Cobertura

Una irresponsabilidad llamada “Seguro Único de Salud”

“Gratuidad en salud es muy difícil de asegurarla, sobre todo cuando desde las altas autoridades del Ministerio de Salud se ha efectuado más acción política que sanitaria y se ha despilfarrado dineros en otros sectores del desarrollo”, asegura el presidente de la Academia Boliviana de Medicina, Horacio Toro.
domingo, 10 de marzo de 2019 · 00:00

Horacio Toro Ocampo Presidente de la Academia Boliviana de Medicina

En mi calidad de Presidente de la Academia Boliviana de Medicina, me veo en la obligación de mostrar mi posicionamiento frente a un fraude, llamado Sistema Único de Salud, para los bolivianos.

El 20 de febrero del 2019 será identificado como  el “Día de la irresponsabilidad” nacional porque desde el gobierno del MAS se lanza lo que ellos mal denominan “Seguro Único de Salud”. Digo mal llamado único porque no es único, la salud es y seguirá siendo atendida con una gran fragmentación de minisistemas sanitarios, como son las instituciones públicas, de la seguridad social, privadas, filantrópicas, no gubernamentales, religiosas, hasta iniciativas populares y todas ellas con misiones y visiones divergentes.

La irresponsabilidad del Gobierno viene de hace 13 años cuando la cabeza del sector se responsabiliza la cartera de salud  a “médicos-políticos”,  que en su vida profesional sólo estuvieron en contacto con la enseñanza tanatológica, que pasaron 27 años exprimiendo las neuronas para salir  médicos, profesionales que estudiaron fuera del país y que se formaron en un sistema ajeno a la realidad nacional y con mayor formación ideológica que con formación técnica, destreza médica o habilidades de cirugía y mucho menos con sólidos conocimientos de la realidad sanitaria nacional, tan diversa en un Estado Plurinacional.

Esto nos ha llevado a tener un sistema sanitario nacional fallido, incapaz de abatir los indicadores mínimos de calidad del sistema, pues según datos de la misma Organización Panamericana de la Salud (2017),  nuestra esperanza de vida llega a 69,5 años siendo la más baja del área andina y teniendo sólo a Haití por debajo en el continente americano. Con una razón de mortalidad materna de 160 por 100 mil nacidos vivos, cifra que no es real por la gran subnotificación y subregistro de muertes de mujeres a causa del aborto, embarazo, parto o puerperio y que no nos ha permitido el cumplimiento de los Objetivos del Milenio.

Una tasa de mortalidad infantil de 50 por  1.000 nacidos vivos, igualmente únicamente superada por Haití, niños que aún se mueren de diarrea, infecciones respiratorias, desnutrición y causas de mala atención del parto.

 Esto nos muestra ausencia de programas de educación sanitaria, persistencia de factores culturales y antropológicos que afectan la salud de las personas; mala calidad de los servicios de salud, para solucionar in situ problemas relacionados con la reproducción humana; marcado déficit de recursos humanos de salud (médicos, enfermeras); ausencia o debilidad de servicios de apoyo diagnóstico con los que se pueda ofrecer asistencia con seguridad, calidad y ofrecer trato digno a las personas, especialmente en el primer y segundo nivel de atención.

Un sistema de salud con hospitales de segundo nivel sin capacidad resolutiva, siquiera para las emergencias menores, por falta de equipos, insumos y recursos humanos calificados. Hospitales de segundo nivel especializados en la “derivación de pacientes a los hospitales de tercer nivel”, y algunos de ellos, sin embargo, debiendo funcionar como de tercer nivel por ausencia de mayor capacidad en capitales de departamento, impactando negativamente en la salud de los usuarios.

Hospitales de tercer nivel, obsoletos con casi 100 años de vida, con estructuras readecuadas sin normas de ingeniería sanitaria, desprovistos de número suficiente de especialistas; con equipamientos conseguidos por esfuerzo e interés de los colegas  médicos directores de Servicios; desprovistos de los medicamentos e instrumentales mínimos para asegurar calidad de atención y para minimizar los riesgos de infecciones intrahospitalarias.

Una seguridad social con serios problemas administrativos desde los más altos cargos burocráticos y descuido de la calidad de los servicios propios de  las Cajas, dejando a los profesionales de salud con la responsabilidad de  dar solución a las demandas de beneficiarios asegurados en condiciones de pobreza institucional.

Un sistema sanitario con ausencia de investigaciones científicas y de campo que puedan aportar con evidencia científica para retroalimentar a las ausentes políticas nacionales de salud. Estrategias de salud como el SAFCI, que en el papel suenan como una gran estrategia de atención primaria, últimamente sustentada por el  programa Mi  Salud. Con aspectos estratégicos buenos, pero que no dan solución a los grandes problemas que aún tienen las comunidades rurales, periurbanas y urbanas. 

Hemos escuchado en el lanzamiento del SUS a una ministra de salud que se colocó el “mandil blanco ”, símbolo de ciencia, entrega, responsabilidad y compromiso con el derecho a la salud de la población, decir que “hoy hemos dado un gran salto por la salud”, pero en mi opinión en las condiciones que hoy se encuentra el sistema de salud en Bolivia, es un salto al vacío, que puede traer mayores conflictos y rezagos a la salud y bienestar de los bolivianos. 

