combinación de calidad de firmas, mayor llegada a través de la web y sesgo de perspectivas críticas hacen que en este medio dichas páginas hayan adquirido una mayor temperatura política, aunque su impacto en la gran opinión pública sea dudoso.  Al final, las columnas son un ejercicio endogámico entre gentes que piensan parecido. 

Es notable que los lectores le den importancia a lo que son solo opiniones, escritas en primera persona del indicativo “yo creo”, “yo afirmo”. Por ejemplo, cuando un columnista dice que este Gobierno es el más corrupto de la historia, o que la salud o la  educación nunca estuvieron tan mal, lo dice sin casi darse el trabajo de apoyarse en datos o referencias; basta el pedestal de su propio prestigio. Nada es corroborado o cuestionado, pues en Bolivia no se analiza ni se debate.

¿Qué busca entonces el público en esas opiniones tan libres como alegremente emitidas diariamente por los columnistas? No lo sé, pero aventuro algunas hipótesis. 

La primera posibilidad es que la gente lea para informarse, reflexionar o para cambiar de opinión (¡ojalá!). Quizá dos o tres columnistas intenten enseñar algo. Sin embargo, sospecho que la mayor parte de los lectores lee y disfruta las columnas de opinión porque éstas confirman lo que ellos ya creían antes de leerlas. En eso no somos únicos los bolivianos; se sabe que los lectores no solo prefieren medios que defienden sus credos, sino que dentro del periódico leen las noticias y opiniones que los refuerzan. Somos irracionales, pues.

Entre las posibilidades, descarto el placer literario, pues con quizá un par de excepciones, nuestros columnistas escriben llanamente, y según me dicen, muchos de sus textos deben ser corregidos para ser publicables. 

La mayoría va sacando columnas como salen, y si publica antologías es más por la fiesta que por la posteridad. Me incluyo, naturalmente. 

Excepto la directora, quien además se diferencia por expresar no una opinión personal, sino la posición del periódico, somos casi todos los columnistas, los regulares y los de ocasión, diletantes con otras ocupaciones diurnas, voluntarios a los que se nos da por escribir entre tarea y tarea, y que hemos hecho de esas contribuciones misión, vicio o vanidad. 

Evidentemente lo que dije hasta aquí son también opiniones nomás. Nada puedo demostrar, pero quisiera compartir un ejercicio ocioso de análisis cuantitativo de los textos. El término “análisis cuantitativo” impresiona, como si llevara  verdades absolutas. Pero lo que sigue no tiene esa pretensión; es solo un experimento sin duda ampliable y mejorable .

Con ayuda de un programa gratuito, https://voyant-tools.org/, hice un análisis de frecuencia de palabras usadas por diez columnistas y las páginas editoriales. Esta frecuencia no prueba ni desmerece calidad de pensamiento ni de estilo, pero nos dice algo de la riqueza y concentración del vocabulario utilizado y de los temas preferidos por los columnistas. 

Para el ejercicio elegí caprichosamente a diez columnistas: Agustín Echalar, Alfonso Gumucio, Andrés Gómez, Francesco Zaratti, Gonzalo Mendieta, Ilya Fortún, María Galindo, Raúl Peñaranda, Roger Cortez y Wálter I. Vargas. Al limitarme a diez, he dejado fuera a varios dignos de ser analizados, pero me gusta el diez y el tiempo pesa.

Con las columnas publicadas en 2018 y una selección de editoriales del año compuse un documento que permite capturar un perfil aproximado del lenguaje utilizado en las páginas de opinión del periódico. 

Resulta que, quitando las palabras “sin contenido”, como “de”, “que”, “la”, etcétera, las más usadas por columnistas y editoriales fueron: “gobierno”, “país”, “Evo”, “Morales”, “presidente” y “poder”, en este orden. Columnistas difieren en frecuencia, pero en conjunto, o al menos estos diez, están obsesionados con el que sabemos. Aunque lo critiquen, hablan de él más que de nadie.

No sorprende; Página Siete, aunque no esté alineado con ningún partido, es un periódico que recoge las voces de la oposición, lo que en democracia es legítimo. Los columnistas del grupo no esconden que son anti Evo; unos son pro Mesa, otros no. Sin embargo, Evo se irá; en un año o seis no sabemos, pero se irá, y entonces periódico y columnistas tendrán que cambiar de tema. No será un desafío sencillo. 

El análisis de frecuencia de palabras nos da la diversidad de vocabulario de cada uno y el tamaño promedio de sus frases. En el ejercicio he recogido también los “likes” de cada columna. 

Los columnistas con más diversidad de vocabulario son Vargas, Zaratti y Gumucio; los de menor Galindo y Echalar. El que tiene las frases más largas es Cortez. Insisto: esto no dice nada de la calidad de sus columnas. Se puede decir mucho y bien con pocas palabras y frases cortas. 

Si tomamos como referencia el texto consolidado y por curiosidad lo comparamos con El Quijote, las 15 palabras más frecuentes representan un 33,8% del total en los columnistas y 33,5% en El Quijote. De esas 15, coinciden 12. 

No se puede concluir de estas coincidencias que el lenguaje de los columnistas se parezca al de Cervantes, sino que la prosa castellana está hecha de las mismas pequeñas palabras, y las significativas, que hacen el estilo y sentido, aparecen pocas veces.

Las tres columnas con más “likes” en 2018 fueron “Carta abierta a la todavía Ministra de Salud” (2.947) de Galindo, “Solitario desayuno presidencial”  (2.745) de Peñaranda, y “Tu suerte está echada, Evo” (1.876) de Fortún. El columnista de más “likes” en promedio es Peñaranda y,   previsiblemente, la de más “no likes” es Galindo.

Vargas y Mendieta son columnistas de pocos “likes”, pero son los que menos me repiten lo que ya sé. No espero que los lectores compartan mis preferencias, pero si por hábito siguen satisfaciendo su necesidad cotidiana de afirmación leyendo a sus abanderados, vayan de vez en cuando contra la corriente, lean también a quien piensa distinto. No hay mejor tónico para la mente.

 

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