Partidos

Radiografía de la militancia política

El texto analiza el perfil del militante boliviano a partir de criterios como la ideología, la identidad y los intereses.
domingo, 03 de febrero de 2019 · 00:07

Catalina Rodrigo Machicao y Marcelo Arequipa Azurduy Estudiante de Ciencias Políticas y politólogo

Apunte de inicio:  Como ya lo dijo Schattschneider antes, sin partidos la democracia moderna es impensable. Éstos se conforman usando al menos uno de los siguientes criterios: ideología, identidad, intereses.

En orden jerárquico, agregar militantes o simpatizantes por la ideología hoy día no es exitoso, tampoco lo es tanto a partir de la identidad, pero, a partir de los intereses, al parecer, sí tiene más sentido. El desafío, por tanto, es más grande para los sistemas de partidos de hoy en un contexto en el cual, según los análisis, como los de Peter Mair, los ciudadanos votan con menor sentido de coherencia partidista. En nuestro caso se agrega el dilema de que  en Bolivia existe una urgencia de alternativas políticas.

Bajo la concepción de que la política, hoy a nivel de los ciudadanos, es como un gran mercado en el que los intereses son infinitos, primero, es necesario aclarar  que los incentivos ideológicos no son los más determinantes para que alguien decida militar en un partido emergente. 

Segundo, una revisión de la literatura sobre la militancia en los partidos políticos da cuenta de que éstos  no expresan un interés significativo en congregar militantes; de hecho, los partidos tienen como principal foco de trabajo, para existir, el financiamiento público y la posibilidad de acceder a los medios de comunicación con su propaganda.

Un tercer elemento que juega en contra de los militantes es que los líderes de los partidos no tienen una estrategia en la que se corrobore con claridad que  éstos quieren atraer a los ciudadanos a sus organizaciones políticas.

¿Qué son los militantes? De entrada, hay una diferencia entre simpatizante y militante, el primero solamente se limita a apoyar en procesos electorales; mientras que los militantes adquieren derechos y responsabilidades más puntuales en los partidos, y se supone que son fundamentales para la existencia de los partidos en el sistema político.

Para tener más claridad, seguiremos la propuesta de Heidar (2006) y su clasificación de tres tipos de militantes:

1. Individual: aquella militancia en la que una persona se inscribe a algún partido de manera directa y dentro de los requisitos que las leyes establecen para tener la cualidad de militante.

2. Auxiliar: son militantes que engruesan filas de algunos estratos sociales determinados, como jóvenes o jubilados, y sirven para reforzar el apoyo al partido,  también puede traducirse  en que  pertenezcan a algún sindicato.

3. Colectivo: en este tipo, la relación del militante con su organización social  es mucho más importante que aquella que tiene con el partido.

Un apunte adicional: la gente se adhiere también a un partido mediante lo que se conoce como socialización en una organización externa (por ejemplo, un sindicato) porque en el campo en que tienen relaciones formales e informales, con estos actores, les resulta más fácil reclutar militantes y activistas. Lo que vayan a hacer los militantes también depende de variables que hoy son cruciales, como el tiempo libre, los intereses que tienen (en el más amplio sentido de la palabra) y las posibles oportunidades o réditos que puedan obtener.

Dentro de las posibles oportunidades que consigan los militantes, será muy importante para el partido que éste  pueda garantizarles la obtención de al menos alguno de los siguientes objetivos,  para que así  se sumen, y puedan ser, en el futuro: líderes potenciales, miembros del legislativo,  dirigentes territoriales o que lideren alguna de las organizaciones más influyentes en el partido.

En el caso boliviano,  vivimos un proceso político con una militancia que contiene una anomalía de origen, la  que  se traduce en que las primarias no fomenten la competencia interna. La Ley de Organizaciones Políticas establece  que se deben llevarse adelante elecciones  primarias, y  el artículo 29 (III) habla de la presentación de “uno o más binomios”. Los partidos siguieron la vía más corta y vertical de elegir un solo binomio para el proceso del 27E.

En nuestro contexto, no se evidencian incentivos efectivos, más allá de cuestiones coyunturales, para que los ciudadanos se afilien como militantes en algún partido político. De hecho, la izquierda a nivel global tiene hoy un reto importante al respecto, pero ese es otro cuento que de manera paralela nos afecta. 

En el plano internacional, el balance del registro de militantes, según el padrón que se terminó por depurar en el TSE, no es tan negativo en comparación a otros países.

Es notable la diferencia que hay entre países (ver cuadro) con sello liberal democrático, en los que el porcentaje de militantes respecto del universo de electores es reducido, versus países integrantes del antes llamado  Socialismo del Siglo XXI, en los que la diferencia estudiada no es tan pronunciada; es decir, hay más militantes.

Sin embargo, una distorsión que puede generarse es que allí donde el porcentaje de diferencia sea alto esto no se traduciría necesariamente en una lógica de afiliación al partido tan sólo como militante, sino, más bien,  de afiliación como militante, pero, por el líder; esto  sigue generando una debilidad en la posibilidad de construcción institucional del sistema de partidos.

 El principal reto es construir una base de militancia política que no sea confundida con el activismo;  no es lo mismo tener porristas alentando barras bravas cuya presencia sea circunstancial, que gente comprometida y alentadora de espacios de debate en una estructura de partidos. Es sólo a partir de una reflexión que va más allá de una retribución inmediata que se pueden lograr plantear proyectos y cambios verdaderamente productivos. 

Necesitamos llegar a un punto de cierto equilibrio entre relaciones informales y formales de la política. En la última década vivimos una excesiva atención a los grupos informales del sistema de partidos (organizaciones sociales y ciudadanas) pensando que éstas podrían sustituir la representación política, cuando en la posibilidad de conjugar interacciones entre partidos políticos y grupos informales está el verdadero reto para constituir una militancia comprometida con un proyecto concreto.

Por último,  es importante la existencia de individuos que no sólo compartan la visión del determinado partido, sino que estén comprometidos con el trabajo de llevar a cabo esa idea y proyecto de país. Así se empieza a generar liderazgos en diferentes ámbitos.

 Es necesario plantear un bagaje teórico a partir del aporte de aquellos ciudadanos para determinar la dirección de la sociedad. Para ello es importante recordar que no es la cantidad de militantes el principal foco de atención, sino la calidad de militancia que cada uno de los individuos logre proporcionar.

 

 

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