Gratuidad en salud es muy difícil de asegurarla, sobre todo cuando desde las altas autoridades del Ministerio de Salud se ha efectuado más acción política que sanitaria y se ha despilfarrado dineros en otros sectores del desarrollo.

Un SUS con recursos financieros exiguos que no han cubierto ni cubrirán las necesidades básicas de recursos humanos. De acuerdo a la OPS/OMS Bolivia dispone de 0,8 médicos, 0,5 enfermeras por cada 1.000 habitantes, siendo la norma de al menos tres médicos, cinco enfermeras  por cada 1.000 habitantes. Ello nos señala el gran déficit de recursos humanos en Bolivia. Se dice que en el año 2019 se implementarán 8.000 ítems, nadie sabe dónde, en qué nivel, con médicos generales, especialistas, laboratoristas, farmacéuticos, bioquímicos, técnicos de radiología, etc. 

Para que la población pueda  ser atendida por un sistema único de salud  gratuito, requiere de un compromiso desde la más alta autoridad del Gobierno que es el Presidente, de priorizar la salud y la educación frente a otros sectores como son los de defensa y seguridad; otorgar del PIB al menos el 10%  que hoy día en Bolivia representaría cerca de 4.000 millones de dólares. 

La realidad nos muestra que el presupuesto de salud se encuentra, actualmente,  alrededor de  2.000 millones de dólares correspondiendo a más o menos el 6,1 % del PIB. Para dar gratuidad universal y por cálculos muy estrechos y poder alcanzar el 10% del PIB necesitamos cerca de 1.600 millones de dólares más. Por eso que 200 millones ofrecidos son irrisorios e insuficientes.

Comencé este artículo indicando que el 20 de febrero será denominado el “Día de la irresponsabilidad” porque en la Casa del Pueblo, una ministra de Salud con “mandil blanco” aseguró salud gratuita para “todos y todas”; Médicos que no forman parte del sufrido sistema hospitalario, de la institucionalidad profesional del segundo y primer nivel, aseguraban que “por fin todas y todos” seremos atendidos gratuitamente. Sería muy bueno copiar al hermano país de Brasil y asegurar que todos los que actuamos  como médicos demos una prueba de suficiencia y conocimientos periódicamente para asegurar la calidad de la asistencia médica.  

En todo este período de los 13 largos años de gobierno, muchas autoridades señalaron las falencias de hospitales y servicios de salud, incluso uno de ellos dijo “que no se consideraba perro para ser atendido en la Caja Nacional de Salud y que prefería ser atendido  por su propio hermano”. Sin embargo, se han atrevido a lanzar el SUS sin siquiera haber pisado un centro de salud, hospital de segundo  o tercer nivel para constatar las condiciones en las que los médicos hacen a veces milagros por salvar vidas.

Como órgano académico estaremos atentos al desarrollo de las acciones; haremos seguimiento a las promesas de éxitos diariamente propaladas por los diputados y senadores del MAS que aseguraron “Calidad y Calidez” y eficiencia del sistema. Estén seguros que cobraremos los éxitos propalados por ellos.

Personalmente considero que Bolivia requiere de un sistema universal y gratuito de salud, pero no en las condiciones actuales de “rezago institucional” por infraestructura obsoleta, falta de tecnología, equipamientos e insumos y por carencia de recursos humanos en calidad y cantidad, por eso califico a este proceso como un proceso ideologizado, político y electorizado, lanzado un día antes de conmemorar el triunfo de “Bolivia dijo NO” con la esperanza de atraer más votos para octubre del 2019 .

Como Academia Boliviana de Medicina, como parte de la institucionalidad consciente, y como médicos formados en universidades del Estado boliviano, estaremos atentos a  su implementación y seremos vigilantes del cumplimiento de las promesas de gratuidad y universalidad.

Hoy el Estado plurinacional de Bolivia tiene una gran deuda con las instituciones de salud por incumplimiento de pago a las prestaciones de salud que ellos dieron por acuerdo con el Gobierno y el Ministerio de Salud. ¿Será que parte de los 200 millones servirá para amortiguar la deuda?

Creemos que en las condiciones que el Estado Boliviano ha mantenido a la salud en los últimos 13 años, muy pronto la propia población se dará cuenta de la “falsa promesa”, cuando al llegar a los centros de salud, hospitales municipales de segundo nivel, los hospitales generales de tercer nivel, no reciban la asistencia prometida,  o tengan que seguir asistiendo a horas de la madrugada en busca de fichas y no ser atendidos por falta de especialistas; o porque los servicios no disponen de espacios o no cuentan con los recursos e insumos. 

Como médico boliviano y como Presidente de la Academia Boliviana de Medicina deseo para toda la población un verdadero Sistema Universal de Salud, consensuado con los actores técnicos profesionales de salud, médicos, enfermeras, auxiliares, trabajadores sociales, odontólogos, ingenieros sanitarios, nutricionistas, administradores sanitarios y discutido ampliamente,  con las comunidades y poblaciones en acuerdos traducidos en un “pacto por la salud”, conferencias sanitarias que definan y retroalimenten las políticas nacionales de Salud.

 

 

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